Celebrando hoy mi segundo aniversario de bodas…

Esto se está complicando… ¡mejor ya me voy!!!
Publicado el viernes 3 de mayo de 2013 en El Heraldo del Bajío.

A días de celebrar mi segundo aniversario de bodas… Dejen les cuento la historia titulada:

“¡Ni se nota que vivo en un Rancho-Pueblo!”

Mi hoy esposo y yo habíamos decidido casarnos el sábado 7 de mayo de 2011 porque mi cumpleaños es el 17, y así no había excusa ni pretexto de que se le olvidó comprarme regalo, y además doble, ¿no?

Creo que desde febrero fuimos a una oficina del Registro Civil a pedir informes: nos dieron un papel con los requisitos y la señorita, muy amable, nos dijo que si llegas hoy con tus documentos te casan mañana mismo, así sea en sus oficinas o a domicilio.

Mi abuelita fue a tramitarme un “acta de soltería” pues el Gobierno del DF debe certificar que una no se ha casado desde los 14 años de edad (ja jaja). Vacaciones de Semana Santa por allá, mi mamá fue la madrina de vestido (¡gracias!) y planear el chow. De regreso a mi entonces nuevo hogar, fuimos al médico por los exámenes prenupcionales que no debían tener más de quince días de expedidos y ya, ése era el único documento que nos faltaba para ir el miércoles 4 de mayo a otra oficina del Registro Civil, donde nos salieron con que…

ta ta ta taaan…

…que el papelito que nos dieron en la primera oficina estaba desactualizado y que para casarnos ahí mismo no había problema, pero que para boda a domicilio había lista de espera de nada menos que un mes.

¿QUE QUEEÉ???

¡ÓIGAME: NOOO!

Lo bueno que mi esposo es abogado: luego de mentarle dos tres veces la eme al Señor Burócrata, apartamos la fecha para casarnos dos días después, viernes 6 de mayo de 2011, nada menos que a las 8:45 de la mañana. Ahí me tienen marcándole a mi señora madre que casi me cuelga y que qué iba a hacer con sus amigas invitadas y bla bla bla, pos so sorry: o me caso en dos días o hasta dentro de un mes, y eso si todavía convenzo al prospecto de novio porque ya ven cómo son estos hombres…

Mi mamá y mi abuela llegaron acá el viernes a las 5 de la mañana, y en lo que mi esposo pasaba por ellas yo comencé la gratísima tarea de alaciarme el cabello (claaásica tortura de las ocasiones especiales). Aunque mi hoy señor no quería que me pusiera el vestido para ir al Registro, a mí por supuesto me valió un soberano y ahí andaba feliz y brincoteando y arrastrando mi vestidote blanco.

Algo azul: las sombras de los ojos.

Lo viejo: mis zapatos Ted Kenton que compré para la graduación de Sogem y que en total he usado como tres veces máximo.

Llegamos a la oficina del Registro Civil que está por Boulevard Delta. Aún no abrían, ¡demonios! Le pasamos lista a los testigos, ¡y uno había olvidado su IFE!!! Pues ya, se van mi marido y él hechos la raya a buscar la credencial (que a fin de cuentas no fue necesaria… les digo, les digo), y yo por mientras sentadita afuera del Registro con mi cara de “a ver si no me dejan como novia de Rancho-Pueblo: vestida y alborotada”.

Abren la oficina, nos mandan llamar y yo emmmh, ¡‘orita viene mi prometido!, ¡yo le juro que a’i viene!, ¡ay de él si no aparece, de veras que ni mi abuela lo salva!

Ya llegaron los ausentes, corroboramos los datos del acta, posamos para la fotógrafa (por ley de Murphy, mi Nikon nueva se descompuso días antes) y que firma aquí firma acá, tu huella digital y demás.

Nos pasaron a una sala privada, el juez preguntó si estábamos ahí por nuestra propia voluntad (…¡más o menos!, pensó el novio) y nos leyó “la cartilla”, que según mi mamá NO fue la famosa Epístola de Melchor Ocampo pero ah, qué bonito texto, no pude evitar una que otra lagrimita de emoción. Finalmente el juez nos declaró marido y mujer, señor y señora de Juárez. Besos y abrazos y felicitaciones y más fotografías que se quedaron en la PC que sigue descompuesta, buah.

De ahí a desayunar unos ricos chilaquiles y platicar un rato con Anggye Trejo, una de mis testigos (¡gracias!). ¡Y ya! Yo feliz y presumiéndome como recién casada.

El día siguiente, sábado 7, según no iba a haber recepción… Pero llegó una amiga de mi mami desde el DF (Gina y familia, saludos) y pues va, unas llamadas y de pronto teníamos en casa a algunos alumnos de la prepa de San Pancho que Héctor dirigía hace dos años. ¡Regalos! Llegaron los amigos profesores, uno que otro vecino colado, y que se arma el huateque…

…pero ésa, chicos y chicas TodoLesPasa, ésa ya es otra historia.

Así estuvo mi boda “en pocas palabras”. Y luego de tanto rollo, lo he pensado muy bien y por lo pronto decidí que…

¡NOOO VUELVO A CASARMEEE!!!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: