Tercero en discordia

Tercero en discordia - Jéssica de la Portilla Montaño.

TERCERO EN DISCORDIA

 
Me escapé varias veces a la hora de la comida para ver al escritor. También los fines de semana que enfadé a propósito al arrejuntado.
Era hermoso, con un perfil como esculpido a mano y una gran plática sobre poetas malditos y aspirantes que peleaban por becas del gobierno. Hasta dibujaba chingón.
Platicamos sobre literatura por un par de meses, previo al acto impúdico… Pero con él no pasó a mayores por cuestión de detalles.
1) Salió con una ex amiga de antaño, esa mamona y bellísima con fama de acostarse con todo(s). Las hermandades de leche no eran gratificantes en el minúsculo círculo de farándula defeña.
2) Amó a una bailarina. No le molestaba que ella bailara en calzones y, cito, \”hasta sin ellos\”.
Mis prejuicios respecto al tema eran mayúsculos. El mundo vivía la crisis ninja y lo perdimos casi todo… Mientras, nuestra inquilina aventaba lujos dignos de la sugar baby de un investigador de la UNAM.

¿Acaso me equivoqué al solo tener novios imbéciles y ningún, digamos, mecenas o patrocinador?

3) En todos esos años no fui capaz de serle infiel al arrejuntado.
Nunca fui capaz de engañarlo… No completamente.
a) El baboso de Acapulco, pues bueno. Ni pasó ni cuenta.
b) Dejé vivo al rancherito asesor que solo engullía melones gigantes. Uno más de la lista de idiotas que recuerdo con estos recuentos ridículos.
c) Y luego escribí versos para uno que cumple años el mismo día que yo. Mi entusiasmo duró poco ante su indolencia general.
Oportunidades no me faltaron. Pero sí las ganas de quitarme la ropa frente a alguien distinto. De abrirle espacio definitivo a un tercero en discordia.
Claro que yo comenzaba a cazar cada que cachaba en nuevo \”cotorreo\” (así lo justificaba mi ex suegra) al arrejuntado.
Y no fui capaz de rematar a una sola de mis posibles presas…
Al único que deseaba asesinar era al mismísimo estafador. Mi obsesión radicaba en la imposibilidad de que un ser tan poco agraciado se la pasara brincando de araña en araña.
Aunque, más que arañas, las pobres parecían caras de niño aplastados.
¿Cómo que el tipo juraba envejecer conmigo mientras buscaba a otras?
¿Y para qué buscar a otro ser teniéndome a mí, que soy como veinte mujeres con sus respectivos alter egos?
Jamás negué que en esa relación yo era la loca. Pero me molestaba que todos negaran que él era un pinche pendejo nomás porque se hacía la víctima.
Bueno: dejémoslo en culero. Conmigo fue el más culero de todos. Debí dejarlo como mi tercero en discordia, y no andarlo presumiendo como novio oficial y mi \”caso de éxito\” de culturización para adultos.
Sé que lo sabes perfectamente, aunque niegues tus errores por aparentar que tienes una pizca de humanidad… Por lo menos agradece por mi Eme de McDonalds.

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