Héctor A. Ortega

Certificado educativo rápido, casi instantáneo

Certificado de educación:

Cuando el patrón exige documentos a la brevedad

Saga: “Escuela, ¿para qué?”Héctor A. Ortega

  La educación para adultos tiene un objetivo: Otorgar servicios de alfabetización, primaria y secundaria para adultos y jóvenes a partir de 15 años, quienes por diversas circunstancias no pudieron estudiar cuando debieron hacerlo y, en consecuencia, se encuentran en situación de rezago educativo. A menudo llegan a la escuela personas que dejaron de estudiar hace veinte, treinta o cuarenta años. Hombres y mujeres cuya vida se ha construido con trabajo arduo sin que esto les exigiera poseer una educación formal. Algunos apenas cursaron un año de primaria. Y los más afortunados llegaron a tercero de secundaria, sin que lograran obtener el certificado. Sin embargo, sus realidades los situaron en momentos en que la escuela quedó en una posición inferior y solo una necesidad los mueve a regresar a las aulas. Destaco que esa necesidad es siempre laboral. Son muy pocos, casi nulos, quienes lo hacen buscando redimirse de la ignorancia. Hace un tiempo una mujer se acercó a pedir apoyo para obtener el certificado de primaria. Se trataba de una señora mayor que, según me confió, es responsable de un nieto que cursa el bachillerato en la misma escuela donde trabajo. La señora necesitaba su certificado de primaria, o de lo contrario perdería su trabajo.

Le expliqué que existía la posibilidad de obtener el certificado presentando un solo examen, pero eso tiene cierta complicación.

Es cosa de estudiar un par de meses antes de presentar la prueba, aclaré. “Pero yo nunca fui a la escuela, qué voy a saber para presentar ese examen. Además, necesito mi certificado a más tardar para el viernes; si no, me corren”. Le aclaré que mi trabajo consiste en apoyarla para que aprenda algo antes de presentar la prueba. Aunque, por otro lado, aun cuando hiciera el trámite de registro en ese instante, tanto la solicitud del examen, su presentación y (suponiendo que acreditara) la expedición del documento, llevan un proceso cuyos tiempos están definidos con precisión. Con evidente desánimo, la señora prometió regresar en un par de días a entregar sus documentos. Por supuesto, no lo hizo. Apenas al inicio del ciclo escolar me avisaron que un joven exigía hablar conmigo. “Necesito saber qué pide para terminar la primaria”, me dijo con decisión. Después de ofrecerle toda la información, me confió: “No sé leer ni escribir, pero necesito urgentemente el documento.” ¿Y para cuándo lo necesita?, pregunté. “Para mañana”. Ya he dicho que los años me han vuelto inmune a respuestas que, de tan increíbles, se tornan absurdas. Aclaro que no es la primera vez que una persona requiere el documento con tal premura. Con serenidad le hice saber que para mí es imposible hacer en veinticuatro horas lo que la gente no ha hecho en años. Además, enfaticé: ¿Cómo pretende que le ayude a tener un certificado si usted mismo me dice que no sabe leer y escribir? Luego de pensarlo me hizo saber que ya había estado en un círculo de estudios de INEA, pero nunca logró aprender. Le propuse revisar su situación académica. Tal vez pueda ayudarlo, pensé.

El avance académico arrojó que el hombre certificó la primaria en el año 2010.

No se lo dije, pero a cambio le indiqué que debía acudir directamente a la Coordinación de Zona del INEA y solicitar que revisaran su avance académico. “Hágales saber que necesita su documento de manera urgente, pero a quien lo atienda, aclárele que también le urge aprender a leer y a escribir. Dependiendo de lo que le digan regresa conmigo”. Casos como los anteriores se repiten a menudo. La necesidad lleva a las personas a buscar en las escuelas un documento, no así una oportunidad educativa. Eso es lo de menos en un ámbito laboral donde se exigen certificaciones sin importar los conocimientos.

El joven regresó días después para decirme que le iban a tramitar su certificado, pero le hicieron saber que no podían enseñarle.

“Usted ya certificó, ¿qué podemos hacer?”. Le propuse que viniera a la escuela si así lo deseaba. Aceptó, pero hasta hoy no ha venido. Recordé a la señora que también requería el certificado y, tras una breve investigación, pude encontrar a su nieto. Le pregunté qué había pasado con su abuela: “Le ayudaron a sacar el certificado en otra escuela, pero le tuvo que dar para su refresco a la chava que le ayudó. Le salió en quinientos pesos”. Me resigné a pensar que lo que la gente no ha querido o no ha podido hacer en tantos años, hay quien se lo puede hacer por unos cuantos pesos, aunque no tan rápido. Yo no. Así que puedo seguir tranquilo sin aprovecharme de las necesidades ajenas.
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Sismo en México 2017: Mi carta abierta a los mexicanos

Desde lejos de los hechos del Sismo en México el 19 de septiembre de 2017:

 
A quienes somos espectadores del sismo en México solo nos queda la zozobra. Una profunda tristeza al ver lo sucedido. Nos queda preparar ropa, despensa, agua, y llevar todo a un centro de acopio. Confiar en que la ayuda llegará a sus destinatarios. Que sirva de algo.
Y mientras, seguir estupefactos ante nuevos hechos. Siempre con el sentimiento de: ¿Qué más podemos hacer?

La distancia impide ayudar físicamente. ¿Qué más podemos hacer?

1.- Aprender y prepararnos para que, en su momento, si es necesario, actuemos rápidamente. Así como lo hicieron miles de habitantes en las ciudades afectadas por los sismos y huracanes.
2.- Aprender de la resiliencia de quienes perdieron todo su patrimonio en la Ciudad de México y estados afectados.
3.- También aprender de la fortaleza de quienes perdieron a familiares.
4.- Aprender a ser solidarios como nos enseñaron ayer miles de ciudadanos.
5.- Saber distinguir los aciertos de los desaciertos.
6.- Nunca olvidar que el día 19 de septiembre de 2017 la ciudadanía y las autoridades salieron a hacer frente, hombro con hombro, a una tragedia.
7.- Que México merece mejores oportunidades por lo que demostramos en situaciones extremas y apremiantes.
8.- No permitamos que la gente mala, que son los menos, dañe e intoxique lo mejor de los mexicanos, que es su generosidad. …

Estudiar o certificarse: Dilema de jóvenes y de algunos adultos

Estudiar para la vida, o solo conseguir un papel…

¿Educación o certificación? Ese es el dilema.

Saga: “Escuela, ¿para qué?”Héctor A. Ortega

  Con mayor frecuencia, me pregunto: ¿Quién construye el proyecto de vida de los jóvenes? ¿Serán ellos mismos, sus amigos, sus maestros, o sus padres? Es común que a la escuela lleguen personas con deseos de estudiar, de crecer, de ser alguien en la vida. El problema es que la mayoría quiere estudiar rápido, en el menor tiempo posible. Ante semejante contradicción suelo preguntarles: ¿Quieres estudiar, o sólo vienes por un certificado? La respuesta nunca es clara. A las personas les gustan los rodeos para justificar algo que los demás no necesitamos saber, pero lo evidencia su propio discurso. El último día del ciclo escolar se presentó una joven con una urgencia mayor. “Necesito mi certificado de primaria, me lo están pidiendo en el trabajo para darme un mejor puesto.” La escuché atento por quince minutos, tras los cuales le informé los requisitos para estudiar en mi escuela. Hice hincapié en la fecha del nuevo ciclo escolar. “Es que no me quiero inscribir, solo quiero que me ayude a sacar el certificado en un solo examen. Aunque sea deme un papel que diga que ya estoy estudiando. Si me ayuda, después vengo a inscribirme”. Soy un tipo que trata de ser empático, y valoro cada caso antes de ofrecer una respuesta. Este, a decir verdad, me pareció un acto cínico y comodino de una joven de apenas diecisiete años. Tras escucharla de nuevo, me centré en explicarle puntualmente en qué consiste mi trabajo: Ayudo a la gente a que aprenda. Mi trabajo no es imprimir certificados.  

De cada diez personas que llegan a la escuela, solo una se inscribe para estudiar.

No sin antes intentar persuadirme para que la ayude a terminar rápido. En un examen, enfatizan. El INEA ofrece esa posibilidad en distintos programas. Ese es su mejor anzuelo para atraer usuarios (no estudiantes) a sus círculos de estudio. El caso más reciente ocurrió hace unas horas. A la escuela llegaron una señora y un jovencito, este con un bebé en brazos. Tras explicarme la reciente paternidad del muchacho y la huida de la madre del bebé, la señora expresó sus deseos de que su hijo estudie y se siga preparando. “Quiero que se inscriba en la preparatoria y que termine una carrera. Va a ser padre soltero y tengo que apoyarlo aunque sea con esto”. Tras escuchar un discurso motivacional, le expliqué los requisitos para inscribirlo aclarando que si el muchacho quiere estudiar puede hacerlo en año y medio. “¿No puede ser en menos tiempo?”, replicó la señora. Le expliqué otra opción para hacerlo en nueve meses considerando que su hijo no cursó un solo grado de la secundaria. “Es que yo necesito que certifique en un solo examen porque la siguiente semana lo quiero inscribir en la prepa”. Este tipo de respuestas no me sorprenden. Por el contrario, me resultan comunes. Entonces una pregunta me ronda en la mente: Si su hijo no ha estudiado un solo grado de la secundaria, ¿cómo pretende que obtenga un certificado? Le hice una propuesta: Evaluar al muchacho en un simulador de examen; cuarenta y ocho preguntas, dos tercios son de español y matemáticas. Si lograba treinta y seis aciertos, me comprometía a inscribirlo en el Programa Especial de Certificación (PEC). El joven terminó la evaluación en menos de 15 minutos con apenas seis aciertos.  

Traté de hacerles ver la importancia de obtener el certificado aunque eso implique tardarse un poco.

Ese tipo de recomendaciones también son parte de mi trabajo. Y suelo ser inamovible si no existen los argumentos para llevarme a pensar lo contrario. La señora, ya un tanto molesta, tomó el fólder en que llevaban los documentos y recriminó mi actuar puntualizando que estoy ahí para ayudar a la gente, y no para cortar sus aspiraciones. En seguida salieron del salón. Tampoco ese tipo de acciones me sorprenden. Son comunes. Cuando me quedé solo, volví a pensar: Si son los jóvenes quienes están trazando su proyecto de vida, ¿cuál será ese proyecto? En cambio, si son sus padres, ¿qué buscarán ellos para sus hijos? ¿Resolverles la vida, o hacerlos responsables? Los caminos del Señor son insondables, como indescifrable es el actuar de los padres de hoy.
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Sistema abierto como castigo paterno

Sistema abierto como castigo paterno

Saga: “Escuela, ¿para qué?”Héctor A. Ortega

  Rodrigo, Isaac y Fernando estudiaron en colegios privados antes de llegar a mi escuela. Los tres fueron expulsados de la secundaria por problemas de conducta, y como castigo sus padres los enviaron a estudiar en el sistema abierto. Su estancia en la escuela tiene una similitud: reprobaron el examen único para acreditar la secundaria, por lo que pasaron varios meses tomando clases y presentando exámenes antes de obtener el certificado. Para los tres muchachos estudiar en el sistema abierto representó una vergüenza que les hizo pensar en la pérdida de estatus frente a sus ex compañeros, amigos y familiares. Al realizar la entrevista de inscripción y registro, el discurso de sus padres fue similar: se trataba de algo vergonzoso pero necesario, pues tal vez les serviría de lección para valorar lo que se les había dado y no aprovecharon. Para los muchachos responder los módulos, estudiarlos y presentar exámenes resultó un martirio en el que siempre mediaron las bromas, los intentos de soborno y la compra de calificaciones ante los aplicadores. Aunque los tres jóvenes siempre demeritaron el modelo educativo, tiempo después de su salida un cuarto amigo se presentó en la escuela a solicitar el servicio recomendado por ellos. La consigna siempre fue la misma: estar ahí por castigo, la posibilidad de presentar el examen único y obtener el certificado en el menor tiempo posible. Al final, esta escuela que está dedicada a la atención de niños, jóvenes y adultos en condición de rezago educativo (los relegados por el sistema), en los últimos años se ha convertido en una opción incluso para quienes gozan de un poder adquisitivo alto.

Rodrigo, Isaac y Fernando concluyeron la secundaria en tiempos diferentes: ocho meses, un año y dos años, respectivamente.

Los padres de Rodrigo son directivos de una empresa importante a nivel nacional. Sin embargo, la responsable de su educación es su abuela materna, quien fue profesora hace años y se encuentra peleada con la idea de que una persona no estudie. A sus 16 años, Rodrigo se dedica a la compraventa de automóviles con ayuda de su hermano mayor. Actualmente estudia la preparatoria en el sistema abierto, en una escuela de paga. Apenas ha logrado acreditar seis materias. Isaac ingresó a estudiar al Colegio de Ciencias y Humanidades. Sus estudios corren por cuenta de su abuela pues sus padres ya no confían en él. A sus 18 años está por ingresar al cuarto semestre. Debe varias materias que de no acreditar le costarán la baja definitiva de la institución. Confía en que logrará acreditar todas las materias. Fernando, a sus 17 años, es el encargado de una boutique para automóviles que abrió con financiamiento de su padre. A pesar de que consideró a Rodrigo como su enemigo en el tiempo que coincidieron en la escuela, ahora es quien arregla los autos que este compra y está próximo a vender. A pesar de la insistencia de sus padres, no piensa seguir estudiando mientras el negocio le deje dinero. ***********

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Colegio: el costo de la educación

Colegio: el costo de la educación

Saga: “Escuela, ¿para qué?”Héctor A. Ortega

  Valeria y Andrea son alumnas promedio de un colegio particular en Ciudad Satélite. Valeria tiene 10 años y terminó cuarto de primaria. Su hermana tiene 13 años y concluyó segundo de secundaria. Una oferta laboral orilló a la familia a considerar su traslado a la ciudad de Querétaro. Desafortunadamente, el proyecto resultó fallido y la familia sigue en el Estado de México. No existe impedimento para que las dos niñas se integren nuevamente al colegio. Sin embargo, su madre escuchó sobre el modelo de escuela en casa, lo investigó en internet y concluyó que puede ser una buena opción para que sus hijas continúen sus estudios, a su ritmo y bajo su supervisión. La señora planteó esta posibilidad de estudio a sus hijas, quienes estuvieron de acuerdo en no regresar a la escuela.

Cuando la señora acudió al colegio para pedir los materiales de estudio, informó a las maestras de esta decisión, lo que llamó su atención por los siguientes motivos:

a) La capacidad de la madre para situarse como tutora académica de sus hijas. b) La poca información que la señora posee de este modelo educativo. c) El desconocimiento total sobre la institución que será responsable de certificar oficialmente los estudios, así como los mecanismos que tendrán que seguir las niñas para obtener los certificados correspondientes. Escudriñando un poco más en la decisión de la madre de Valeria y Andrea, las maestras descubren que el fondo de la decisión radica en la posibilidad de ahorrar la suma aproximada de ciento diez mil pesos anuales, únicamente en colegiaturas. A ese gasto hay que sumar el costo por uniformes, útiles escolares y libros, todos vendidos al interior del colegio. El gasto que representa tener a las niñas es una escuela privada es sumamente alto. La pregunta es: ¿La madre de las niñas será consciente de lo que implica adoptar el modelo de la escuela en casa? ¿O después de un tiempo regresará nuevamente a la escuela formal? Valeria y Andrea ya estudian en casa. En caso de ingresar a estudiar en la modalidad MEVyT 10-14, Valeria tendrá que cursar nueve módulos. Andrea, por la edad, por lo pronto no podrá inscribirse en el sistema abierto del INEA. Tendrá que esperar a cumplir los 15 años para poder presentar los exámenes con los que puede obtener el certificado de secundaria. Su madre está reconsiderando la situación y ha evaluado la posibilidad de regresar al sistema escolarizado pero en una escuela menos cara. ***********

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Educación en casa: El exitoso caso de Santiago

Educación en casa: Santiago

Saga: “Escuela, ¿para qué?”Héctor A. Ortega

  Educación en casa: Santiago está por cumplir 15 años y nunca ha ido a una escuela. Para él no es problema pues sus conocimientos se comparan con los de un joven universitario promedio. Por circunstancias provocadas por sus padres, él nació en México aunque a los pocos meses fue enviado con su madre a Chile donde vivió con sus abuelos durante los primeros años de vida. Apenas llegó a la edad escolar, los abuelos paternos lo llevaron a Argentina donde creció gozando de lo necesario que requiere un niño para ser feliz. ─Lo mejor era no ir a la escuela ─comenta como si se tratara de una travesura. ─¿Qué hacías entonces? ─pregunto con curiosidad. ─Jugar a la pelota, ver televisión, ayudar a la vieja a hacer la comida, ayudar a limpiar, comer golosinas. Cosas que hacen a los niños felices. Aprendí a leer y escribir a través del juego. Mi abuelo me enseñó a identificar las cosas con letras que luego me hacía escribir en la arena. ¿Sabes que la primera vez que escribí mi nombre lo hice sobre la arena? No usaba lápiz y libreta. Escribía en la caja de arena usando mi dedo, en el tronco del árbol con una punta de fierro, en la banca del parque con la navaja del viejo, en la pared de un cuarto con un trozo de tiza. Fue hasta que vi a mi abuela escribiendo recetas de cocina y recados del teléfono que quise escribir como grande y le pedí al viejo que me comprara un cuaderno y un lápiz. Ni lo dudó. De inmediato me tomó de la mano y salimos a la tienda. Para practicar la lectura mi abuelo me compraba cómics que después de leer comentábamos por horas o días, hasta que traía algo nuevo. Durante un tiempo se fingió ciego y diario tenía que leerle el periódico con todo y anuncios. [caption id=\"attachment_1697\" align=\"aligncenter\" width=\"470\"]\"Educación Educación en casa: Santiago adquirió conocimientos escolares gracias a su abuelo.[/caption]

Educación en casa con el viejo

─¿Cómo lograste adquirir los conocimientos que ahora tienes? ─Porque un día le pedí a mi abuelo que me metiera a la escuela. Me respondió que las escuelas eran sitios muy aburridos donde los chicos tenían que ser como soldaditos que no podían hacer nada si un general no lo autorizaba. El viejo se inventó toda una historia que yo me tragué completa. ¿Entonces como voy a aprender? No quiero ser un burro de grande. Mi abuelo sólo me miró y dijo que yo sabía mucho más que otros chicos de mi edad pero que si quería aprender él podía enseñarme. Al día siguiente montó una escuela en la estancia. Una escuela a la que yo podía llegar a la hora que quisiera. No había horarios pero sí una regla: lección empezada, lección terminada. Había jornadas extenuantes pero si por algún motivo yo me encontraba indispuesto tres, cuatro o cinco días, nadie exigía que retomara los estudios. Un día quise probarme y comencé a retar a los chicos del parque a que explicaran fenómenos naturales, pasajes de la Historia, a que hicieran cálculos. Les gané a todos. Luego escuchaba lo que decían sobre las tutoras de la escuela, sobre lo aburrido de ir a clases y entonces deseché definitivamente la idea de ir a la escuela. [caption id=\"attachment_1698\" align=\"aligncenter\" width=\"470\"]\"Educación Educación en casa: Carlos Santamaría Díaz, el niño químico.[/caption]

Carlos Santamaría Díaz, el niño químico

─¿Y qué te orilló a venir a esta escuela particularmente? ─Mi abuelo murió hace tres años y mi abuela el año pasado. Al enterarse, mi madre me invitó a venir a vivir con ella. Tenía la opción de regresar a Chile pero la idea de conocer el lugar en que nací me resultó más atractivo. Mi madre es arquitecta, la he seguido en su trabajo y lo que hace me atrae para hacerlo también, el problema es que no tengo el documento para estudiar formalmente acá. Mi madre prometió investigar qué se puede hacer, pero el trabajo es absorbente. Hace unas semanas supe por la televisión el caso de Carlos Santamaría Díaz, el niño de 9 años que estudia en la Facultad de Química de la UNAM. Me interesó y me puse a investigar cómo le harían sus viejos para que el niño obtenga el documento. Me dijeron del programa 10-14, aunque él todavía no lo tiene por la edad. Así llegué acá. Santiago me explica su deseo de obtener el certificado en un solo examen e intentar hacer lo mismo con el documento de secundaria. Le explico que por su edad tendría que cursar todos los módulos, en un tiempo que va de seis meses a un año, que no puede hacer el examen único, pero existe otra opción: que acuda a la escuela a estudiar el modelo, a familiarizarse con los módulos, a tomar algunas clases y en tres semanas, cuando ya tenga los 15 años, presente los exámenes. La idea parece motivarlo sobre todo porque será la primera vez que pise una escuela formal. Le explico que la escuela es especial y no tiene que ver con el resto de las escuelas. Acepta la propuesta y al siguiente día se presenta en el horario convenido. Sin embargo, Santiago no está acostumbrado al rigor de los horarios y al cabo de una semana me pregunta sobre otra opción para familiarizarse con el modelo educativo. Le propongo que revise los módulos en línea y le ofrezco una asesoría rápida para que pueda ingresar a la plataforma. Llenamos los documentos de registro y acordamos una fecha probable para presentar el examen para acreditar la primaria que, dicho sea de paso, en realidad se trata de tres exámenes.
Un ejemplo exitoso de educación en casa
Santiago se presentó a realizar sus exámenes de primaria. Aprovechando que ese fin de semana el INEA impulsó una jornada de incorporación y acreditación, el muchacho pudo presentar el primer y segundo examen de primaria el viernes, el tercer examen de primaria el sábado y los dos exámenes para secundaria el domingo. Una semana después le doy a conocer acreditado todos los exámenes. Concluyó los niveles intermedio y avanzado, es decir, obtuvo los certificados de primaria y secundaria en un solo fin de semana. Tres meses después le hago entrega de sus documentos y con una sonrisa me dice que ya está preparando el examen del Ceneval para obtener el certificado de preparatoria. Si todo sale bien, a finales de año ya estará en la universidad. Promete regresar a informarme si logró el objetivo.   ************ Si te interesa estudiar o acreditar tus estudios y vives en la Ciudad de México o en el Estado de México, ponte en contacto con el autor Héctor A. Ortega al correo: profesorhector_ao@hotmail.com]]>

Homeschooling

Modelo Homeschooling; ¿Escuela, para qué?

HOMESCHOOLING

 Héctor A. Ortega

Saga: “Escuela, ¿para qué?

 
Imanol tiene 11 años. Es un niño de tez blanca, ojos verdes y cabello revuelto. Su madre no pierde la oportunidad de peinarlo con la mano a la primera oportunidad. Para la entrevista viste una enorme playera de futbol de la Selección de Francia, pantalones rasgados de las rodillas y tenis con los cordones desamarrados.
─¿A poco esas señoras estudian aquí? ¬─pregunta con soltura señalando a un grupo de mujeres que toma clase en la sala de cómputo.
Le explico que la escuela está destinada a atender a personas mayores de 15 años que por alguna razón, la que sea, no pudieron iniciar, continuar o concluir los estudios de nivel básico en la edad que tuvieron que hacerlo.
Imanol abre la boca expresando sorpresa y de inmediato se retira hacia donde está su hermano. Ambos comienzan a hurgar en la pequeña biblioteca que está en una esquina del salón. Su madre parece tomar un respiro y mientras se acomoda a su hija sobre las piernas, me explica los motivos por los que le interesa que el niño entre a la escuela:
─Imanol cursó el primer grado de primaria en un colegio de Huixquilucan, en el Estado de México. Ahí aprendió a leer y escribir muy bien y pasó a segundo grado sin problemas. Noté que el niño no estaba concentrado en sus estudios, que se dedicaba solo a jugar, a dibujar, a ver televisión y a leer cosas que no tuvieran relación con la escuela.

Modelo Homeschooling como alternativa ante la exclusión escolar

─Un día la miss me llamó para decirme que el niño sufría de TDAH. Eso ocurrió en el tiempo en que todos los niños, de todas las escuelas, en todo México, fueron diagnosticados con el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad.
Como ella no se sentía capacitada para tratar con Imanol, me sugirió solicitar a la institución un cambio de grupo. Así lo hice. Un par de meses después la nueva miss me llamó para decirme que el niño sufría de Asperger y necesitaba llevarlo al psicólogo. Pedí a la dirección del colegio que me apoyaran con una valoración por parte de la psicóloga y pasados unos días ella me dijo que lo tomara con calma, que el niño tenía características de superdotado, que fuera muy paciente porque él se iba a aburrir mucho en la escuela.
Pero ninguna de las tres me explicó qué tenía que hacer para ayudarlo. La única vacuna que ellas se pusieron fue la de la exclusión hacia mi hijo. Al final del ciclo escolar el niño salió aprobado en todas las materias y con un promedio envidiable, pero en realidad el niño no sabía absolutamente nada.
Al siguiente ciclo escolar lo cambiamos de escuela y rápidamente su conducta comenzó a ser un problema porque no es un niño capaz de permanecer muchos minutos en un solo lugar o de pasar periodos prolongados realizando la misma actividad. A mitad del ciclo escolar lo tuve que cambiar de escuela y, en la nueva, la historia se repitió.

Modelo Homeschooling

─Decidí sacarlo definitivamente pero no quedarme de brazos cruzados. Buscando alguna solución en internet, encontré el modelo Homeschooling, lo investigué y concluí que yo misma podría ser la maestra de mi hijo, solo necesitaría materiales y alguien que posteriormente me ayudara a conseguir el certificado.
Mi esposo estuvo de acuerdo. Con el tiempo, lo único que se me complicó fue enseñarles matemáticas, pero para eso metí a Imanol y a su hermano a Kumon. Eso ha facilitado muchísimo mi trabajo. Para los temas de historia o ciencias procuro acercarlos a los museos, ver documentales.
Creo que la educación que están adquiriendo es buena, pero ahora solo falta obtener el certificado y para ello una persona nos sugirió venir a su escuela.
 

Requisitos

Le comento que a diferencia de lo que se menciona en los sitios de Homeschooling, los niños de la edad de Imanol no pueden obtener el certificado en un solo examen. Que es requisito hacer primero un examen diagnóstico con el que se solo se validan primero y segundo de primaria. Y una vez acreditado este examen, se tienen que cursar nueve módulos en línea.
La mamá de Diego parece hacer memoria y tras unos segundos de reflexión pregunta: ¿Así como lo hizo Suri? Hago memoria sobre quién es Suri y al recordarlo le digo que sí, que el procedimiento será el mismo. La señora me pide hacer el registro de su hijo. Mientras preparo la documentación, Imanol y su hermano de 9 años ayudan a las señoras a realizar algunos ejercicios de los módulos que se encuentran cursando en línea.

La ortografía, una debilidad del modelo homeschooling

Imanol presentó el primer examen diagnóstico reprobando un módulo donde la lectura de comprensión y la ortografía son básicas. Al enterarse del resultado su mamá se alarma, pero está consciente que la ortografía es una debilidad, incluso para ella. Promete ponerlo al corriente si yo me apresuro a entregarle un temario.

Semanas después la señora me pide que asesore a Imanol una vez por semana, de ser posible, de manera individual aunque ella pague ese servicio de forma privada.

La ausencia de Imanol en la escuela se ha prolongado por varios meses. Después de insistir, su madre me responde un mail avisándome que se encuentra delicada de salud debido a un embarazo riesgoso, por lo que ahora es imposible que su hijo asista a la escuela a recoger sus libros para estudiar y poder presentar los exámenes reprobados.

Dos meses después recibo una llamada. La madre de Imanol me dice que su hijo está en la posibilidad de presentar los exámenes, mismos que programo el siguiente fin de semana. El niño se presenta puntual. Acredita ambos módulos con calificaciones aceptables y le hago saber que en diez días puede ir a darse de alta en la modalidad en línea, por lo que necesitaré que acuda nuevamente a recibir la capacitación para estudiar bajo esta modalidad. No se presenta a la asesoría.

Misión imposible

La madre de Imanol me informa, vía telefónica, que sufrieron un robo en su casa, por lo que están viviendo en otra ciudad. Pero si puedo recibirlos la siguiente semana, ella se compromete a llevar a su hijo a la escuela. Acordamos la fecha y la hora, y se presentan puntualmente.
Estamos a punto de salir de vacaciones, Imanol está por cumplir diez meses en el sistema y sólo ha logrado acreditar tres módulos. El objetivo planteado para que el niño concluya la primaria en un año será imposible de cumplir.
Imanol quiere ser futbolista, me confía antes de despedirse.

Debate EdoMex 2017: La lucha por la joya de la corona

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Debate EdoMex 2017: La lucha por la joya de la corona 

Texto: Héctor A. Ortega, autor invitado

\"PRI,
Candidatos en el Debate EdoMex 2017: PRI, Alfredo del Mazo; del PRD, Juan Zepeda; del PT, Oscar González; por Morena, Delfina Gómez; del PAN, Josefina Vázquez Mota y la independiente Teresa Castell.

Se dice que el Estado de México es \’el gran laboratorio electoral\’ del país y que su elección de gobernador decide lo que ocurrirá en las elecciones presidenciales para el siguiente año. Nada más falso en casi dos décadas. Antes del año 2000 la renovación de alcaldías construyó un gran corredor azul (de Tepotzotlán a Naucalpan) donde el PAN se posicionó con fuerza. En 1999, sin embargo, Arturo Montiel y la maquinaria priísta no permitieron que el fenómeno azul, encabezado por José Luis Durán Reveles, forjara la primera alternancia en la gubernatura. Un año después, la victoria de Vicente Fox Quezada resultó apabullante. El ánimo priísta no logró encontrar explicación en tan contundente fracaso. Las tropelías de Arturo Montiel, evidenciadas oportunamente, no sólo ayudaron a fortalecer el corredor azul en la elección de presidentes municipales, sino que apareció el PRD como tercera fuerza política ganando algunas alcaldías importantes. En 2005 muchos afirmaron que Enrique Peña Nieto se perfilaba para  ser el gran perdedor. Esto no logró consumarse pues ni Rubén Mendoza Ayala, ni Yeidckol Polevsky, hicieron mella en la guapura del candidato del PRI. En 2006, Felipe Calderón reafirmó que el Estado de México no dicta absolutamente nada en la decisión nacional. En 2011 y 2012, a pesar de los señalamientos de corrupción contra Enrique Peña Nieto, ambas elecciones fueron para el PRI. El deseo de que un rayito de esperanza abriera un nuevo camino, ahora es un recuerdo. Hoy, nadie puede proclamarse ganador en el EdoMex y menos cuando ningún partido se salva de la corrupción. Las encuestas, grandes charlatanas, ya no sirven para predecir sino para inducir al voto. Desafortunadamente, estas y algunos medios de comunicación, serán las que lleven al electorado a su propio matadero el 4 de junio.
Imagen: Seunonoticias.mx


Héctor A. Ortega escribe en el blog http://theplanetmf.blogspot.mx/. Actualmente colabora con TodoMePasa.com con la saga \”Escuela, ¿para qué?\”, donde trata temas educativos.
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