Héctor A. Ortega

Bullying en México: Un motivo para educar a tus hijos en casa

Bullying en México

Bullying en México: Emilia

Saga: “Escuela, ¿para qué?\”Héctor A. Ortega

Emilia acaba de cumplir doce años. Su aspecto bonachón contrasta con la seriedad que adopta cuando responde mis preguntas. Parece hacer un esfuerzo sobrehumano. Algunas veces, incluso, se toma el tiempo de voltear hacia sus padres buscando autorización para responder ciertas preguntas. Ellos tratan de animarla a tomar la iniciativa. Pero llega el momento en que la niña se echa la frondosa cabellera rizada sobre la cara. Así avisa que no está dispuesta a continuar con la entrevista.
Su padre es un hombre de aspecto serio pero afable. Me confía que Emilia se ha vuelto retraída. No le ha ido bien en la escuela a pesar de ser una niña muy estudiosa y extremadamente dedicada.
─¿Qué le pasó? ─pregunto.
─Emilia sobresalió en las actividades escolares desde pequeña. Siempre animosa y participativa parecía hacer todo con una facilidad inaudita. Le gusta la escuela. Nunca mostró esa pesadez que caracteriza a otros niños cuando se trata de levantarse temprano para ir a clases. Cursó los primeros grados de manera sobresaliente.

Deserción por bullying o acoso escolar

─Pero en cuarto grado comenzó a sufrir agresiones por parte de sus compañeras. La tachaban de barbera con las maestras. Poco a poco las niñas la fueron condicionando a bajar su rendimiento y no mostrar entusiasmo en las actividades escolares. Por obvias razones las calificaciones bajaron y el promedio se desplomó. La situación se tornó tan hostil que ella misma nos pidió que dejáramos de llevarla a la escuela. Accedimos con la advertencia que el siguiente ciclo escolar tendría que regresar. Vimos en ese receso la oportunidad de que mi hija tomara un descanso.

Sin ganas de regresar a la escuela para evitar el bullying

─Por la naturaleza de mi trabajo y el de su madre, comenzó a acompañarnos a viajes. Se relacionó con adultos que están estudiando posgrados. Esto la motivó para regresar a la escuela. Pero cuando llegó el momento de inscribirla en el nuevo ciclo escolar, la niña se mostró muy renuente a regresar. Decidimos ingresarla en una escuela diferente. Le costó trabajo comenzar de nuevo. Lentamente fue recobrando la confianza. Desafortunadamente su dedicación generó celos entre varios compañeros.

Bullying y agresiones físicas

─Nuevamente hubo agresiones que al no encontrar respuesta se fueron incrementando al grado de llegar al maltrato físico. Es complicado para ciertos niños aceptar que existen otros a los que sí les apasiona la escuela. Hay quienes trabajan diariamente por aprender, que son constantes por decisión propia. Y, sobre todo, que entienden la importancia de los estudios. Esto último tal vez fue aprendido indirectamente: Su madre y yo estamos dedicados a la investigación. Siempre hemos estado vinculados con instituciones educativas.

La escuela: lugar peligroso para el bullying

─Pero también entendemos que la escuela se ha vuelto un lugar riesgoso. El docente, con múltiples tareas por cumplir, se encuentra entre la espada y la pared en los casos de bullying. Automáticamente se convierte en cómplice, protector y en ocasiones hasta precursor de la violencia. Esta última, en realidad, se genera en el hogar.

Opción: trabajar en línea desde casa

─Cuando Emilia nos confió lo que estaba ocurriendo, decidimos ir a la escuela. De mutuo acuerdo con las autoridades del plantel, encontramos la mejor solución. Mi hija trabajaría vía correo electrónico con su Miss. Sólo se presentaría a la escuela a presentar exámenes cada bimestre. Estos nunca se aplicaron en el salón de clases sino en la Dirección. Así logró terminar el quinto grado.
─¿Cómo llegaron conmigo? ─pregunté.
─Hace un tiempo, mientras estábamos en Argentina, conocimos a una educadora española. Nos habló del modelo de escuela en casa. Nos confió que ella no pisó una escuela hasta la universidad. En su caso, los motivos fueron más de índole religioso. La educación recibida de sus padres, comparada con la de los chicos que sí iban a la escuela, resultó mejor. Le comentamos el caso de nuestra hija. Ella inmediatamente nos proporcionó la información necesaria para comenzar a trabajar con Emilia.

Validación de estudios en INEA

─ Incluso, a pesar de no conocer México, la maestra nos indicó que el INEA era la institución a la que teníamos que acercarnos para validar los estudios. Desafortunadamente, la primera experiencia fue desastrosa. Recibimos un mal trato por parte de las personas a las que nos acercamos para pedir apoyo. Durante un par de semanas nos dedicamos a preguntar entre nuestras amistades o compañeros del trabajo si alguien conocía un lugar de confianza donde nos pudieran dar el servicio. Gracias a una persona de intendencia que trabaja con nosotros en la universidad, supimos de un círculo de estudios de confianza. La señora terminó ahí sus estudios de secundaria.

Plaza Comunitaria obligatoria

─Comentamos lo ocurrido en el primer sitio al que acudimos y para evitar repetir la experiencia se ofreció a llevarnos. Para nuestra mala suerte, la asesora nos dijo que para lograr la certificación de Emilia, de acuerdo a las condiciones que le planteamos, teníamos que acercarnos a una Plaza Comunitaria. Únicamente ahí podríamos encontrar el servicio en línea que requerimos para la niña. Así que buscamos en internet y dimos con esta escuela.
El señor termina de platicarme la historia de Emilia.
Me dirijo a ella. Le hago saber que al presentar la boleta de quinto grado se revalidarán 7 módulos de los 12 a cursar. Emilia sonríe tímidamente y me pregunta en cuánto tiempo podrá terminar la primaria. Esto depende de:
* La rapidez con que ella termine de contestar sus módulos.
* Que presente los exámenes que, sin excepción, son presenciales
* Y que acredite los cinco módulos restantes.
Por los viajes que sus padres tienen programados y a los que ella se suma, calculamos cinco meses. Emilia parece desinhibirse un poco. Es ella misma quien acomoda la documentación para realizar el registro.

Burocracia en el INEA

Emilia se muestra ansiosa por comenzar sus estudios. Desafortunadamente, en el INEA los trámites nunca se realizan en los tiempos mencionados. La parte burocrática hace los procesos más largos. El alta de la niña tarda tres semanas.

La ilusión de Emilia

Los primeros dos módulos los responde en dos semanas. Pero un viaje de trabajo de sus padres impide que presente los exámenes hasta pasadas seis semanas, con resultados satisfactorios. Diez días después se dan de alta los siguientes dos módulos, mismos que resuelve en quince días. Los exámenes se aplicarán una semana después. Si los acredita y se resuelve el último módulo en el menor tiempo posible, obtendrá el certificado en cuatro meses. Esto le dará la oportunidad de inscribirse en una secundaria escolarizada. Su ilusión es volver a una escuela normal.
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Si te interesa acreditar tus estudios y vives en la Ciudad de México o en el Estado de México, ponte en contacto con el autor Héctor A. Ortega al correo:
profesorhector_ao@hotmail.com

La historia de Suri

Escuela, ¿para qué?

Texto: Héctor A. Ortega

¿Qué ofrece la escuela a los niños y jóvenes de México? La mayoría de jóvenes en condiciones precarias abandona los estudios aludiendo circunstancias tan diversas como inverosímiles. Otros, con mejores condiciones, buscan opciones donde la escuela sirva únicamente como puente entre sus aspiraciones reales y un certificado. ¿Qué pasa con los que abandonan la escuela simplemente porque no les gusta? Otros la abandonan para buscar opciones que los ayuden a mejorar. ¿Qué pasa, en sí, con la escuela en México?

Suri y la escuela en México

Suri llegó a la escuela con apenas 13 años cumplidos. Se trata de una niña delgada, de tez blanca y cabello lacio. Su expresión serena contrasta con los múltiples planes que tiene para el futuro. Con hablar pausado y tono de voz de mujer mayor, me platica que estudia en una escuela de EU. Y lo hace en línea. ─¿Qué estudias? ─le pregunto mientras su mamá se concentra en la respuesta de la chiquilla. ─Estudio la middle school. ─Mi silencio la toma por sorpresa y en seguida remata: ─Es la secundaria. ─¿Y cómo estudias? ─insisto. ─A través de una plataforma. Allí están todas las lecciones, los materiales y los ejercicios que tengo que resolver. A través de webcam retroalimento todo lo aprendido con un facilitador. También tengo un tutor responsable de ir marcando mis avances. O de recordarme que voy atrasada en algunas lecciones. [caption id=\"attachment_1277\" align=\"aligncenter\" width=\"1024\"]\"Escuela Escuela en línea: La historia de Suri. Héctor A. Ortega, para TodoMePasa.[/caption]

Exámenes en Estados Unidos

─¿Quién te evalúa? ─La escuela. Pero para hacer los exámenes tengo que ir a Estados Unidos. Al responder, su rostro se torna inexpresivo. Únicamente relata lo que vive como si se tratara de algo normal. ─¿Y aquí en México, nunca has ido a la escuela? ─¡No! Es justo en este momento cuando descubro una expresión de enfado en su rostro. Su mirada se pasea por el salón con una inflexión de desagrado. ─ ¿Está muy fea esta escuela? ─ No te enojes por la respuesta pero la verdad sí, está muy fea. Su madre trata de contenerla con una mirada que intenta ser severa pero al final nos resulta divertida. ─Entonces quiero saber, ¿en qué te puedo ayudar? ¿Qué podrías aprender en mi escuela si estás estudiando algo mucho mejor? Le aclaro que a mi escuela asisten muchachos que fueron expulsados de las escuelas normales. O que nunca pudieron entrar a una cuando eran niños y lo tienen que hacer ahora, siendo adultos. Su mamá se yergue y aleja los codos del escritorio indicándome que tomará la palabra.  

Documentos en México

─Como Suri le mencionó, está realizando estudios en línea en una escuela de los Estados Unidos. Pero a su papá y a mí nos ha surgido la inquietud de que tenga sus documentos de México. Me refiero al certificado de primaria y de secundaria. Continúa: ─Nosotros no queremos que la niña asista a clases pues su carga de actividades está muy saturada. Además del curso en línea, acude a un instituto a perfeccionar el inglés. Estudia francés, asiste a natación y va a un curso de mecatrónica para niños, algo muy básico. Finaliza su explicación: ─Investigamos si en México había alguna escuela para obtener el certificado de primaria sin que ella acudiera a clases. Encontramos que el INEA tiene un curso para niños de 10 a 14 años que se puede hacer en línea. Buscamos en internet y la opción que se acomoda a nuestras necesidades está en esta escuela. A menos que usted nos diga otra cosa. Con el antecedente sobre la mesa le explico en qué consiste el modelo MEVyT 10-14 del INEA. Y algunas condiciones para la acreditación de módulos antes de obtener el certificado. Concluyen que es parecido a lo que hace con sus estudios en línea y lo consideran, incluso, más fácil. Suri mantiene su expresión sombría. Su mamá, mostrando mayor entusiasmo, prepara la documentación para realizar el registro de inmediato.  

Cinco veces en la escuela

Suri se presentó apenas cinco veces a la escuela: el día de la entrevista e inscripción; tres más para hacer exámenes y realizar trámites; y la última para recoger el certificado. Me confía que no le gustó el modelo educativo. Los módulos traen muchos ejercicios de repetición. Y las respuestas son inducidas de modo que impiden que los estudiantes puedan pensar otras opciones, sobre todo en los exámenes. Sólo es una respuesta sin margen a error. Sin embargo, está convencida que resulta muy fácil obtener el certificado y que creyó que hacerlo sería un proceso complicado. Antes de despedirse me promete que regresará en año y medio para hacer el examen de secundaria pues no piensa ingresar a la escuela normal, cuando menos en México.   ************** Si te interesa el sistema del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) y vives en la Ciudad de México o en el Estado de México, ponte en contacto con el autor Héctor A. Ortega al correo: profesorhector_ao@hotmail.com]]>

Educación para adultos: Propósito uno – Héctor A. Ortega (nuevo en TMP)

Educación para adultos:

Propósito uno

Texto: Héctor A. Ortega

 

We don\’t need no education We don\’t need no thought control -Roger Waters.

En México se le llama Educación para Adultos pero el término, en la praxis, resulta engañoso y casi siempre desconocido para muchas personas que no imaginan que la educación es un derecho que no todos han podido ejercer por diversas circunstancias, casi siempre de índole socioeconómico.

Mi nombre es Héctor A. Ortega y soy educador, específicamente de esos que trabajan en la educación para adultos. Las preguntas con las que suelo ser bombardeado cada vez que me presento son:

¿Educación para adultos, qué es eso? ¿Desde cuándo existe? ¿Están incorporados a la SEP? ¿A poco los adultos van clases? ¿Y sí aprenden?

Y una vez que me tomo el tiempo necesario aunque nunca suficiente para responder, me veo en la obligación de escuchar cosas tales como: ‘Nunca hubiera imaginado que eso existía’, ‘Qué trabajo tan complicado’, o simplemente: ‘Yo no podría hacerlo’. Y es que en realidad las personas no se toman el tiempo para asimilar que la educación para adultos no es algo extraordinario sino que se trata de una más de las modalidades que existen en el Sistema Educativo Nacional (igual a la educación especial o la educación indígena) aunque a nivel nacional está coordinada e impulsada por el Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA) y cuya finalidad es tomar en cuenta a esos grupos que no han ido de la mano de los cánones dictados por la sociedad, es decir, atiende específicamente a tres grupos: 1) Personas mayores de 15 años que no saben leer y escribir (alfabetización), 2) Jóvenes y adultos, cuya edad mínima es de 15 años, que sabiendo leer y escribir nunca han iniciado, cursado o concluido la educación básica (primaria o secundaria), y 3) Jóvenes menores de 15 años que desean concluir la educación primaria. Lo anterior me parece suficiente preámbulo para llegar a mi objetivo: el mundo escolar está plagado de historias que resultan peculiares y fascinantes y de no ser por alguien obstinado que se atreva a seleccionarlas, escribirlas y publicarlas, se van acumulando en el anecdotario de lo individual, cuyo uso regularmente es utilizado como ejercicio catártico dentro de los Consejos Técnicos Escolares donde se diluyen, o en el mejor de los casos, se reducen a simples descargas que identifican a todo el cuerpo docente transformándolo en un monstruo pasmado que parece perder la dirección. [caption id=\"attachment_1124\" align=\"aligncenter\" width=\"1024\"]\"Educación Educación para adultos: Historias del educador y escritor Héctor A. Ortega para TodoMePasa.[/caption] El caso es que hace unas semanas y tras pensarlo demasiado, volví a abrir una cuenta de Twitter únicamente con el fin de seguir a unos cuantos escritores, promesas de las letras mexicanas y en una de esas, potenciales Premios Nobel de Literatura (¿acaso los borrachines que compartían los tragos con Bob Dylan sabían frente a quién se encontraban?). Una de las primeras personas a quien seguí fue precisamente a Jéssica de la Portilla Montaño, amistad virtual que data del año 2010 y cuyas letras en ocasiones han sido mi combustible para hacer lo que me corresponde a la hora de escribir. Pues bien, después de breves salutaciones y de ponernos al corriente de los últimos años (en 140 caracteres, claro) recibí una propuesta interesante para retomar el bolígrafo y salir de mi retiro obligado. Y aquí estoy, cumpliendo el primer propósito de este ciclo: escribir porque sí. No sé si la propuesta de Jéssica se refería a esto, pero particularmente la idea de atrapar las historias que ocurren dentro de los espacios escolares llevaba un tiempo rondándome la cabeza. Historias que, estoy en la obligación de mencionar, han surgido casi todas en el ámbito de la educación para los adultos, modalidad que, por cierto, se me olvidó aclarar, no está plagada por adultos pero ese precisamente será un buen motivo para redactar algunos textos más, así que esto último lo dejaré anotado por algún lado. Creo que cumpliré con mi trabajo de cazador de historias y le cederé a ella la posibilidad de seleccionarlas y publicarlas en este espacio esperando que resulten atractivas para alguien. Tampoco prometo escribir siempre historias que giren en torno al espacio escolar ya que suelo ser indisciplinado y muchas veces termino cambiando el rumbo hacia lugares que me resultan atractivos a pesar de su sordidez. Pero eso sólo el tiempo lo irá marcando. Por ahora, sin más, aquí dejo la primera historia.
Héctor A. Ortega. Mexico, 1977.
Cuando fue niño no le gustaba leer y prefería ser vago trotacalles. La secundaria logró reencauzarle el camino y ahí comenzó su vocación por leer relatos y crónicas. La preparatoria lo convirtió en un cazador de historias mismas que se acumularon en las libretas que no usó en la escuela. Bajo una identidad secreta estudió Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus mejores lecciones las aprendió ejerciendo la profesión de educador. Sus historias han aparecido en diversas antologías como Palabras Malditas (Editorial Efímera), En el borde. Líneas y versos para emprender el vuelo. VIII y IX (Start Pro Editorial) y Rostros en la oscuridad. IV y XI (Ediciones Buuk). En TodoMePasa.com presentará historias que ocurren en la escuela y una que otra sorpresa. ************** Si te interesa el sistema del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) y vives en la Ciudad de México o en el Estado de México, ponte en contacto con el autor Héctor A. Ortega al correo: profesorhector_ao@hotmail.com]]>