Traducción: Un jesuita en una isla con poca fe

Un jesuita en una isla con poca fe

Nick Miroff
The Washington Post


Traducción: Jéssica de la Portilla Montaño.
Publicado en: Periódico AM de León.

El presidente de Cuba es un comunista educado en academias jesuitas. El Papa es un jesuita que creció yendo a escuelas públicas.

Tomaron caminos divergentes, pero ambos, Raúl Castro, de 84 años de edad, y el Papa Francisco, de 78, son hijos de inmigrantes, criados en la América Latina posterior a la Segunda Guerra Mundial, y hoy comparten un sentido de alarma sobre hacia dónde se dirige este mundo globalizado.

Las denuncias de Francisco sobre el capitalismo liberal y su rol central en la reconciliación de Cuba con los Estados Unidos han complacido tanto a Castro que en mayo declaró que estaba considerando regresar a la Iglesia. Cuando los reporteros rieron, el líder cubano insistió: “Es en serio”.

Ahora dependerá de Francisco hacer uso de esa buena voluntad y obtener algunos objetos de la lista de deseos de la Iglesia en Cuba.

Castro ha dicho que planea acompañar al Papa a través de su visita a la isla, de sábado a martes. Aunque no está listado en su agenda oficial, Francisco probablemente se reúna en privado con Fidel Castro, de 89 años de edad, de acuerdo al Vaticano.

El viaje de Francisco sigue al del Papa Benedicto en 2012 y la visita pionera del Papa Juan Pablo II en 1998. Mucho antes de esos viajes, la Iglesia había abandonado su acercamiento confrontacional a los Castro en favor de una ofensiva a largo plazo más callada para un cambio gradual y un mayor papel en la vida civil. Ambas visitas papales avanzaron hacia esas metas.

Hoy, en ciudades y pueblos a lo largo de toda la isla, la Iglesia católica y otras congregaciones religiosas están asumiendo un creciente papel social donde el empobrecido Estado socialista está cayendo. La Iglesia ofrece clases de inglés y computación, comidas calientes y medicina, y cuidado para los ancianos, discapacitados, abandonados y en libertad condicional.

Pero en otras formas fundamentales, Cuba sigue siendo el País más restrictivo en América para la expresión religiosa. La Iglesia católica no puede operar sus propias escuelas, y está ausente de las ondas de radio controladas por el Estado. Muchas propiedades incautadas durante la cima de las tensiones entre la Iglesia y Castro en los años sesenta permanecen en manos del gobierno.

El Papa llega en una fase crítica en el intento del Partido Comunista para una transición de Cuba a una era post Castro. Un enfermo Fidel Castro ha hecho todo excepto retirarse de la vida pública, y Raúl insiste en que él renunciará en 2018, al final de su presente periodo presidencial de cinco años. El siguiente en la línea para sucederlo es el vicepresidente Miguel Díaz-Canel, de 55 años de edad.

Las sanciones comerciales de una Norteamérica de la era de Kennedy permanecen. La Iglesia se opone a ellas, y se espera que Francisco critique las medidas durante su visita.

“Este es un momento muy complejo en Cuba”, dijo Enrique López Oliva, estudiante de religión en La Habana. “Y Francisco está tratando de insertar a la Iglesia católica en el proceso de cambio del País”.

Como muchos cubanos de su generación, Raúl Castro se preocupa sobre lo que él llama una “pérdida de valores” entre la juventud cubana. A pesar del virtual monopolio del gobierno en los medios, los líderes ven evidencia para su preocupación en la popularidad de la música reggaetón, cargada de sexo, videojuegos violentos y programación televisiva “banal”.

Lamentan la erosión de las costumbres socialistas, pero raramente reconocen el precio infligido por 25 años de austeridad económica y un sistema que deplorablemente pagó empleos estatales que no costean una vida digna. Compromisos morales -hurto, prostitución y corrupción- se volvieron tácticas de supervivencia aceptables para muchos.

Aún así hay pocas señales de que el gobierno esté listo para ceder terreno en asuntos fundamentales como la escolaridad. El aún  fuerte sistema educativo del País juega un papel central en difundir la idea socialista, y es crítico para su visión de una identidad nacional cubana.

“En el pasado, el País tenía un sistema educativo católico separado que produjo estratificación social y élites”, dijo el intelectual católico Lenier González.

Dijo que era más probable que el gobierno cubano continúe permitiéndole a la Iglesia tener un papel educativo que complemente, pero que no compita con la escolaridad.

En ese modelo, la Iglesia puede expandir su papel en educación preescolar, entrenamiento de nivel universitario y clases post escolares que “enseñen los valores de la Iglesia, fe y moralidad”, dijo. Pero un sistema educativo religioso privado y paralelo aún estaría fuera de los límites.

Fidel y Raúl Castro crecieron ambos en semejante sistema. Su padre, un inmigrante español que se volvió un próspero sembrador de caña de azúcar, los envió a internados jesuitas en Santiago de Cuba y posteriormente en La Habana.

Fidel Castro llegó en 1942 al Colegio de Belén, cuando tenía dieciséis años de edad. Hoy es una academia militar.

Asentado en extensos terrenos adyacentes al voluptuoso club nocturno “Tropicana”, mucho del otrora prestigioso campus parece estar en mal estado. Grandes antenas satelitales llenan los techos y torres de vigilancia marcan las entradas.

Tal vez una meta a corto plazo más alcanzable para Francisco, dicen los observadores, sería el permiso para abrir una universidad católica independiente en la isla.

Francisco pagará una visita durante su viaje al centro cultural Padre Varela de La Habana, un ex seminario que todavía funciona como una pequeña universidad de facto. Aproximadamente 90 estudiantes están inscritos en un programa de humanidades y pueden obtener grados de correspondencia a través de universidades afiliadas en Europa.

En años recientes el centro ofreció un programa de entrenamiento en Maestría en Administración de Empresas orientado a emprendedores emergentes de Cuba, y la demanda fue alta. Pero el programa fue controversial para las autoridades cubanas, y ha dejado de operar.

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