Don Pedro, el santo milagroso, el ex novio imbécil, y yo - Kassandra Hakluyt
Autor invitado

Don Pedro, el santo milagroso, el ex novio imbécil, y yo – Kassandra Hakluyt

Don Pedro, el santo milagroso, el ex novio imbécil, y yo

Texto: Kassandra Hakluyt

(Kassandra BloodKiss)

Lee la primera parte aquí: Sobre el ex novio imbécil.

Lee la segunda parte aquí: Sobre el santo milagroso.

 

El segundo ente jodón que me escribió fue, por supuesto, aquel imbécil amante de Don Pedro.

Le contesté dos o tres veces, primero por cortesía y después por diversión: de la nada ofreció prestarme dinero, generosos veinte mil pesos… Al parecer tengo un tipo que atrae a hombres casados, gandallas y codos que desean rescatarme de la pobreza que exudan mis poros.

¿Por qué, si no, quieren conseguirme trabajo, que les dé clases privadas? ¿Por qué si no ofrecen prestarme dinero e inclusive comprarme una laptop a cambio de “NO verlos”?

 

 Oda a la uña del dedo chiquito de mi pie

Poco antes del 19 de marzo de hace dos años, luego de meses de afortunado silencio, recibí un mensaje larguísimo. Ese ex novio imbécil me decía que me recordaba cada 19 de marzo (Ah, ¿sí? Justo me lo estaba preguntando). Incluía una oda a: mi espalda perfecta, y a mis orejas, y a mi tobillo izquierdo, y a mi uña del dedo chiquito del pie. Todas esas cursilerías trasnochadas que Don Pedro ha de inspirarle a cualquiera que coloque una botella del elíxir al lado de una computadora con internet.

Quise guardar el mensaje para burlarme de vez en cuando. Pero lo borré por error y en realidad era un texto aburrido, por no decir perturbador. Un texto de alguien que me sigue llevando veintitantos años de edad, que era capaz de manejar de madrugada desde Aguascalientes —donde puso una fábrica de trapos viejos que llevó a la quiebra por… no sé… ¿tal vez por nadar en jacuzzis de Don Pedro?— en total estado de embriaguez. Nada más para pasar la noche en su carro vigilando el departamento donde yo vivía a unas cuadras de la Villa Olímpica.
Un año después, precisamente entre el 19 y el 20 de marzo, recibí otro megamensaje megarridículo preguntando por mi actual novio. ¿Cómo fue que se enteró? Ya había borrado el blog que tan amablemente me regaló en aquel entonces una escritora con la que tomo clases. Ya había borrado todos mis datos de internet.

De nueva cuenta contesté por cortesía y me escribió por un tiempo, rogándome que no cortara la comunicación.

 

Un Hot Wheels nuevo, para mí

Le contesté por un tiempo, hasta que me hartó con sus reclamos. Que si lo cambié por el primero que iba pasando —¿en serio piensa que solo lo engañé con UNO?— y que se decepcionó tanto la vez que él llegó con un Hot Wheels nuevo, para mí. Y pensar que yo me escapé para irme con un güey que a duras penas tenía lana para su pesero.

Ese es el verdadero problema que hay con los hombres: el que no es casado es alcohólico, el que no es alcohólico es pobre.

Y en general, con excepción de mi padre adoptivo, hombre que no es pobre no es más que un pobre pendejo.

Don Pedro, el santo milagroso, el ex novio imbécil, y yo - Kassandra Hakluyt


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