Un padre afortunado

Eres un padre afortunado. Agradece que no es tu hijo quien duerme en el piso de una estación de tren, no es quien atraviesa un país ajeno a pie con tal de llegar a un paraíso prometido lejos del conflicto armado.

Agradece que no es tu hijo quien usa chaleco salvavidas en un bote que se hundirá en el Mediterráneo. No es quien sube a una balsa en La Habana para alcanzar la Florida. No protagoniza una foto que se viraliza y arranca promesas de ayuda ahora que él está muerto.

Agradece que tu niña no fue vendida a cambio de ochenta o ciento cincuenta mil pesos, que su precio no llena bolsillos de funcionarios del DIF y la Procuraduría de Sonora. Agradece que sales del hospital con tu bebé en brazos, que tu pequeño está vivo y que no pariste en el pasto del jardín.


Agradece que pagas un techo, cuentas con un empleo (aunque lo aborrezcas) que cada dos semanas te da un sueldo flaco cuyos impuestos contribuyen a pagar a “oftalmólogos” negligentes del IMSS. 


Diario te tomas dos litros de agua limpia y purificada, sin contar los cientos que desperdicias y que le faltan a niños de países áridos. Con el dinero del día te alcanza para embutirte un trozo de pan, una torta, una pizza, una pasta italiana hecha a mano con salsa de tomate orgánica, sin sentir remordimiento alguno por quienes no tienen más que intestinos vacíos y lombrices dentro. ¿Acaso los recuerdas cada que abres el refri para echar a la basura la comida que ya no te sirve?


No te sientas culpable: mejor agradece que en cualquier momento puedes ir al supermercado o a la tiendita de la esquina sin necesidad de arrebatar, de pelear por las escasas provisiones. No vives en una dictadura, no estás en medio de una guerra santa, estás relativamente seguro y con suerte no serás una estadística más, no serás otro obituario ni las líneas de una nota color escarlata de la sección de Policía. 


Porque eres afortunado de ser mexicano. 
Aunque hasta de eso te quejes.

2 comentarios

  1. Si, de verdad hay que agradecerle a Dios por todas esas cosas que tenemos y además ponernos las pilas para no permitir que llegue un gobierno que nos lleve a ese mundo horripilante que describes. Ojalá nunca tengamos que vivir una guerra y que podemos tener un trabajo que nos permite por lo menos comer dignamente.

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