Mi carta del día de Reyes Magos

  Imágenes: AP (Associated Press)



Hace siglos que no le escribo una cartita ni a Santa Claus ni a los Tres Santos Reyes… 

Ya tengo en casa una rica rosca de Reyes (tamaño mini) que al regresar del periódico partiré con mi esposo Héctor. Espero que a él le salga “el monito”, para que el día de la Candelaria prepare unos tamales tan ricos como el pozole verde que cocinó este Año Nuevo 2015 para la futura abuela Blanca y a la futura bisabuela Lupe.



Mi calendario 2015 ya está saturado: el próximo lunes tengo que ir al laboratorio del IMSS a sacarme sangre para verificar que no me haya dado diabetes gestacional (¿con los veinte mil kilogramos que sin darme cuenta ya subí???, ¡no lo creo!), y también tengo consulta en dental. De este sábado al otro tengo cita con el médico familiar, al parecer ahora serán cada dos semanas, y con la fortuna de que aquí en León Guanajuato (¡ya casi comienza la Feria de León 2015!) te dan cita de control en sábado, día en que sólo van niños, embarazadas y personas con discapacidad. Ventaja: ese día sí alcanzo asiento, no tengo que aplastarme en el piso como cuando me toca ir al Seguro Social entre semana.

Santa Claus se portó muy buena onda con mi futura hija Aranza: le trajo una Barbie sencilla increíble lo baratas que están ahora (100 pesos en cualquier supermercado; en Farmacias Guadalajara las anunciaban en 86 pesos aunque ya no había, buuu) si en mis tiempos eran algo así como mercancía de lujo. Entre mis múltiples “traumas de infancia” está el que, según yo, solamente tuve una Barbie en la vida, la “gimnasta” de segunda mano que me regaló mi prima Sandra (la rica de la familia, que tenía toooda la colección de juguetes de Cajita Feliz de McDonalds de aquel entonces). Pero bien dijo mi mamá: si los Reyes Magos me compraron juguetes mucho más caros, seguramente no tuve más Barbies simplemente porque no las pedí.



Como sea: los Santos Reyes se adelantaron y le trajeron a Aranza… ¡otra Barbie! Jajaja, de hecho el plan era comprarle una cada mes, ¿pero dónde las meto? Así que dejé las dos lindas muñecas junto al árbol, una con su moñito de regalo de Navidad, y la otra con un globo morado (que ya casi se desinfló) con el que según iba a elevar esta carta al cielo, pero creo que llegará más rápido a Oriente si lo mando por correo electrónico, o de perdida en este intento de blog.

Me falta agradecerle a los Reyes Magos porque hace ya cuatro años me trajeron al perrucho Domi a través de unos vecinos latosos. En julio adoptamos a Tifón para que Domi tuviera mascota, jaja, sin saber que para ese entonces ya estaba en mi panza la futura nueva dueña de la familia y de mi hogar.

Ahora sí, mi lista de peticiones… De niña pedía máximo tres juguetes, así que si sólo he de tener tres opciones, que sean:



1) Que mi bebé nazca bien.
Que llegue en la semana que le toca, sin ningún tipo de complicación, sin enfermedades respiratorias ni nada que la retenga más tiempo en la clínica donde me “aliviaré” (¡ni que estuviera enferma!), sin padecimientos congénitos, perfectamente bien de la vista y el oído y de tooodo todo lo demás. Si se puede pedir un plus, que sea parto normal para recuperarme pronto y poder atenderla mejor.

2) Que mi esposo y yo estemos cada día mejor.
Para que Aranza crezca con sus dos padres bajo el mismo techo, que tenga todo lo que a mí me faltó. Que viva rodeada del amor de sus dos familias, que nadie la rechace ni le haga ningún tipo de daño, que el mundo entero cuide de ella para que se desarrolle feliz, que jamás sepa lo que es padecer depresión.

3) Que mi abuelita siga con nosotros otros cien años.
Para que Aranza conozca a la mujer que se hizo cargo de mí, para que mi abuela Lupe disfrute de su bisnieta, que pueda cargarla en sus brazos y regañarla en su papel de “tía Lupe” cuando Aranza no quiera comerse la sopa, que le salga con sus frases clásicas como los “ocho cuartos” (¡qué dulces ni qué ocho cuartos!) y la de “cargarla pero de piedritas”.

Como plus:

* Que ya se resuelva la demanda laboral de mi mamá.
Que al fin Blanca Margarita Montaño Romo gane el juicio contra la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) por el despido injustificado de que fue objeto por parte de la ex Subsecretaria de Comunicaciones, Gabriela Hernández Cardoso (alias “la Innombrable”), para que al fin pueda arreglar todo lo necesario para venirse a vivir a León con su nieta Aranza.


Esto es lo único que pido para este año nuevo que recién comenzó… ¡Decreto que mis sueños se cumplan mejor de lo que jamás he deseado!!!

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