Novela sobre desamor: fragmento de Eterno Domingo

Libro Eterno Domingo abierto, novela sobre desamor de Jéssica de la Portilla Montaño sobre blogs e internet antes de las redes sociales

ETERNO DOMINGO (fragmento)

Jéssica de la Portilla Montaño.

Once de la noche del mismo domingo.

Este día ha sido largo, monótono, aburrido…

Hace tiempo que me harté de que siguieras metido en mis pensamientos, jodiéndome la vida aun cuando ya no estás en ella.

Odio decir que te extraño, pero es cierto. Lo sabes. Seguro que lo sientes y que piensas en mí de vez en cuando, justo al mismo tiempo, casi en el instante en que yo lo hago.

Estamos sincronizados, ¿recuerdas? O por lo menos lo estuvimos alguna vez…

Nuestra historia se fue escribiendo sola, gracias a las casualidades que nos unían. Era común que dijeras justo lo que yo estaba pensando en ese momento, y viceversa. Siempre nos pasaba lo mismo. Incluso nos preguntaban si no seríamos primos o hermanos o parientes lejanos: los mismos ojos perversos, la misma boca y hasta la sonrisa malévola…

¿No lo recuerdas? Tú eras mi parte masculina, eras mi alma gemela, mi otra mitad, todo lo que alguna vez me hizo falta. Yo era tu mujer de turno, la parte femenina que a nadie más muestras. Una más de tantas y tantas personas a las que seguramente les dijiste:

Yo sí voy a estar contigo por el resto de tu vida.

Bla, bla, bla. Puras mamadas. Yo no sabía que tus palabras estaban ensayadas.

Te creía cualquier cosa, lo que inventaras, así se tratase del pretexto más idiota…

¿Nunca te creíste tus propias mentiras, Mónica?

Estos días son largos y yo no puedo dejar de escribir. La grafomanía se apodera de mi voluntad y mis dedos teclean hasta hacerse pedazos contra estos recuerdos.

Por hoy es todo. Éste fue un día muy largo. Hace tiempo que todo perdió sentido por completo.

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Escribir después del desamor: un fragmento de Eterno Domingo

Una relación puede terminar mucho antes de que termine su relato. A veces desaparece la persona, pero permanecen las conversaciones, las frases repetidas, los lugares, las coincidencias y, sobre todo, la necesidad de seguir organizando mediante palabras aquello que ya no puede modificarse en la realidad.

Este fragmento pertenece a Eterno Domingo, novela de la escritora mexicana Jéssica de la Portilla Montaño. En la novela, la escritura aparece con frecuencia como una prolongación de la experiencia: el blog funciona al mismo tiempo como diario, confesionario, archivo y escenario donde una relación puede continuar existiendo mucho después de haber terminado fuera de la pantalla.

Una novela sobre desamor, memoria y escritura

El pasaje se construye a partir de una contradicción reconocible: la narradora asegura estar cansada de que esa persona siga ocupando sus pensamientos, pero el acto mismo de escribir demuestra que todavía no puede expulsarla de ellos.

La escritura no constituye aquí una solución. Tampoco una forma sencilla de catarsis. Es más bien un mecanismo de permanencia. Cada recuerdo que debería desgastarse con el tiempo vuelve a fijarse mediante palabras y adquiere una nueva oportunidad de sobrevivir.

La frase “la grafomanía se apodera de mi voluntad” resume esa relación problemática entre memoria y escritura. La narradora escribe porque necesita hacerlo, pero la escritura misma prolonga aquello de lo que intenta desprenderse.

El blog como memoria externa

Eterno Domingo pertenece también a una época particular de internet: la de los blogs personales anteriores al dominio de las redes sociales. En ellos podían convivir diario íntimo, ficción, confesión, fotografías, comentarios de desconocidos y relaciones que terminaban por atravesar la frontera entre la pantalla y la vida cotidiana.

En ese contexto, publicar significaba algo distinto. No existía necesariamente una audiencia masiva ni un algoritmo capaz de distribuir inmediatamente cada frase. El blog era un espacio propio al que otros podían llegar, quedarse durante meses o años y convertirse, poco a poco, en parte de la historia que estaban leyendo.

Por eso el formato del fragmento resulta significativo. No concluye simplemente cuando termina la confesión. Concluye con:

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La intimidad ya ha pasado por una interfaz. Lo privado se transforma en publicación. El dolor tiene nombre de usuario, fecha, hora y un espacio potencial para comentarios.

Internet antes de las redes sociales

La novela utiliza ese internet antiguo no únicamente como decoración nostálgica, sino como parte de su estructura emocional. Los blogs conservan versiones anteriores de las personas: aquello que pensaron, lo que amaron, las palabras que escribieron en momentos que posteriormente pueden resultarles casi ajenos.

De esa manera, la tecnología funciona como una forma de memoria externa. Una relación puede haber terminado, pero sus rastros continúan disponibles. Las palabras permanecen allí, esperando a que alguien —incluso quien las escribió— vuelva a encontrarlas.

La paradoja es evidente: escribir puede servir para intentar cerrar una experiencia, pero también puede impedir que desaparezca por completo.

Del blog a la novela

En Eterno Domingo, esa relación entre escritura, memoria y vida digital forma parte de una narración más amplia sobre desamor, maternidad, depresión, identidad y la necesidad persistente de convertir la experiencia en texto.

El fragmento conserva deliberadamente la forma de una entrada de blog porque ese lenguaje pertenece al mundo de la novela. La pantalla no es solamente el lugar donde se escribe la historia: durante mucho tiempo fue también el lugar donde esa historia existió.

Eterno Domingo, de Jéssica de la Portilla Montaño, está disponible en Amazon en ebook Kindle (incluido en Kindle Unlimited) y ediciones impresas.

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