Gabriela Torres Olivares y Enfermario
Gabriela Torres Olivares es una narradora mexicana nacida en Monterrey en 1982. En Enfermario, libro de cuentos publicado por Fondo Editorial Tierra Adentro en 2010, la autora construye un mundo incómodo, corporal y extraño, donde la enfermedad no aparece solo como tema, sino casi como personaje.
Leí Enfermario como quien entra a una sala clínica medio iluminada: con curiosidad, incomodidad y esa sospecha de que algo en el cuerpo —propio o ajeno— está a punto de salirse de control.
Enfermario: cuentos sobre cuerpos, enfermedad y rareza
En su tercer libro de cuentos, Enfermario, Gabriela Torres Olivares plantea un mundo un poco imperfecto, habitado por personajes casi normales que bien pudieron haber sido calcados de la realidad regiomontana, aun si viven situaciones poco o nada comunes.
El ejemplar contiene veinte textos con desenlaces contundentes. El lenguaje elegido por la autora es preciso, limpio y eficaz; el ritmo invita a devorar cada relato. La mayoría de las historias son cortas, lo que permite leerlas de corrido o volver a ellas hasta que la incomodidad termine de acomodarse en alguna parte del cuerpo.
Si algo sostiene el conjunto es su relación con el cuerpo: cuerpos enfermos, cuerpos intervenidos, cuerpos observados, cuerpos que estorban, desean, se deforman o se vuelven territorio narrativo. No es una lectura complaciente, y justo por eso se queda dando vueltas.
Relatos destacados de Enfermario
Entre los relatos que resaltan por sus recursos narrativos, su estructura y su originalidad, me quedo especialmente con tres: “Y qué si tiene Tourette”, “Oncofilia” y “Maceta de carne”.
“Y qué si tiene Tourette”
“Y qué si tiene Tourette”. Esta frase se repite muchas veces porque Humberto, el padre de la protagonista, intenta convencer a su esposa de permitir que Silvita participe en un programa de concursos.
¿Y qué si no entiende las instrucciones del presentador, si se golpea la cabeza en cadena nacional, si dice groserías sin detenerse?
Llama la atención una serie de palabras sin espacios entre ellas, como quéropatepondríasbonita o perraesunaperra, y otra serie de palabras separadas por guiones, como BO-NI-TA o N-O dije que no. El lenguaje no solo cuenta el padecimiento: lo imita, lo corta, lo acelera, lo descompone.
Al finalizar la lectura una se pregunta cuál de los tres personajes está más dañado: la joven que sufre tics y espasmos motores, el padre que tiene “sus medios” para aliviarle dichos síntomas a Silvita, o la madre que desea matar a la enferma, matar al progenitor y matarse a sí misma para dejar de sentir.
“Oncofilia”
En “Oncofilia”, un cáncer maligno que posee cabello, uñas y memoria está enamorado de su anfitriona. No puede hablar, por lo que desarrolla medios físicos alternos para comunicarse con el objeto de su pasión.
El cáncer sufre al no entender por qué la desahuciada lucha junto con los médicos para deshacerse de él. Lo monstruoso, en este cuento, no se presenta de forma plana: también desea, recuerda, interpreta y se duele.
Este inusitado cuento resulta extrañamente conmovedor. Y sí, una termina sintiendo algo parecido a compasión por aquello que, en cualquier otro contexto, solo querríamos arrancar del cuerpo.
“Maceta de carne”
En “Maceta de carne”, el abuelo ferrocarrilero transportaba mercancía a escondidas a cambio de sacos de frijol. Nadie sabe por qué a la tía Lola se le ocurrió insertar una de estas semillas en cada orificio de su cuerpo, y tampoco se sabe por qué la planta decide germinar en la oreja de la niña hasta dañarle irremediablemente el oído.
Aquí aparece la fitofilia, entendida como gusto o atracción por los seres del reino vegetal, pero el cuento va más allá de la rareza del dato. La imagen de una planta creciendo donde no debería resume muy bien la lógica de Enfermario: el cuerpo como casa tomada, como accidente, como experimento y como condena.
Por qué vale la pena leer a Gabriela Torres Olivares
Gabriela Torres Olivares trabaja con una imaginación incómoda. Sus cuentos no buscan tranquilizar al lector ni explicarle todo con moñito. Prefieren dejar una sensación de extrañeza, humor oscuro y daño latente.
Enfermario resulta armonioso y muy bien logrado. Vale la pena conseguir este libro, leerlo durante un fin de semana y después releerlo hasta el cansancio, o hasta que una entienda por qué estos cuerpos enfermos se parecen tanto a un espejo deformado.
También vale la pena leerlo como parte de una tradición de narrativa mexicana escrita por mujeres que trabajan el cuerpo, lo grotesco, la enfermedad, el humor negro y la incomodidad sin pedir permiso para ser agradables.
Ficha bibliográfica de Enfermario
Gabriela Torres Olivares, Enfermario, Fondo Editorial Tierra Adentro, México, D. F., 2010.
Algunas fichas registran el libro con 100 páginas e ISBN 978-607-455-368-0. Mi ejemplar o mi apunte original lo tenía registrado con 97 páginas, así que dejo aquí la ficha general sin pelearme con la paginación, porque una vino a leer cuentos raros, no a iniciar una guerra bibliográfica.
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Preguntas frecuentes sobre Gabriela Torres Olivares y Enfermario
¿Quién es Gabriela Torres Olivares?
Gabriela Torres Olivares es una narradora mexicana nacida en Monterrey en 1982. Ha publicado libros de cuentos como Están muertos, Incompletario y Enfermario, además de la novela Piscinas verticales.
¿Qué es Enfermario?
Enfermario es un libro de cuentos de Gabriela Torres Olivares publicado en 2010 por Fondo Editorial Tierra Adentro. Sus relatos exploran la enfermedad, el cuerpo, la deformidad, la rareza y el humor oscuro.
¿De qué trata Enfermario?
Enfermario reúne veinte cuentos donde distintos males, alteraciones físicas y padecimientos atraviesan la vida de los personajes. Más que hablar de enfermedad de forma médica, el libro la usa como detonador literario y simbólico.
¿Por qué leer Enfermario?
Vale la pena leer Enfermario por su lenguaje preciso, sus imágenes inquietantes, su humor oscuro y su forma de convertir el cuerpo enfermo en territorio narrativo. Es una lectura breve, rara y difícil de olvidar.
Conclusión
Enfermario, de Gabriela Torres Olivares, es uno de esos libros que contagian curiosidad desde el título. Sus cuentos no son cómodos ni buscan serlo. Ahí está buena parte de su fuerza: en mirar de frente cuerpos alterados, enfermedades, obsesiones y pequeños horrores cotidianos sin convertirlos en sermón.
Leerlo es asomarse a una narrativa mexicana donde la enfermedad no es solo padecimiento, sino lenguaje, atmósfera y destino. Nada mal para un libro breve que parece decir: el cuerpo también cuenta historias, aunque a veces preferiríamos no escucharlas.





