Futbol soccer y la idiosincrasia del mexicano

Futbol soccer como deporte, Rusia 2018 y la idiosincrasia del mexicano

 
La masificación se prepara, llenen al televidente mexicano de imágenes grandiosas. Abran el telón que el show de futbol soccer va a comenzar. Como la canción de Pink Floyd: Oh mamá, oh papá. Qué delirante: Rusia 2018.
 
La maquinaria mediática está afinada. “Saquemos los gritos contenidos en Brasil”. “Cree en el equipo mexicano”. Y otras frases más cursis y banales para la  enajenación del pueblo mexicano.
 
El deporte del mexicano se juega desde la niñez. En la escuela, en la calle, en el barrio, en el centro deportivo. Todos los niños y niñas lo juegan, todos quieren tener un balón para “jugar al futbol soccer”.

Así es: para jugar futbol soccer, no para practicar.

De la niñez y los héroes del balón pie: “Yo soy Hugo Sánchez”. “Yo soy Jorge Campos”. “Yo soy Giovanni Dos Santos”. Las cascaritas de secundaria: Mira la cuauhtemiña, mira esta chilena. Niños y jóvenes juegan al futbol.
El mexicano juega al futbol soccer. Este entretenimiento es reforzado por la Liga MX. Los dieciocho equipos se enfrentan dos veces por año en dos torneos: Apertura y  Clausura. A los dueños de los equipos no les importa esa denominación tan sosa. Lo importante es generar millones de pesos que un público mexicano está dispuesto a pagar a pesar de los mediocres niveles competitivos.
Basta mirar los primeros quince minutos de cada partido para partirse de aburrimiento. Pero si lo ves con los amigos, con botanas, con alcohol, con escarnio, burla, reto, pasión, enojo y mentadas de madre, adquiere otro color. Y aderezado con las frases de avezados analistas del futbol: “Allí donde las arañas tejen sus nidos”; “tirititito”, y la poesía estúpida y vacía de otros comentaristas mexicanos.
México grita gol para el América, para el Guadalajara, para los Pumas, para los Perros. Y se viste con la playera de su equipo. Pasión y circo, performance colectivo nacional. “Perdimos, para la próxima ya verás que ganamos”.

¿Ganamos qué?, se pregunta alguien que razona esta estupidización nacional.

Así que hay dos campeones anuales con diecisiete jornadas en cada torneo. Los equipos se esfuerzan por quedar entre los primeros ocho lugares de la Tabla General, estos forman la “Liguilla”. No es “la Liga” como los equipos profesionales que practican y juegan futbol: La liguilla entra a eliminatorias de cuartos de final, semifinal, y la famosa gran final.
El mexicano “se pone la verde”. Todos saben de antemano que el equipo mexicano va a perder, que no está a la altura de los otros equipos. Esperan el milagro, el favor de “la Lupita”. A los primeros pases se oye el “olé”, la multitud está de ánimo. Las familias en sus hogares se reúnen y gritan apasionadamente, el grito de “puto” ante las faltas marcadas por los árbitros.
 
La multitud, la masa, la borregada, no necesitan ilustración, pensamiento, juicio. Eso es para la gente aburrida, para los tetos, los ñoños, los nerds.

Al estadio se va con la camiseta puesta y a seguir al equipo, ganen o pierdan.

 
Hay que hacer fila a las cinco de la mañana, esperar a que abran a las diez y comprar los boletos para acompañar al equipo. Y una vez en pleno partido, la porra. Y, si es necesario, se parten el hocico ante la rabia de haber perdido.
 
Roger Bartra en su libro “La Jaula de la Melancolía” dice: El mexicano es el héroe agachado. Y vaya que tuvo razón. Escuchamos las declaraciones de los jugadores y entrenadores de futbol soccer: “Jugaron mejor que nosotros”, “son un gran equipo”, “cometimos muchos errores”, “esperamos jugar mejor la próxima vez”. El eterno retorno, la maldición de Sísifo.
 
Al mexicano se le llenó la cabeza de un nacionalismo patriótico vacío, “la independencia que nos dieron los héroes mexicanos”. La vida pacífica que trajo la Revolución Mexicana, “ejemplo y orgullo nacional”. Una historia pisada, ultrajada, alterada, héroe asesino, héroe iletrado, héroe cobarde, héroe ficción. El héroe encarnado es el defensa, el delantero, el guardameta. Los niños y jóvenes quieren ser como ellos, su más grande sueño es ser jugadores de un equipo de futbol soccer.
 
El mexicano desdeña la cultura del libro, ama la cultura de masas, benditas telecomedias, ahora hasta telenovelas turcas. Ama la música del pueblo, el reggaetón, el perreo, la banda y, sobre todo, el futbol soccer.

Ilustración:

Estados Futboleros Mexicanos.

Jéssica de la Portilla Montaño. Acuarela.

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