Tarjetas de cumpleaños para mi esposo

Tarjetas de cumpleaños para mi esposo

Tarjetas de cumpleaños para mi esposo

 
Mi tradición favorita (inventada por mí, por supuesto) es la de celebrar un largo precumpleaños: Cuando menos un mes entero de pequeños regalos, comidas para mi Master Chef personal, preparadas por esta ex grinch de la cocina. Salidas al cine, al centro de León, Guanajuato. Si hay chance ir a Guanajuato capital a subir y bajar por los callejones coloniales. Pasear, brindar juntos, disfrutar.
Desde hace seis años las tarjetas de cumpleaños para mi esposo eran de dos o cuatro personas (abuelita Lupe y suegra Blanca incluidas). Según el día de la semana en que cayera la fecha especial.
Pero ahora, con la llegada de Aranza (alias: Godzuki, Aranzuki, Ayá), las tarjetas de cumpleaños para mi esposo son más caseras y para cinco personas: La niña más bonita de México, dos orgullosos papás primerizos, una abuela consentidora y una bisabuela que hace el mayor esfuerzo para aguantar el ajetreado viaje.
Si hubiese estudiado Diseño Gráfico en vez de Creación Literaria, o si hubiese seguido dibujando de forma autodidacta como hacía antes de dedicarme a las letras… Podría recurrir a un lápiz y no al editor para hacer tarjetas de cumpleaños para mi esposo. Por eso utilicé Canva, es una aplicación tan sencilla de utilizar que no requiere ningún tutorial.
 

El dibujo ya no se me da.

 
No seguí con esa afición como también renuncié a muchísimas otras (patinar, los videojuegos, resolver ecuaciones algebraicas del libro Baldor por pura ociosidad).
A veces ni siquiera tengo tiempo de ponerme a escribir un cuento para alguna convocatoria, de corregir (interminablemente) mi segunda novela o de continuar la tercera.
Porque comienzo mi día cambiando pañales, paso las tardes ganándome la vida, y de cuando en cuando finalizo mis noches arrullando a una niña necia que a la una de la mañana sigue bien ‘cookie’ por comer tanto chocolate (y ni así engorda)…
 

Todo excelente

 
No cambiaría ni uno solo de mis días actuales por el más loco, divertido, excéntrico o lujoso que haya vivido en mi lejano pasado.
No renunciaría a mi vida como madre trabajadora por volver al “mundillo literario”, como le llama Bernardo Monroy. Y mucho menos a la “farándula” de la música electrónica, donde firmando como Gina Halliwell empezó de forma pública este hobby, carrera, como sea que le quieras llamar al vicio de teclear pensamientos.
Mi forma de vida actual depende de aparentar ser aburrida y convencional, pero nadie mejor que tú sabe lo que existe en realidad.
No dejaría de pagar pañales, leche fortificada y consultas médicas para irme de viaje. No arriesgaría a mi hermosa familia, la que me hubiera encantado tener siendo yo niña, por bienes materiales que esconden letras chiquitas.
La primera vez que una persona se enamora siendo adolescente piensa que es el verdadero amor, el único, que ninguno se igualará. Y ha sido tan maravilloso poder confirmar más de veinte años después que tú, el hombre que revivió mi entonces inerte corazón, es quien escribe conmigo cada momento. Quien planea conmigo cada fotografía familiar, quien merece recibir todas las tarjetas de cumpleaños del universo con una sola idea en cada una de ellas:
Gracias.
Gracias por ser el papá de Aranza. Por ser mi pareja, mi esposo, mi amante.  Y por aguantarme. Por escuchar, por regañar, por consentirme, por ayudarme. Gracias por seis años y medio de novios, por cinco y medio casados, por un año y ocho meses descubriendo conmigo la alegría de la paternidad.

Jéssica de la Portilla.

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