Liberto Guerrero

Infame corazón

Infame corazón – Liberto Guerrero He pasado los últimos mil años de mi vida deambulando como un espectro, o como su sombra, o como su feto: arrodillado, oculto, vencido y desollado. De mi pecho, cuando lo oprimo, salen ácaros y polvo nauseabundo, es un sitio deshabitado, un pueblo fantasma que subsiste de rencores ahogados con alcohol. Mi inteligencia, a falta de agua fresca, se volvió una flor marchita, sus aromas se desvanecieron y los pétalos que acompañaban mis palabras ya no llegan a mis labios, pareciera que se fueron a huelga y que solo habrán de volver cuando haya que adornar mi féretro por última vez. Y mi respiración, mi aliento, ese aire que escapa por las fauces, no puede ser otra cosa más que un débil pero sofocante viento del desierto. He vivido con miedo de levantar la voz y hacerme oír, de decir mi nombre letra por letra, aunque me sangre la lengua, y luego preguntar quién me conoce, hijos de puta; miedo de que la respuesta sea nadie, y terror también de que la respuesta sea todos. Todos conocen mi infame corazón. Me he escondido muchos siglos como un insecto bajo las piedras, o bajo el escritorio de las oficinas donde vivo, detrás de copas y copas de vino, o detrás de los archivos de un ordenador. A veces me corto las uñas y el cabello y salgo a las calles en una inútil búsqueda de sangre, de mi sangre, y de la sangre de mi sangre; pero ha quedado poco a poco salpicada en las paredes de este inframundo. Al final de la faena suspiro, contengo el llanto un momento, y después lloro por horas bajo las sábanas de mi ataúd. Por las mañanas me levanto a recoger el tiradero, azorado por el hecho de que aún queden restos de mí por amontonar, y agradecido de que cada día sean menos. Sigo adelante, consciente de que me limito a seguir los pasos que alguien más dejó estampados antes que yo. Alguien, quizá, con mejor suerte. O quizá no.  

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You only live life once

You only live life once

Texto: Liberto Guerrero

  Me rompiste el corazón. Por ridículo que suene. Lo partiste en dos, en tres, en un millón, desviaste su eje rotor. Me hiciste llorar, te culpo de todo cuanto sufra de aquí a la próxima tristeza. Te tomé a la ligera, pero no entendiste que te quiero en serio. Me dolió perderte, tanto como imagino que duele perder un miembro. Incluso, aún me hace cosquillas tu mirada aunque ya tus ojos no se posen en los míos. ¿Ya te dije que me hiciste llorar de veras? Y fueron lágrimas reales, gruesas, sin sabor a sal, como dicen que saben, aunque sí honestas. Hice pucheros cursis, amanerados, y a mi edad, imagínate; qué vergüenza. Y lo peor que además el llanto no fue como lo cuentan, no sanó nada. Sigue viva la llaga que irriga sangre a mi jardín de hierba mala. Siguen mis fantasmas preguntando por ti; y qué les puedo decir cuando mis esfuerzos fueron minúsculos, cuando es mejor así. Tiempo pasará para que pueda perdonarte por haberme amado tanto, ¿qué te hizo caer tan bajo? Todavía busco una respuesta y no encuentro una que me satisfaga. Por ridículo que suene, se me rompió el corazón, se partió en dos, en tres, se desmadró; todo por no haberte querido como hubiera querido. Mis venas reverdecerán y volverán a apagarse, y aun entonces, mi sangre cargará en su memoria genética el murmullo de tu nombre. Quisiera que me olvidases como olvidaste como olvidaste como olvidaste a la gente con quien de casualidad tropezaste, tropezaste y tropezaste ayer. ¿Recuerdas sus caras? ¿Sus cuerpos? ¿O sus gestos al hacer el amor? ¿Sus pretextos para no vernos? Así igual, olvídate de mí; pretende que fui un viandante y que no tuve el placer de lastimarte.

No obstante, a la hora de señalar culpables, ¿acaso fui el único irresponsable?

Pongámoslo así: yo conducía el be eme en que nos estrellamos mientras tú me dabas de beber. En ocasiones quise saber si eso era sano y tú no me respondías ni que no ni que sí. Me besabas. Me besabas como la princesa besa al sapo, y luego me mirabas de soslayo, pienso que esperando la transformación; pero el cambio no llegó. Al contrario: una mañana desperté convertido en cucaracha, y pataleé y chillé para levantarme de la cama. Tiempo y esfuerzo me costó abrazar mi naturaleza; sin embargo, al final terminé agradeciéndole a Kafka por hacerme así. [caption id=\"attachment_1558\" align=\"aligncenter\" width=\"749\"]\"You You only live life once – Liberto Guerrero. Me besabas como la princesa besa al sapo.[/caption]]]>

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