El gato postapocalíptico

Tenía por lo menos ocho meses sin escribir una minificción, un cuento largo, poemas. He dedicado la mayor parte de mi tiempo literario a la publicación, cada martes y cada viernes, de mi columna \”De chilanga aferrada a leonesa de corazón\” para El Heraldo del Bajío.

No recuerdo qué día decidí que ya era hora de ponerme las pilas, aunque fuera para subirle una rayita a mi hoy nula inspiración. Las opciones eran tomar alguno de los libros de siempre o entrar a un blog de renombre como el de Alberto Chimal, Las Historias (www.lashistorias.com.mx).

Fue algo afortunado toparme con la convocatoria para el Concurso especial TRIPLE: Las Historias / PalabraLab / Ciudad Mínima, y algo sucedió conmigo cuando vi la fotografía del gato saliendo (¿o entrando?) del estacionamiento privado.

Estuve el resto del día dando vueltas al asunto: ¿qué cuento de doscientas palabras puedo dedicarle a este felino?

(La verdad es que si tuviera a dicho animal enfrente mío, me soltaría a llorar: no por emoción o tristeza, sino por una maldita alergia que me hace estornudar más de lo acostumbrado. Y miren que cuando estornudo, no lo hago menos de diez veces por sesión).

No resolví la cuestión sino por la noche. Algún extraño motivo hace que ahora sueñe con lo último que vi en internet: ayer soñé no sé qué cosa sobre Raquel Castro, esposa de Alberto Chimal y que por cierto es la misma Raxxie_ de los famosos \”horóscopos bibliománticos\” de antaño; hace dos días soñé que yo asesinaba a Courtney Stodden (bah). Milagro que no he soñado más con Kim Kardashian, ja. ¿Por qué nunca aparece Lindsay Lohan disfrazada de Marilyn Monroe?

A veces sueño con \”la novela que debo escribir\”, despierto con esa idea porque mi cerebro redacta una historia completa durante mi otra vida (la onírica), pero olvido hasta mis intenciones conforme preparo el desayuno. Así he perdido el argumento de al menos tres novelas cuyo principio y fin se quedaron en algún rincón de mi almohada, y que según mi otro yo (el que vive de noche) era el siguiente best-seller de mi vacío currículo.

Este miércoles 14 de agosto tomé una libreta forrada en piel café y con lomo dorado. Tomé el enorme y ridículo lápiz de madera de Jurassic Park que me costó como diez dólares hace unos diez años, souvenir de los Estudios Universal de Hollywood. Escribí una cuartilla, borré con la goma blanca que olvidó mi alumno de cuarto de primaria (no más alumnos para mí, buah), y de pronto tenía el comienzo de un cuento. ¿Acaso eso era TODO lo que necesitaba: escribir algunas oraciones a mano, en una libreta nueva y con un lápiz estorboso?

No sé por qué me he negado a mí misma la libertad de seguir escribiendo, como antes hacía de modo enfermizo. Es verdad que, luego del obligatorio descanso de casi tres años, el túnel carpiano es tema olvidado entre mis múltiples quejas.

Copié a Word lo escrito, le completé un poco más, y de pronto ya tenía el comienzo de algo. Lo releí durante estos días, cambié palabras y reacomodé oraciones, y así hasta llegar a la versión final, misma que publiqué como comentario en el blog de mi ex profesor (http://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/concurso-especial-triple-las-historias-palabralab-ciudad-minima).

La imagen en que me basé es:

Y mi texto dice así:

Jéssica Montaño de Juárez
agosto 17, 2013 a las 12:44 pm

EL GATO POSTAPOCALÍPTICO

Los nuevos modelos tienen partes hidráulicas o son completamente electrónicos. Milenios atrás quedó el auge del animal híbrido, mitad biónico y mitad carne y hueso, cuyo propósito básico era emular la función de la mascota de antaño.

Una preferencia efímera fue el entrenar clones orgánicos para usarlos en espectáculos teatrales y películas. Hubo desde gatos políticos hasta pollos esquizofrénicos, pasando por pulpos quirománticos, perros delincuentes y cerdos infecciosos.

La revolución biomecánica cambió las relaciones simbióticas. Los felinos, por mencionar un caso, ya no persiguen ratones de cuerda ni son apresados por canes pulgosos: los ejemplares cibernéticos cuentan con guardaespaldas, comercian petróleo obtenido de cementerios humanos y especulan en operaciones mercantiles diversas. Los más intrépidos practican el motociclismo y otros deportes extremos. Si el manual de instrucciones (o la garantía) lo ordena, se desconectan tomando vacaciones en yate para descargar programas actualizados. Como amuleto contra la mala suerte cultivan garrapatas in vitro.

-Jéssica Montaño de Juárez.

jessdejuarez@gmail.com

Copio y pego mi cuento-comentario aquí para que quede constancia, por si nunca jamás soy capaz de volver a escribir algo que no sean mis \”reseñas de la Niña TodoMePasa\”, de que no fue tan trabajoso ni complicado el redactar un intento de minificción. Mi negación a escribir no es externa, mis \”ya no me interesa / ya no me gusta / me aburro\” son pura fijación mía. Dudo que cualquier escritor que se alegre de serlo haga semejante batahola por haber redactado UN simple cuento, pero para mí hace tiempo dejó de ser cosa de todos los días.

Mientras tanto seguiré con mi nueva obsesión: no sé de dónde saqué la palabra \”bricolaje\”, pero de pronto se me pegó y también he soñado que la repito incansablemente.

Veamos si hoy sueño con el gato postapocalíptico o con la tal Courtney Stodden. Espero poder asesinarla cuantas veces se cuele en mi mente.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: