Mamá abuela Lupe

mamá abuela Lupe

Mamá abuela Lupe

Mi mamá abuela Lupe falleció hace dos semanas y un día.
No sé por qué escribo “abuela Lupe” si fue mi única abuela.
Y más que mi abuela, fue mi mamá.

Fui muy afortunada porque no tengo padre ni crecí con hermanos. Pero no tuve dos mamás sino muchas, muchísimas. Algunas temporales, otras recurrentes, pero se podría decir que fueron seis en total.
Blanca, mi mamá biológica, que por carácter y edad más bien ha tratado de ser mi amiga.
Mi madrina Ana, que vivía en el edificio de enfrente y con quien pasé muchas tardes jugando Super Mario Bros y viendo Vaselina con mis primas.
Mi tía Teresa, hermana de mi mamá, que incluso logró que yo me tragara un plato de sopa de cebolla.
Araceli, la vecina a dos departamentos de distancia. Ella y su hermano Carlos cargaron conmigo cantidad de vacaciones y fines de semana a lugares como Tlacotepec y Teotihuacán.
Mariné, amiga de mi mamá, que es parte de mis primeros recuerdos. Era una aventura viajar en Metro para visitarla.
Y mi mamá abuela. Fue más mamá mía que de sus hijas, porque cuando fue madre trabajó en una fábrica para mantenerlas. Y cuando mi mamá fue madre, sacó a mi abuela de trabajar para que me cuidara.

Mamá abuela Guadalupe Romo Moreno, “doña Lupita”, QEPD.

Mi mamá abuela de tiempo completo se fue este lunes 25 de julio de 2022, a eso de las 10:30 de la mañana.

Fui la última persona que la vio justo antes de ser subida a la carroza de la funeraria. Había que reconocer el cuerpo, y mi mamá Blanca me pidió que yo lo hiciera. Las señoritas del servicio social dijeron que no, que a mí quién me iba a acompañar…
La sacaron del hospital en una camilla. No recuerdo si estaba cubierta con una sábana, o la metieron en una bolsa. Le descubrieron el rostro y ahí estaba su lunar de la mejilla izquierda, los ojos apenas abiertos al igual que su boca. Toqué su piel fría solamente un instante, dije que sí era ella y la subieron en la carroza directo a cremar. Ya había visto el cadáver de mi tío abuelo Chucho en 2006, congelado en el féretro. Pero esta era mi mamá abuela…
Algunas horas después mi abuela ya estaba de regreso en mi casa, dentro de una cajita blanca con una imagen de la Virgen de Guadalupe. No hicimos velación porque solo estuvo un mes en León. El rosario se llevó a cabo por transmisión en vivo de Facebook, con la invaluable ayuda de mis vecinas Rosita y la señora Eva, quienes también fueron mis testigos de boda.

Leí que la diferencia entre depresión y duelo es que la depresión es continua.

Todo el tiempo sientes desesperanza, que nadie te ama, ganas de desaparecer. Esa parte ya la tengo casi dominada jajaja; por mi trabajo de lectura de cartas solo me siento así cuando alguien se va a morir y no sé ni quién.
El duelo viene en oleadas. Estás normal, riendo con Community para compensar la mala época. De pronto te acuerdas de que tu mamá abuela fue la persona más buena del mundo, y lloras. Tu hija de siete años te mira, te abraza, tomas un Kleenex y sigues con tu vida.
Mi abuela era adicta a los Kleenex. Compraba cajas de cajas. En su ropero del departamento de la San Rafael tenía como 30 cajas de Kleenex en cualquier momento dado. Por supuesto que le hacíamos burla.
Antes de la demencia, Alzheimer, o la chingada mierda que le dio, se vestía con pantalón y blusita a juego, color café o palo de rosa o blanco. Se pintaba los labios de naranja o de rosa. Cabello corto, con o sin base. Y se reía con ganas pero de forma discreta, como si la misma risa le impidiera decir más.

Cuatro días después me escribió mi prima Lety:
“¿Supiste que tía Lupe se llevó a tío Rafa?”. Cuatro días después de mi abuela, falleció el esposo de mi tía Chivis, la sobrina favorita de mi abuela.
Y actualmente también hay una situación muy muy fea con otra parte de la familia.

Este año ha sido peor que en 2020, donde por lo menos no había vacunas.

Mi ex psicólogo Luis Fernando Flores dijo que habría muchísimas muertes debido al portal 6 de junio o 7 de julio, no recuerdo.
Cada año le hemos preguntado a las cartas si este será cuando mi abuela se despida, y le dije claramente a mi mamá que sucedería luego del cumpleaños de Aranza, y no quise preguntar más. Pues bien: a mi abuelita la desahuciaron un día antes del cumpleaños de la mejor amiga de Aranza.

Luego hablaré de la culpabilidad de no haber estado al 100% incluso en la misma casa. Solo sé que gracias a mi abuela soy esta persona, tal vez una mierda total, pero que mínimo se esfuerza (o se hace güey) tratando de corregir sus faltas.
Es un cliché decir que ahora un ángel me acompaña, pero se han caído cosas y desconectado electrodomésticos totalmente de la nada. No tengo miedo. Me impresionaría, pero sería inmensamente feliz si pudiera ver a mi mamá abuela no solo en mi mente sino en la vida real, como Melinda Gordon en Almas Perdidas. Le pediría perdón por todo, como hice el fin de semana que nos quedamos a solas con ella antes de internarla.

El tiempo no se puede regresar.

Pero mi abuela sabe que la extrañamos aunque está aquí, sabe que mi mamá dio todo lo humanamente posible por ella aunque ahora se ahogue en los pagos de tarjetas. Mi abuela sabe que Héctor es el hijo que nunca tuvo y nos hubiera encantado tenerlas aquí desde que mamá se jubiló. Aranza ha sido la más estoica, tal vez por su edad y su inocencia.

Honestamente NO veo la ventaja en que nuestra esperanza de vida haya aumentado tanto si vas a vivir con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, Parkinson, Demencia, sin reconocer a las personas que te cuidan diario.
El sentido de la vida es amar, pero está mejor el Candy Crush Saga. Todos son peleas por una estúpida herencia a la cual no pusiste un peso. Te afecta lo que no comes, criticas gente que ya no te habla, tus niños son criados por Youtube y a tus ancianos les pones los bailes de las estrellas en Venga la Alegría o en Hoy.
Este mes pude haber detenido mi vida, dejar el ejercicio y la comida, pintar las uñas de casi un siglo de antigüedad y contarle historias de la familia que la hicieran feliz. Pero no lo hice.
Y muchas otras cosas que no hice durante 31 años que viví con ella.

Estas dos semanas y un día estuve haciéndome pendeja.

Solo iba a copiar y pegar lo que escribí en Facebook cuando mi abuela se fue. Pero ella merece mucho más. Merece una biografía novelada enciclopédica ilustrada, merece un Wikipedia sobre su vida, merece tanto que no basta con un texto donde le digas que la amas si tal vez jamás se lo demostraste de una forma en que ella te entendiera, y no como tú según podías expresarlo.

En fin. Veamos qué mierda nos depara el resto de 2022, con todo y sus estúpidas vacunas.

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