Friends, lovers, and the Big Terrible Thing

Friends, lovers and the Big Terrible Thing - Matthew Perry

Es el libro de memorias de Matthew Perry. Matthew Perry es mejor conocido por su papel como Chandler Bing en la sitcom de Friends.

No soy super fan de Friends. Vi las diez temporadas, o la mayoría de la serie, porque repetían los capítulos de forma incansable en Warner Channel. Luego de leer Friends, lovers, and the Big Terrible Thing en el Kindle, tengo ganas de verla. Pero no está en Netflix (bu).

Me gustó este libro. Mucho más que I’m glad my mom died, de Jennette McCurdy. A fin de cuentas ambos son memorias de celebridades de Hollywood. Ambos superaron y siguen luchando contra problemas de salud mental exacerbados por la presión de tener fama internacional. Solo que el libro de Matthew Perry lo leería de nuevo con todo gusto. El de Jennette McCurdy, la verdad es que no. Tal vez sea por el tema del libro que me hizo enfadar tanto. Y como que no le agarré mucho a su sentido del humor a pesar de que me gusta el humor negro.

En cambio, Friends, lovers, and the Big Terrible Thing me hizo llorar y reír de forma indistinta. Me identifiqué con la ausencia paterna, la soledad, el sentido de incomodidad permanente. Y encontré por lo menos dos frases digas de memorizar:

¿Disculpa? ¿Fuiste a caminar y dejaste de beber? He gastado más de $7 millones tratando de estar sobrio.

-Matthew Perry.

Un coma de catorce días hace muy simple dejar de fumar.

-Matthew Perry.

Es un libro bastante crudo pero muy divertido.

Un sentido del humor sumamente inteligente. Lo más seguro es que pronto lo leeré de nuevo y me seguiré riendo igual que la primera vez. Muy recomendable. Lo leí en inglés, sin grandes complicaciones por el vocabulario y con la ventaja de que puedes subrayar las palabras en el Kindle para una traducción inmediata.

Y voy a buscar todas las películas de Matthew Perry que estén en Netflix. Y sí, claro que tengo ganas de ver Friends de nuevo.

I’m glad my mom died

I'm glad my mom died

I’m glad my mom died

Jennette McCurdy

Nunca me gustó iCarly. Mucho menos Sam & Cat. He visto un par de capítulos de cada serie, y eso porque a mi hija le gusta Victorious. Las pocas veces que llegué a ver algún fragmento de estos programas, sentí especial repulsión por el personaje de Sam Puckett, interpretado por Jennette McCurdy.
Supongo que por eso me sorprendió aún más mi propia reacción al saber que Jennette McCurdy lanzaría I’m glad my mom died, su libro de memorias. No soy de las que opinan que un libro de memorias antes de los 30 años de edad resulta prematuro. Pero me causó especial shock saber que ella ni siquiera quería ser actriz. ¿Es en serio? Y que, además, decidió renunciar a la actuación porque le avergonzaban los papeles que representó, como el de la odiosa Sam Puckett.
De inmediato chequé el costo del libro en preventa: unos seiscientos pesos mexicanos. Más costos de envío y/o importación.

Decidí esperar a que I’m glad my mom died fuera vendido a través de Amazon.

Prácticamente no hay nada que no se venda a través de Amazon.
Cuando por fin llegó el día, zas: agotado en Amazon en menos de 24 horas. Best-seller mundial. Primera edición vendida. Podía comprarlo y esperar más o menos seis semanas a que por fin llegara a mis manos.
Compré I’m glad my mom died en Amazon junto a A course of miracles, de Foundation for Inner Peace.
Es una canalización del Maestro Ascendido Jesús el Cristo realizada por Helen Schucman. Hace muuucho que leí sobre este libro en la página de Karina Malpica, y me sorprendió tanto verlo en la biblioteca de una de las amigas de la familia. A la siguiente vez que visitamos su casa me atreví a pedirlo prestado. Con la cantidad de libros que mi esposo tiene, resulta un poco ridículo pedir un libro prestado.
Comencé a leer A course of miracles, y zas: las hojas del libro fueron impresas en papel cebolla. O en algún papel más frágil y delgado que el papel cebolla. Y como trae un libro de ejercicios para cada día del año, iba a tardar por lo menos 365 días en regresarlo. Y si lo regresaba dañado, me iba a endrogar de por vida con esta amiga.
Me resultó menos cargo de conciencia pedirlo en Amazon, en edición de bolsillo y en inglés para ahorrar un par de pesos. De hecho me ha gustado más en inglés, porque el texto es muy complicado y así no me entretengo con el ritmo del lenguaje en español.

Pero mi libro de I’m glad my mom died… jamás llegó.

Un día cualquiera vi que tenía correos de Amazon: mi ejemplar se perdió. ¿Cómo? Nunca antes tuve un problema con Amazon. Tampoco es que compre ahí muy seguido, pero me pareció bastante ridículo que (según) me hayan enviado mi copia, y justo se pierde. ¿Será que anda rondando en algún tianguis de León donde será vendido por máximo 20 pesos?
Un buen amigo me obsequió un Kindle (¡gracias!). Retomamos contacto precisamente porque subí a mis historias de Instagram que compré el libro de Amazon, mucho antes de saber que iba a perderse, jajaja. Como vi que ambos seguimos a Jennette McCurdy, le pregunté si compró el libro y dijo que hay cosas más interesantes que leer.
Y sí, estoy de acuerdo. El fin de semana otro amigo (no digo nombres para no meterlo en líos) se aseguró -no diré cómo- de que yo pudiera leer el dichoso libro que Amazon me perdió.
Lo terminé el lunes por la mañana, y me arrepentí de haberme desvelado leyéndolo porque a fin de cuentas tengo suficiente tiempo para leer en el día. Pero ya me acostumbré a leer noticias tontas de Google, noticias sobre el subforo AITA (Am I the Asshole?) de Reddit -ni siquiera entro a Reddit-, columnas del corazón tipo Dear Amy, Dear Abby, Ask Dr. Nerdlove, etc.
Entre algunos cambios que estoy haciendo en mi vida está el retomar la lectura, porque en la Escuela de Escritores me quitaron las ganas de leer por gusto. Y, paradógicamente, vivir en una biblioteca también, porque hay tantos libros que nunca sé qué quiero leer.

Algo que no me gusta sobre leer en inglés es el formato.

Los diálogos no van con guion largo, sino entre comillas. Usan menos comas, y me encantan las comas. Es probable que ni siquiera conozcan el punto y coma, jaja. El lenguaje no me causa gran conflicto, aun si no conozco la palabra deduzco por contexto en vez de detenerme a traducir. (Por eso me estresa tanto jugar Wordle en inglés.)
El libro I’m glad my mom died es bueno. Alabado a nivel global. Jennette McCurdy acaba de ser nombrada entre las 100 personas de la revista Time más influyentes del año.
Es un buen libro. A secas. No volvería a leerlo. Como biografía está bien, pero nada más. Ahora que lo leí, me alegro de que Amazon me haya reembolsado el dinero.
No quiero menospreciar la lucha de una superviviente de abuso en la infancia. No dudo que sus experiencias hayan sido tan crudas como las narra.
Tal vez sea que yo entendí el humor de I’m glad my mom died, así como tampoco entendí el atractivo de Sam Puckett. Y eso que he tenido que dejar el humor negro porque nadie aquí lo comprende.

Me alegra mucho el éxito de que ahora disfruta Jennette McCurdy.

A mí no me da gusto que su madre esté muerta porque la señora merece leer la cantidad de monstruosidades que le hizo a su propia familia.
Lo que sí diré es que I’m glad my mom died me ha hecho reconsiderar algunas de mis actitudes como madre.
¿Ser amiga de mi hija?, siempre he estado en contra de ello. Ahora, más.
¿Seguir llamando Bebé a mi hija?, así le digo a mi esposo jajaj, pero trataré de quitármelo.
¿Llevar a mi hija a clases de Ballet, de piano, de algo que en realidad no le interesa?, mejor que siga dibujando tan bien como lo hace.
¿Mandar las fotos de mi hija a una agencia de modelaje? Lo pensé desde que nació, pero ahora queda descartado por completo. También descarto el decirle a mi primo hermano, quien vive en California, que por qué no lleva a mi guapo sobrino a un casting para ser actor de tele o de cine.
Así que dejaré que mi niña siga siendo niña todo el tiempo que quiera. He leído sobre los “papás helicóptero” y eso, y aunque no está de más proteger a tus seres queridos en tiempos de feminicidio, tampoco me interesa dictar su vida ni que le interese lo que a mí me interesa. Si no va a ser bailarina, concertista, gimnasta, dibujante… ¿qué más da?

Soñar contigo

Soñar contigo

Soñar contigo es inútil.

Soñar contigo es intrascendente.

Porque al soñarte vuelvo a sentirte, y vivirte de nuevo no me hace el mayor bien.

¿De qué me sirve tenerte un instante si tu compañía se irá mañana? Prefiero recordarte cuando estoy despierta, dejar que mis ojos desborden por tu ausencia, y percibirte en cada latido, en cada bocanada de aire que le robo al planeta. ¿Acaso dejaré de lamentarte si llevo a cabo mis fantasías de fuga eterna? Lo dudo, pues entonces serían otros quienes sueñen conmigo por siempre. Se verán obligados a gastar sus ahorros para discutirme con un terapeuta.

Soñar contigo no cuesta. Al menos no monetariamente. Pero es un lujo que no debo permitirme, porque vuelvo a estar triste cuando me encuentro con tu almohada vacía. Tu cobija intacta que ya no huele a ti.

Hace tiempo que prefiero el mundo real. Aún sueño despierta, pero soñar contigo no tiene caso porque te fuiste a un lugar del que no podrías regresar ni por más que quisieras.

Ojalá poseyera alguna chispa de magia. Que hubiera algún curso de milagros para aparecerte de la nada. Si tan solo hubiera tenido de esas manos que curan…

Hoy soñé contigo. Tenía que hacerte pasar a través de un agujero en el suelo, pero mis brazos no aguantaron tu peso y te dejé caer. Y moriste. Moriste otra vez. Tenías el mismo rostro congelado de cuando bajaron el cierre de tu bolsa negra.

Desperté a las 3 de la mañana y ahora no puedo dormir. A veces prefiero no hacerlo. Sí que lo intenté, más melatonina disolviéndose en mi lengua, pero la idea de tu segunda muerte se quedó en mi cabeza para atormentarme. Ya no quiero sufrirte. Tampoco quiero atarte a un plano al cual pertenecías.

Descansa pronto en paz.

Gaslighting

gaslighting

Gaslighting

Soy el paraguas de Britney. La Reina Isabel hace pocos días. Julian Lennon quejándose de John. Paul McCartney destruyendo Beatles. Una Yoko más para incontables odiadores.

Estoy triste.

Estar deprimida sería chantaje.

Gaslighting. Los otros afirman que es mentira. Psicólogos, adivinos y médicos. Tanatólogos que dictan sentimientos ajenos.

La Ministra de Inglaterra comenzó labores apenas dos días antes de la muerte de Isabel. La última foto mostraba de pie a la Reina. Con bastón, pero bien plantada en la Tierra.

Y lloré. Sería chantajista quejarme de estrés.

Gaslighting. Tuve que decir que lloré por la Reina.

Me vi obligada a discutir la historia sin fin otra vez. Dije no, no, no quiero, ahorita no. Contigo no en este momento.

¿De cuántas formas se ruega el respeto?

“Si a tu edad necesitas terapia”… Indícame entonces cómo procesar un duelo.

Llegó una tarde feliz de sushi. Enfermó de covid. Con el coronavirus se fue hace mes y medio. Un médico me recordó que el duelo dura seis meses.

No quiero sertralina recetada para dormir. No sufro anhedonia ni me falta libido.

Prefiero desahogarme con Amélie, Vaselina o El gran pez. Pero muerdo mi lengua para no irme tras La Nada cuando me patean estando ya en posición fetal.

El dolorcito de pecho es gaslighting. Eres tan gaslighting. ¿No entiendo por qué es tan sensible alguien que predice muertes?

Me consuela la fantasía de que me lleve La Nada. Me dio risa Cúneo brindando con champaña. Pero hace mes y medio fallecieron Lupita, mi tío Rafael Canseco, mi tía Miriam Rojas, y la otra abuela de mi hija. Solo le queda una, y su abuelo paterno.

¿Cómo se “elabora” un duelo? ¿Transitas pasivamente por negación, culpa, enojo y todo eso?

Ay, ay. Pobrecita víctima. Cumple tus labores diarias. Mejor ni menciones lo que no se habla.

El peor año

El peor año

El peor año: 2022

El consenso general es que el año 2020 fue el peor año.

Yo digo que no. El peor año de todos, hasta ahora, es el actual. 2022.

En 2020, debido a la inesperada aparición del estúpido coronavirus Covid-19, fallecieron cantidad de personas a nivel mundial.

La OMS por fin se dio el lujo de declarar una pandemia, misma estrategia que intentó fallidamente luego de la aparición de la influenza AH1-N1 por allá de 2008. En lo personal sí conocí gente con dicha influenza que relata historias de horror, pero sigue aquí.

2020 fue el caos total. Sin vacunas, mandato de encerrarnos durante al menos dos semanas (que fueron 3 meses) en casa, aunque uno tenga que salir por leche y tortillas, etc.

Y luego comenzaron las muertes.

Me enteré del fallecimiento de Omar Mariscal Rodríguez por un grupo de WhatsApp. No conviví con él excepto una vez que (creo) fuimos al cine (yo de chaperona) a ver Sexo, pudor y lágrimas.

Se perdió el contacto porque él era de los populares, “parte fundamental de nuestra generación”, mientras yo era no de las impopulares sino de lo que le siga p’abajo. Fue triste saber de la muerte de alguien con quien conviví, no mucho debido a las circunstancias, pero sí que fuera de mi edad y que dejó hijos.

Creo que después fue Eleuterio García. Tengo medio borrada la secuencia de los hechos de aquel entonces. Tenía poco de haberme contactado, fue uno de mis amigos en uno de mis primeros despachos de seguros. La pasamos bien, cotorreando, yendo al billar con toda la banda. De mis mejores épocas.

Me contactó, intercambiamos un par de palabras, y luego me enteré por mi mamá, que había retomado también contacto laboral, que se fue dejando un hijo. Creo que era un año más chico que yo.

Y los tíos políticos.

Como no tuve padre, porque el sujeto estuvo ocupado, mi familia paterna fueron los Montalvo. Mi tía Tere se casó con Miguel. Y estuve en innumerables ocasiones en las fiestas de los Montalvo, quienes siempre me trataron de lo mejor.

No recuerdo si primero fue el tío Gil, hermano de mi tío Miguel. Hasta aquí no había vacunas, ni para Omar ni para Eleuterio, ni para la familia de mi tío. Gil falleció luego de un mes “sin cuidarse” una pulmonía, y eso de “cuidarse” entre comillas porque uno tiene que trabajar.

Fue algo muy triste porque lo internaron en no sé qué “hospital boutique”, y definitivamente lo tuvieron vivo con nuevos tratamientos de los cuales mi prima Alexa nos iba contando. Cada día hospitalizado eran al menos cien mil pesos a la cuenta. Falleció mi tío Gil, la deuda quedó en cinco millones de pesos, y no supe más.

El peor año… ¿Casualidad?

Y luego mi tío Lalo Resillas, también por covid antes de las vacunas. Aquí fue que un día antes de su fallecimiento, y del de Gil, me senté a pintar cosas horribles con acuarelas, y días después llegó la mala noticia. No he vuelto a tocar pinturas.

Además, no recuerdo si sobre Gil o Lalo, pero le dije a mi mamá que iba a morir. Y así fue.

¡Y llegaron las vacunas!, diría la Peliteñida.

Todos con tres dosis, y todos felices. Mi hija con una dosis por ser pequeña, y el gobierno nos hizo el favor de vacunarla con una organización de la mierda. Sospecho que me contagié en la vacuna de mi hija, en mi vida vi tanta gente hacinada.

Llegó mi mamá con mi abuela a vivir a León. La intención era ayudarlas, ya que ella no puede atenderla sola. Duró un mes aquí. Vi claramente las señales de que ya se iba (dormir mucho, no comer, etc), amén que las cartas me dijeron que pasaría luego del cumpleaños de Aranza. Pasó luego del cumpleaños de la mejor amiga de Aranza.

Vino un médico internista que Dios lo perdone. Dijo que ya estaba terminal, que no la hospitarizáramos, etc. Jamás se le ocurrió descartarle covid. Mi abuela se quedó dormida un jueves, el viernes vino el farsante este, sábado mi esposo e hija se fueron a la fiesta de Sofi, y mi mamá y yo no hicimos más que estar ahí, leyendo textos de Allan Kardec sobre el desprendimiento del alma del cuerpo físico, y oraciones. Se la llevaron el lunes, todavía dormida, con baja oxigenación. En el hospital nos dijeron que era covid. Pasó su última semana aislada y dormida.

El lunes 25 de julio.

El Hospital Regional 58 llama a mi mamá, que fuéramos por unos informes. El informe era que mi abuela falleció a eso de las 10 de la mañana. Y una mierda: prefiero que me digan por teléfono que mi familiar ya falleció, a llegar corriendo con falsas esperanzas (primero nos dijeron que estaba estable y que ya la darían de alta, pero ahora vemos que estas mentiras son parte de protocolo).

Hablarle a la funeraria, papeles, trámites. Lo más terrible fue cuando reconocí el cuerpo y toqué brevemente su lunar izquierdo, la piel helada, su carita congelada. La carroza se la llevó directo a cremación.

El viernes 29 de julio, 4 días después del fallecimiento de mi abuela, se fue mi tío Rafa. Fue parte fundamental de mi infancia. Era el esposo de mi tía Chivis, la sobrina favorita de mi abuela.

Tengo muy borrado el casete de lo que ha sucedido en este último mes.

Pero la mamá de mi esposo falleció el lunes 8 o martes 9 de agosto. Y mi tía Miriam un par de días después.

Creo que ya ni siquiera fueron 4 fallecimientos en la familia durante 19 días. Creo que fueron 16 días o así. Seguramente conté mal todo. No sé ni en qué día estoy. Pero a ver quién tiene las agallas para decir que este no fue el peor año siendo que tuve 4 fallecimientos cercanos, que recién falleció el papá de mi amiga Mariné, y que ya no supe quién más falleció del círculo de mi mamá.

Termino este artículo con ninguna recomendación de ni madres. Cuidarse, quererse, aprovechar el tiempo… Bla bla bla. Sigo buscando un motivo para que haya habido cuatro fallecimientos en tan poco tiempo. Si las casualidades existieran, entonces la magia y la ciencia no servirían de absolutamente nada.

¿Cómo pudo ser malo el año 2020, inicio del covid-19, cuando todavía no había vacunas? ¿Cómo pudo ser “peor” que 2022, cuando todos teníamos nuestras vacunas en regla? ¿Los muertos son un parámetro confiable?

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