No te cases

No te cases.

No te cases

 

Lo peor que alguien te puede decir meses u horas antes de tu boda es “no te cases”.

Y da lo mismo quién sea el indolente. Alguien que fue parte fundamental de tu historia. O uno que desapareció como tantos.

También puede ser un patán, de esos con los que ni siquiera dirías que saliste. Hubo sujetos con los que uno solo se dio un par de besos a escondidas, y ya.

Existen relaciones más respetuosas y profundas que evolucionaron de amor a amistad. Generalmente desean tu felicidad de forma genuina. Y les agradecemos en silencio por habernos dejado hacer nuestra vida con quien mejor nos parezca.

Alguien me dijo “no te cases” la tarde previa a mi boda.

Lo bloqueé.

Yo sí soy muy amiga del botón bloquear. Prefiero bloquear a que me ignoren. Prefiero bloquear a ser la stalker en noches insomnes de debilidad.

Lo bloqueé sin dudar.

Él sí dudó, meses antes, si valía la pena dejar por mí a una persona que al final lo abandonó.

Lo bloqueé porque se sentía mejor, y se sigue sintiendo mejor, convivir con su ausencia.

Espero que no hayas creído que en serio eras tan especial. Me enamoro y desenamoro con innegable regularidad. La mayoría de mis desamores sucedieron en mi imaginación.

Así fue contigo, de quien ni siquiera diría que salimos. Nos besamos un par de veces bajo una tormenta etílica. Me ahogué en tus labios. Y me fui flotando, contra mis deseos, lejos de una pesadilla compartida.

Lo que haya llegado a sentir por ti es asunto que no te corresponde. Yo fui quien amó. Me estrellé contra la pared porque quise. Vi venir tu rechazo. Te sufrí. Pero no perdí nada, porque nada tuve.

Tú sí perdiste.

Me perdiste a mí cuando pudiste tenerme.

Y el mundo sigue a pesar de eso.

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