Guillermo Samperio: correspondencia inesperada y Ventriloquía inalámbrica

Guillermo Samperio, Ventriloquía inalámbrica y correspondencia inesperada

Guillermo Samperio: correspondencia inesperada

Guillermo Samperio fue uno de esos escritores mexicanos a los que conocí de forma inesperada: por Facebook, por literatura, por casualidad y por esa época rarísima en que todo el mundo tenía agregado a todo el mundo por culpa de un jueguito llamado Mafia Wars.

La pregunta clásica era: “¿Te tengo en mi mafia?”.

Internet era otra cosa. Una cosa más caótica, más ingenua, más peligrosa también, pero con posibilidades absurdas como terminar intercambiando textos con Guillermo Samperio en un muro de Facebook.

En esa cuenta que borré luego de mi última y afortunada ruptura amorosa tuve aproximadamente tres mil novecientos contactos. Hoy día aprecio más la privacidad social. Muchísimo más.

Cómo conocí a Guillermo Samperio por Facebook

Fue el viernes 4 de junio de 2010, a las 4:20 de la tarde, cuando escribí en mi muro un brevísimo texto poético dedicado a mi crush, a mi no tan platónico amor. Por supuesto, era alguien distinto a esa penúltima pareja oficial que idiotamente presumí en publicaciones perdidas de este blog.

Este blog, por cierto, ya tenía varios años en línea. TodoMePasa fue creado en 2007 y, para cuando ocurrió esta historia, yo todavía no sabía cuántas cosas iba a perder, borrar, migrar, reconstruir y volver a contar como quien junta pedacitos de vajilla emocional.

Soñé contigo.

Prohibido distraerse, jamás enamorarse…

Pero te soñé.

Decías “te quiero” antes de despedirnos.

Volví a soñarte después.

Tus labios exploraban los míos.

¿Quién besó a quién?

Hoy decidí no dormir: prefiero pensarte.

Descansa.

Que pases buenas noches.

Cuál no fue mi sorpresa cuando casi dos horas después, a las 6:03 de la tarde, Guillermo Samperio me contestó con un comentario desde su cuenta Samperio G Guillermo.

Yo ya me había enamorado de sus letras con “Zapatos de tacón rojos para una mujer linda”, cuento que leí en Fantasiofrenia II. Antología del cuento dañado, libro en el que publiqué por primera vez. Así que recibir una respuesta suya no fue cualquier cosa. Fue una de esas casualidades literarias y tecnológicas que parecen inventadas, pero no.

También te he soñado. Vienes de una calle ocre entre tarde y noche. Qué bueno que llegaste, digo. A dos pasos de mí, te disuelves y mi brazo se queda extendido. Otra vez, me asomo a la ventana de mi casa. Estás allí, tú alargas un brazo en la banqueta de la tarde. Entras al edificio, escucho el taconeo, pero no estás y… tu taconeo sigue hacia los otros pisos: se pierden en la azotea. Eso también es jamás enamorarse.

Ensoñaciones: un intercambio epistolar inesperado

Acordamos llamar Ensoñaciones a nuestro intercambio epistolar, mismo que publiqué aquí en TodoMePasa.

Después me enteré de que mi not-so-platonic también tenía pretensiones de ser escritor y que conocía a Samperio en persona pues había tomado talleres con él. Me lo recomendó mucho. También me prestó el libro Ventriloquía inalámbrica, que me encantó.

Aunque este hombre —un niñote que presumía “de cierta edad”, como decía él— se enojó porque, según él, le maltraté esa primera e inconseguible edición. Lloré tanto con la “Advertencia sobre nada” que le escribí a Guillermo Samperio para pedirle permiso de publicar un fragmento.

El taller de Guillermo Samperio

Fui al taller literario de Guillermo Samperio en su casa. La pasé bien; era una persona muy agradable.

Tuve complicaciones por mi horario de trabajo, y al poco tiempo rompí con el zoquete violento que borré de mi currículo amoroso. Al día siguiente de esa afortunada ruptura recibí un comentario de mi hoy esposo en este blog, y a las tres semanas vine a León, Guanajuato, sin saber que ya no me iría.

Es terrible leer, en el periódico en que trabajas, que murió alguien a quien conociste casi por error, por casualidades literarias y tecnológicas que no se repitieron.

Descanse en paz.

Ventriloquía inalámbrica, de Guillermo Samperio

Ventriloquía inalámbrica, de Guillermo Samperio, fue publicada por Océano en 1996. Es uno de esos libros que justifican muy bien la palabra “inconseguible” cuando una habla de ciertas ediciones que pasan de mano en mano como si fueran reliquias, préstamos peligrosos o pequeños objetos de culto.

El siguiente fragmento de “Advertencia sobre nada” fue reproducido con autorización escrita del autor.

Advertencia sobre nada, fragmento

Las luces iluminan el escenario circular y sale una mujer de aspecto parecido al de todas las mujeres, vestida de mallas negras, payasito azul metálico y dos peinetas doradas contra la cabellera castaña; el maquillaje le delinea con exactitud y claridad el rostro bello. La música árabe emerge desde los instrumentos de una orquesta oculta; la mujer lleva a cabo una serie de movimientos entre dancísticos y gimnásticos hasta que se detiene. Y comienza a entrelazarse a sí misma; de pronto, de su cuerpo brotan piernas y brazos creando nudos y tejidos humanos, figuras complicadas y elásticas, o sencillas y maleables, que se suceden con aparente facilidad y que el público admira con una copa en la mano. La música va perdiendo intensidad y la mujer va volviendo a su aspecto parecido al de todas las mujeres; luego de los aplausos, desaparece hacia algún lugar desconocido. Uno se queda con la sensación de lo evanescente, del ensueño, de la nada.

Ante esto, uno podría argüir que una mujer importante, fundamental, es la ejecutiva, o una químico farmacobióloga, y sin lugar a dudas tendremos razón, pero únicamente en parte. ¿Qué sería del Distrito Federal sin sus contorsionistas? ¿Una ciudad triste, austera, proclive al juego del suicidio, pues habría que prescindir también de equilibristas, enanos cómicos, baladistas que se disfrazan de luces, escultores que fabrican esculturas parlantes y móviles, ventrílocuos, mimos ambulantes y otros individuos acostumbrados a meterse en el ocio de los demás no solo para causar admiración y envidia…? Bueno, al parecer el Ventrílocuo se alejó de su despropósito, pero no hay problema porque ha ido caminando de una punta de la nada a la otra, ayudándose de una larga vara de palabras y aún no existe la más remota seguridad de que llegue a la lejana plataforma.

Las personas mencionadas hasta aquí y las similares ausentes tienen el don de formar realidades desde lo ficticio, lo improbable, lo hipotético y lo falaz. Después de que uno testimonia sus actos, no queda nada, y al respecto no pasa nada porque al final de cuentas ellos vuelven a su estado natural: la nada. Si la contorsionista pudiera escribir o dibujar sus nudos y sus tejidos, no cambiaría nada, ya que siempre estaría yendo y viniendo de lo imaginario a las realidades y de estas a aquel. Algo similar sucede con las bailarinas, los poetas, los ventrílocuos. Usted los ve pasar en las realidades, comen, visten, aman, se disgustan, mueren y tienen un aspecto parecido al de la humanidad. Lo que une y divide a unos y a otros es el espacio donde se funden el ocio y la nada, en un tiempo que surge de manera fantástica para desaparecer de inmediato, como una pantomima, un pase de baile, una mueca, un verso, el acorde de una guitarra.

El ventrílocuo hace hablar a otros con una sola voz y el escritor crea lo mismo, aunque tenga la costumbre de utilizar sucesivos varios otros, inventándoles la voz. El asunto no hace variar en el fondo nada. Habría que reconocer, por otro lado, que si un ventrílocuo deseara aventurarse en un proyecto similar al del novelista*, resultaría una aventura extravagante. Ahorita mismo usted no está leyendo rigurosamente a Guillermo Samperio, sino a uno de los muñecos de su tocayo, el ventrílocuo Guillermo Samperio, y no me sorprende ni me angustia saberme moviendo la boca con la voz de este. Al fin y al cabo es mi profesión, oficio, entretenimiento, fatalidad, truco, determinación.

La confesión anterior le hará entender un poco más por qué hablo así, de estos temas y de mis compañeros como si se trataran de uno solo, tragaespadas y poeta lo mismo, novelista y lanzapuñales una misma persona, cantante y arquitecto una misma zona de influencia y movilidad. Y lo comprenderá mejor al saber que ese es mi mundo. Viajo en la oscuridad de la maleta de Samperio y estoy bien así. Me acomodo en las bambalinas que ambos compartimos y donde sus habitantes lloramos al divino mago Zobek, quien perdió la vida en una quimera del espacio, intentando sacar realidades del vacío, del hueco, de la sombra. Cuyo orificio llenó la ociosidad de los que no son magos ni ilusionistas. Ese es mi mundo y allí también soy feliz, pues no solo el sufrimiento, el escándalo, la frivolidad, la extravagancia, nos mueven con cuerdas invisibles.

He oído decir que le tienen lástima o compasión al que se acuesta sobre vidrios; suponen que en casa el hombre tiene por lecho un colchón de botellas rotas. No los miren así ni los vean como seres excéntricos. Las personas que se horrorizan y dejan escurrir expresiones de filantropía, mejor que no los visiten; cierren los ojos cuando la espada vaya entrando al cuerpo desde el cielo; cierren el libro cuando el puñal esté viajando hacia los costados de la ayudante del prestidigitador, mi amiga íntima. Que mejor se alejen con la gasa sobre el rostro, los calcetines muy limpios, el ademán dibujado.

Antes de proseguir, quiero disculparme por la anterior arenga, pues de cualquier modo nada cambiaré con ella, como no se ha podido modificar la antigua ruta que nos ha traído hasta el filo del siglo veintiuno. Por otro lado, mi cólera surgió de recordar al valiente Zobek, quien fue amigo mío y de Guillermo. Hoy nadie lo recuerda ni le ofrece homenaje ni reconocimiento alguno.

Ahora, es momento de que usted juzgue si vine de la nada o si nada tiene que decir al respecto; independientemente de lo que usted responda, tengo el gusto de haber existido en estas hojas, de haber podido expresarme y de que me escucharan un rato. Si el que me hace viajar en su engañosa maleta no hubiera escrito esta “advertencia sobre nada”, yo hubiera sido un puñal nunca lanzado, un nudo de mujer nunca intentado. Sé que a veces se nota que Samperio mueve la boca cuando me manipula, pero si yo no tuviera esa ventaja, él nunca diría nada.

*En la Edad del Bronce, el escritor no escribía; contaba una misma historia o elegía alguna de entre su pequeño repertorio. En su raíz, fue un ventrílocuo de sí mismo; la historia del drama tiene un origen semejante hasta alcanzar su perversión mayor en la telecomedia.

Guillermo Samperio, Ventriloquía inalámbrica, Océano, 1996, primera edición, pp. 16-20. Texto reproducido con autorización escrita del autor.

Por qué recuerdo a Guillermo Samperio

Recuerdo a Guillermo Samperio no solo por sus libros, sino por esa forma extraña en que la literatura se cruza con la vida cotidiana: un muro de Facebook, un comentario inesperado, un libro prestado, una visita a un taller, una ruptura amorosa, una ciudad nueva, un blog que sobrevive a sus propias migraciones.

A veces una no conoce a los escritores por la vía solemne de las bibliotecas y las mesas redondas, sino por accidentes. Y esos accidentes, cuando tienen algo de literatura, se quedan.

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Preguntas frecuentes sobre Guillermo Samperio

¿Quién fue Guillermo Samperio?

Guillermo Samperio fue un escritor mexicano nacido en la Ciudad de México en 1948. Fue narrador, guionista, productor y autor de cuentos, novelas, ensayos, literatura infantil, poesía y crónica.

¿Qué libros escribió Guillermo Samperio?

Guillermo Samperio publicó numerosos libros a lo largo de su carrera. Entre ellos se encuentran Miedo ambiente, Gente de la ciudad, Cuaderno imaginario, Cuentos reunidos y Ventriloquía inalámbrica.

¿Qué es Ventriloquía inalámbrica?

Ventriloquía inalámbrica es un libro de Guillermo Samperio publicado por Océano en 1996. En esta crónica aparece a partir de un ejemplar prestado, una lectura personal y un fragmento reproducido con autorización escrita del autor.

¿Qué relación tuvo Guillermo Samperio con TodoMePasa?

La relación fue breve e inesperada: surgió a partir de un comentario de Guillermo Samperio en Facebook, un intercambio epistolar llamado Ensoñaciones y una visita de la autora de TodoMePasa a uno de sus talleres literarios.

¿Cuándo murió Guillermo Samperio?

Guillermo Samperio falleció el 14 de diciembre de 2016 en la Ciudad de México.

Conclusión

Guillermo Samperio llegó a mi vida de manera accidental, como tantas cosas que terminan importando más de lo previsto. Lo conocí por Facebook, por un texto, por una respuesta inesperada y por un libro que después se volvió recuerdo.

Hoy este post queda como una pequeña correspondencia rescatada: una prueba de que, a veces, la literatura también ocurre en los lugares menos solemnes. Incluso en un muro de Facebook lleno de contactos de Mafia Wars.