Traducción: Homo naledi, fósil más conocido

Homo naledi, fósil más conocido

John Noble Wilford
New York Times


Traducción: Jéssica de la Portilla Montaño.

Publicado en: Periódico AM de León.

Siguiendo una pista de espeleólogos dos años atrás, científicos en África del Sur descubrieron lo que los espeleólogos sólo habían vislumbrado tenuemente a través de una grieta en una pared de piedra caliza al fondo de la cueva Rising Star: montones y montones de huesos viejos.

Los restos cubrieron la puerta de barro más allá de la estrecha abertura. Esto era, concluyeron los científicos, una larga, oscura cámara para los muertos de una especie no identificada previamente de principios del linaje humano -Homo naledi.

La nueva especie de homínidos fue anunciada el jueves por un equipo internacional de más de 60 científicos liderados por Lee R. Berger, un paleoantropólogo norteamericano que es profesor de Estudio de la evolución humana en la Universidad de Witwatersrand en Johanesburgo. El nombre de la especie, Homo naledi, se refiere a la cueva donde los huesos yacieron tranquilos durante tanto tiempo; “naledi” significa “estrella” en la lengua local Sesotho.

En dos documentos publicados esta semana en la revista de libre acceso eLife, los investigadores dijeron que los más de mil 550 elementos fósiles que documentan el descubrimiento constituyeron la mayor muestra para cualquier especie de homínido en un solo sitio de África, y uno de los más grandes en cualquier otra parte del mundo. Adicionalmente, dijeron los científicos, la muestra es probablemente una pequeña fracción de los fósiles que aún deben ser rescatados de la cámara. Hasta ahora, el equipo ha rescatado partes de al menos 15 individuos.

“Con casi cada hueso en el cuerpo representado múltiples veces, Homo naledi prácticamente ya es el miembro fósil mejor conocido de nuestro linaje”, dijo Berger.

El descubrimiento, como muchos otros en la ciencia, fue resultado de mera suerte seguida de considerable esfuerzo.

Dos espeolólogos locales, Rick Hunter y Steven Tucker, encontraron la estrecha entrada a la cámara, que mide no más de 19 centímetros de ancho. Eran lo suficientemente delgados para deslizarse dentro, y con la luz en sus lámparas para cabeza vieron todos los huesos alrededor de ellos. Cuando mostraron las fotografías de los fósiles a Pedro Boshoff, un espeolólogo que también es geólogo, él alertó a Berger, quien organizó una investigación.

Tan sólo entrar a la cámara y sacar muestras resultó ser un gran desafío. La estrecha abertura era el único camino al interior. Paul Dirks, geólogo en la Universidad James Cook en Australia, quien fue el autor principal del documento de la revista que describe la cámara, dijo que los investigadores primero subieron por un empinado bloque de piedra llamado La Espalda del Dragón y luego descendieron al pasaje de entrada -todo esto en la ausencia total de luz natural.

Para las dos investigaciones ampliadas en la cámara en 2013 y 2014, Berger reunió al equipo internacional de científicos y luego reclutó a seis científicos de excavación a través de la noticias en redes sociales. Un requisito especial: tenían que ser lo suficientemente esbeltos para arrastrarse a través de la grieta en la pared.

Una de los seis, quienes eran todas mujeres y se les llamó “astronautas subterráneas”, fue Marina Elliott, de la Universidad Simon Fraser en Columbia Británica. Dijo que la colección y la remoción de fósiles involucraba “algunas de las condiciones más difíciles y peligrosas jamás encontradas en la búsqueda de los orígenes humanos”.

Además de la introducción de un nuevo miembro a la familia prehumana, el descubrimiento sugiere que algunos homínidos tempranos depositaban intencionalmente los cuerpos de sus muertos en la cámara de una cueva remota y en gran parte inaccesible, un comportamiento previamente considerado limitado a los humanos modernos. Algunos de los científicos se refirieron a la práctica como un tratamiento ritualizado de sus muertos, pero por “ritual” dijeron que querían decir una práctica deliberada y repetida, no necesariamente un tipo de rito religioso.

“Es muy, muy fascinante”, dijo Ian Tattersall, una autoridad en evolución humana en el Museo Norteamericano de Historia Natural en Nueva York, quien no estuvo involucrado en la investigación. “No hay duda de que hay al menos una nueva especie aquí”, agregó, “pero tal vez haya un debate sobre la designación Homo, aunque la especie es bastante distinta de todo lo que hemos visto”.

Un colega de Tattersall del museo, Eric Delson, quien es profesor en el Lehman College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, también estaba impresionado, diciendo: “¡Berger lo hace de nuevo!”.

Delson se refería al anterior descubrimiento de encabezados de Berger, publicado en 2010, que también involucraba depósitos de cuevas cerca de Johanesburgo. Encontró muchos menos fósiles aquella vez, pero los suficientes para concluir que estaba buscando una nueva especie, que él llamó Australopithecus sediba. Los geólogos dijeron que los individuos vivieron entre 1.78 millones y 1.95 millones de años atrás, cuando los Australopitecinos y otras especies tempranas de Homo fueron contemporáneas.

Los investigadores que analizan los fósiles de Homo naledi aún no han determinado su edad, la cual es difícil de medir debido a los embrollados sedimentos de la cámara y la ausencia de otros restos de fauna cercanos. Parte de su primitiva anatomía, como un cerebro no mayor que una naranja promedio, dijo Berger, indicaba que la especie evolucionó cerca o en la raíz del género Homo, lo cual significa que cuando mucho debe tener entre 2.5 millones y 2.8 millones de años de edad. Los geólogos piensan que la cueva no tiene más de 3 millones de años.

El trabajo de campo y los dos años de análisis para el descubrimiento más reciente de Berger fueron respaldados por la Universidad de Witwatersrand, la National Geographic Society y el Departamento de Ciencia y Tecnología / Fundación Nacional de Investigación de África del Sur. Además de los artículos de revistas, los descubrimientos serán presentados en el ejemplar de octubre de la revista National Geographic y en el documental de dos horas de NOVA/National Geographic que se transmitirá el miécoles en PBS.

Los científicos en el equipo de descubrimiento y aquellos de involucrados en la investigación hicieron notar el mosaico de características anatómicas contrastantes, incluyendo mandíbulas con apariencia más moderna y dientes y pies, que garantizan el lugar del homínido como especie en el género Homo, no Australopithecus, el género que incluye la famosa especie Lucy que vivió 3.2 millones de años atrás. Las manos de los especímenes recién descubiertos recordaron a algunos científicos los primeros especímenes previamente identificados de Homo habilis, los cuales aparentemente se encontraban entre los primeros fabricantes de herramientas.

En una rueda de prensa el miércoles pasado, John Hawks, de la Universidad de Wisconsin, Madison, un autor principal del documento que describe la nueva especie, dijo que era “distinta a cualquier otra especie vista antes”, haciendo notar que el pequeño cráneo con un cerebro del tercio de tamaño de una caja craneana humana moderna estaba posado en lo alto de un cuerpo muy delgado. Un Homo naledi promedio tenía 152 centímetros de estatura y pesaba casi 45 kilogramos, dijo.

Tracy Kivell, de la Universidad de Kent, en Inglaterra, compañero del equipo de Berger, fue alcanzado por los “dedos extremadamente curvos (del Homo naledi), más curvos que en casi cualquier otra especie de homínidos tempranos, que claramente demuestran habilidades para escalar”.

William Harcourt-Smith, del Lehman College, otro investigador en el Museo de Historia Natural, lideró el análisis de los pies de la nueva especie, que él dijo son “virtualmente indistinguibles de los pies de los hombres modernos”. Esos pies, combinados con sus largas piernas, sugieren que el Homo naledi estaba bien adecuado para caminar largas distancias en posición vertical, dijo Harcourt-Smith.

En un comentario adicional en la revista, Chris Stringer, paleoantropólogo en el Museo de Historia Natural de Londres, encontró similitudes totales entre la nueva especie y fósiles de Dmanisi, en la ex república soviética de Georgia, que datan de hace 1.8 millones de años. Los especímenes georgianos son usualmente asignados a una variedad temprana del Homo erectus.

Queda mucho por descubrir en la cueva Rising Star, como determinar las edades de los fósiles y la posición evolutiva del Homo naledi en el género Homo y en el árbol familiar humano. La cámara del descubrimiento no ha renunciado a todos sus secretos. “Aún hay potencialmente cientos, si no miles de restos del Homo naledi ahí”, dijo Berger.

En la rueda de prensa en África del Sur el jueves pasado para anunciar los descubrimientos, Berger dijo: “Yo creo que el campo de la paleoantropología se había convencido a sí mismo, hace tanto como 15 años atrás, que habíamos encontrado todo, que no íbamos a hacer grandes descubrimientos y descubrir esta historia de nuestros orígenes. Pienso que mucha gente renunció a explorar, pensó que era más seguro hacer ciencia dentro de un laboratorio o detrás de una computadora”.

Lo que la nueva especie Naledi dice, concluyó Berger, “es que no hay sustituto para la exploración”.

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