Cómo se ve una relación evitativa cuando ya no tienes 15 años de edad
La Niña TodoMePasa dice…
Cómo se ve una relación evitativa cuando ya no tienes 15 años de edad sino un chingo (un chingo de años… y un chingo de relaciones evitativas con sujetos evitativos)
En mis tiempos…
(Como diría la vieja guardia: Buuu, ya llovió…)
Fue por allá de 1994. Mil novecientos noventa y cuatro, MCMXCIV escrito en números romanos —mismos que ya casi NADIE sabe leer—…
No sé si en ese entonces ya estaba en mi primera relación evitativa. O si solo era un ejemplar promedio de su signo zodiacal.
Yo tenía 15 años de edad. Lo vi, me vio, lo de siempre, ¿no? Me cayó mal cuando me habló, no por él sino porque era un día dramático para mí. Pero en ese entonces todos mis días eran dramáticos.
¡Uy! Y las noches… Dramáticas, muy dramáticas, y no de la forma que a ustedes (par de puercos que sigue leyendo este blog 19 años después) les gustaría imaginar.
Mis noches, mis días, mi existencia entera estaba compuesta de, en palabras de John Lennon, “pozos de tristeza, olas de alegría”.
Mucha más tristeza que alegría porque, yo no sabía y las psicólogas de los años noventa eran básicamente idiotas, tuve depresión aproximadamente desde que cumplí 13.
Larga historia…
Fuimos MUY afortunados de haber crecido sin internet. No había algoritmo de Facebook que nos bombardeara con interminables reels tipo:
- 7 principios de psicología oscura que aumentan la atracción (casi nadie los nota)
- Hábitos de una mujer segura y difícil de intimidar
- ¿Cuándo aprendiste que la mascara café en las pestañas de abajo se ve mil veces mejor que la negra?
- Así destruyes el ego de mil un hombre que te está usando
- Guapa, arréglate todos los días
- Más de 40 Te maquillas super poco
(Títulos reales de los reels que aparecieron justo ahorita en mi cuenta de Facebook personal… Y sí: sin dudar vería cada uno de ellos, a veeer si me pega algo de provecho).
Abrí una cuenta de Threads como protesta por la porquería que Elon Musk le hizo a Twitter, ahora X. Antes de encontrarle utilidad transcribiendo mis horóscopos de Tarot de Tiktok, me hice adicta al llamado “doomscrolling” de hilos como este, copio y pego textual tras traducir en Google:
Déjalo que se distancie.
Déjalo que lo destruya todo.
Déjalo que te ignore durante días.
Porque esto es lo que nadie te dice cuando estás sentada junto al teléfono esperando que un hombre te elija: su ausencia ya es la respuesta. No necesitas una conversación. No necesitas cerrar el capítulo. No necesitas que finalmente se explique. La forma en que te trata ahora mismo te dice todo lo que necesitas saber.
Deja de encogerte tratando de averiguar qué hiciste mal.
En Instagram no me sale nada interesante porque ya casi ni lo utilizo…
En 1994 no había WhatsApp. Gracias a Dios, porque imagínate estar bloqueando y desbloqueando a mi madre y a mi abuela Lupe QEPD todos los días durante mi adolescencia…
Sí: en cuanto a mi vida familiar, yo era la máxima exponente de cómo sostener (o cómo no sostener, más bien) una relación evitativa con mis propios parientes.
Y como no había WhatsApp, nadie sabía el dramón loco que con los años se haría por un par de estúpidas palomitas azules:
¿Abrió mi mensaje? ¿Lo leyó? ¿Me dejó en visto? ¿Pero por queeé me dejó en visto? ¿Hace cuántas horas (o días, semanas, meses, años, siglos de los siglos amén) me contestó por última vez?
(¡Y que pase el desgraciadooo de la relación evitativa!)
Tampoco había estados de WhatsApp para que subieras una foto y revisaras durante 24 horas casi seguidas si el susodicho la vio o no la vio. Que igual y sí la vio, pero si no tiene confirmación de lectura pues quién sabe. Igual y la vio durante su última conexión, ¿por qué está en línea pero no me contesta???
Hoy día es bastante difícil saber si estás en una relación evitativa con alguien te está ignorando.
…bueno, NO, ni tan difícil: te habla o no te habla.
Te escribe o no te escribe.
Te manda audios o videos o stickers, pero te manda algo.
ALGO…
Justo ahora me acuerdo de una cita citable de una de mis películas perfectas para rescates emocionales: A él no le gustas tanto (He’s just not that into you).
Hice que este tipo me dejara un correo de voz en el trabajo, así que lo llamé a casa y luego me envió un correo electrónico a mi Blackberry, y así le envié un mensaje de texto a su celular y luego me envió un correo electrónico a mi cuenta de casa y todo se salió de control. Y echo de menos los días en que tenías un número de teléfono y un contestador automático y ese contestador automático tiene una cinta de cassette, y esa cinta de cassette o bien tenía un mensaje de un tipo o no. Y ahora solo tienes que ir por ahí comprobando todos estos diferentes portales solo para que te rechacen siete tecnologías diferentes. Es agotador.
La versión adaptada al caos digital de hoy:
Hice que este tipo me mandara un audio por WhatsApp, así que lo llamé por Instagram, luego me reaccionó a una ‘Story’ y me dejó un DM en TikTok, entonces le mandé un mensaje directo por X (Twitter), y él me contestó con un correo a mi cuenta de Gmail del trabajo… ¡todo se salió de control!
Extraño los días en que solo tenías WhatsApp o una simple llamada; si el mensaje tenía las dos palomitas azules, bien, y si no, también. Ahora tienes que ir por ahí revisando un montón de aplicaciones, portales y notificaciones diferentes, saltando de una app a otra, solo para que te dejen en visto o te rechacen por siete tecnologías distintas. Es agotador.
Pero a nosotros, hermosa generación Xennial (mitad Generación X, mitad Millenial), nos tocó mucho más facilito: La mayoría de adolescentes solo se comunicaba a través del teléfono fijo (inalámbricos o de cordón enroscado) de la casa de sus padres. Y rápido podías saber si el fulano en cuestión estaba en casa viendo El juego de la oca mientras comía sincronizadas de queso manchego con limón, o si quería ignorarte:
Todo dependía en qué tonito te contestaba su temible mamá.
Continuará.

