La historia de Cosita es la de una adopción exitosa.

Cosita, Perrucha, Perruchis (2002 – 2017). Feliz cumpleaños, aunque ya no estés

Cosita, la Perruchis o Perrucha. In memoriam

Este lunes 6 de noviembre fue cumpleaños de Cosita. Habría cumplido quince años.

Adopté a Cosita, Perrucha o Perruchis en una de mis épocas grises. Fue gracias a la comunidad animalista de Yahoo! “Al Rescate Perruno (y También Gatuno)”, hoy CAESPA A.C., que contacté a una voluntaria. Era una chica que estaba comenzando los estudios de Médico Veterinario Zoólogo. Nayeli.

Quedamos de vernos al sur de la Ciudad de México para ir a ver una camada. Yo solo había pedido que mi futura mascota fuera de talla chica porque vivía en departamento.

La Cosa fue todo excepto de talla chica. Tampoco fue precisamente una “mascota”. Suena a cliché decir que los perros son como hijos, se vuelven parte de la familia. Y así es. El único gato que tuve fue una historia de desastre. Cosita, en cambio, terminó convirtiéndose en la mejor amiga y compañía de mi abuela Lupe.

Entre las muchas peculiaridades de la Cosita Perrucha, hoy recuerdo:

* No había que decirle que le tocaba baño. Ella sola lo sabía, así que poco antes solita se metía… Se metía debajo de la mesa. Y como era gorda y larga como una piñata, sacarla era todo un rollo.

* No soportaba la lluvia. Apenas se daba cuenta de que iba a comenzar a llover, y de inmediato le daba la temblorina. Se quedaba quieta quieta. Buscaba estar no acompañada sino más bien encima de quien se encontrase cerca.

* También se quedaba quieta como estatua de marfil cuando le ponías una playera. Si la tocabas, literalmente se iba de lado. Nunca pude vestirla o disfrazarla como al Tifón y al Domi.

* Nunca quiso comer croquetas. Pero luego que mi tío adoptó un gato, Cosita descubrió la comida Whiskas y se hizo fan. Hace años escribí sobre ella y usaba el eslogan: “Uno de cada mil perros prefiere Whiskas”. Y la dueña del perro del millón por supuesto que tenía que ser yo.

* Luego de la esterilización subió muchísimo de peso. Ni porque la sacábamos a pasear y todo. De haber sabido no la hubiera operado, aunque era requisito de la adopción. De todas formas siempre estuvo acompañada y no dejó de ser “señorita”.

Hace unos diez años me mudé a un departamento arriba de nuestra entonces casa nueva. Cosita decidió que prefería quedarse abajo, en la casa, con mi abuela Lupe. Se habían vuelto inseparables.

La historia de Cosita es la de una adopción exitosa.

Fueron casi quince años los que estuvo con nosotras. Cuando llegó a casa no era más que una bola de pelos. Para comer tenía que darle leche con mantequilla en un biberón de juguete.

Hace unos meses Cosita fue enviada a un santuario para perros. Su avanzada edad le estaba causando problemas que a su vez le causaron algunas caídas a mi abuela. Fue necesario separarlas.

Ya en el santuario le avisaron a mi mamá que Cosita tenía cáncer.

El domingo 17 de septiembre de 2017, apenas dos días antes del sismo en México, nos despedimos de Cosita por medio de una inyección.

Descansa en paz. Mi mejor amiga, mi primera hija, mi compañera y miembro privilegiado de la familia.

2 comentarios

  1. No puedo escribir nada, solamente el inmenso amor que le tuve a Cosita. Lo feliz que nos hacía con sus gracias. Y lo mucho que dolió perderla. Pero así iba a ser, tarde o temprano.

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