La doble llama del amor – Jéssica de la Portilla Montaño.
LA DOBLE LLAMA DEL AMOR

Jéssica de la Portilla Montaño.
Nuevamente aparece la palabra amor. El amor del que habla Octavio Paz en su escrito La doble llama. Y para variar no tengo ganas de decir nada al respecto, porque el amor es un engaño, es una especie de mito moderno para ilusos.
Busqué el libro de El collar de la paloma para leer el capítulo referente al olvido; Oblivion, el planeta en el que, según un cuento de mi colega Einar Salcedo, uno se encuentra con personas que ya no están, y así te puedes tomar un café con tu abuelito muerto o ver esos ojos que en principio te dieron vértigo y terminaron provocándote náusea.
El olvido, no sé si sea un sentimiento o una acción, si uno comienza a sentir olvido sin poder evitarlo, o si uno es capaz de olvidar activamente a otro.
Estoy de acuerdo: nada más doloroso que ver cómo aquel al que amamos nos deja de corresponder y se esfuma sin más; entonces vienen el odio, el olvido, la indiferencia…
El odio tiene la misma intensidad que el amor porque es su contraste, su opuesto, y no es nada difícil ir de un extremo a otro cuando se nos lastima o se nos abandona sin ningún motivo comprensible o lógico.
Poco a poco llega el olvido, lo recibimos con gusto cuando la otra persona comienza a darnos igual (aunque generalmente aparece alguien nuevo antes de que esa última pareja deje de dolernos). De nada sirve querer recuperar al otro, casi nunca funciona y no hay mucho que hacer; lo mejor es seguir adelante e intentar otra vez sin que importe recibir menos cariño o tiempo, porque menos siempre es mejor que un cero absoluto.
Y finalmente nos deja de lastimar el ver a esa persona a la que según amábamos tanto, nos da lo mismo si vive o si muere; entonces hemos llegado a la bendita indiferencia. Pero, demonios, qué lata tener que sufrir todo esto, relaciones cada vez más intensas que duran mucho, muchísimo menos.
“Todos los amores son desdichados porque todos están hechos de tiempo”, dice Paz. Es lógico… El tiempo, que generalmente dura poco, se termina en algún momento: cada quien tiene un límite en cuanto a lo que está dispuesto a aguantar a otra persona.
Cuando hay que olvidar a la fuerza porque nos estamos haciendo daño, entonces recordamos que el amor es triste, que los happy endings sólo existen para los guionistas, y es que mientras se está con la persona amada (aun si sus palabras son engaños y fragmentos de embustes) el mundo es perfecto, las estrellas brillan intensamente y toda esa sarta de mamadas. No falta quien ame y sea amado y aún así interponga barreras de piedra…
“Hay jóvenes viejos incapaces de amar, no por impotencia sexual sino por sequedad del alma”… ya lo decía Jaime Sabines en Los amorosos, aunque con otras palabras.
El amor es suicidio, una chispa de locura, un holocausto efímero, un dejar todo por alguien que no estará “para siempre” con nosotros… ¿Qué es peor?, ¿sufrir a su lado?, ¿abandonarlo con sus demonios?, ¿dejar que se vaya cuando eras tú quien deseaba hacerlo en principio? Duele, duele perder una parte de ti, duele dejar a un “alma gemela” que ni siquiera se te parecía, que tiene sus propios problemas y crisis, pero es mejor dar media vuelta antes de que el rencor surja, antes de volverte irritable y estar de malas todo el día o comenzar a autodestruirte por causa del otro.
Todo este proceso es inevitable: esa primera mirada, una sonrisa fingida, mentiras y palabras, una salida, un beso furtivo, sexo consentido o en estado etílico… “Si el amor es tiempo, no puede ser eterno”.
¿Vale la pena mostrar tu verdadero yo?, ¿confesar tus secretos a un simple extraño? O es mejor la soledad, no enamorarse, no soñar con compartir tu vida para no cometer un error tras otro…
Pero lo malo dura poco, si estás bien contigo lo estarás con el mundo y llegará algún momento en que ver a “ese tipo” no será un suplicio sino una incomodidad que se te pase pronto. Hombres hay muchos, llegan a ti sin aviso y después se escapan mientras tú te quedas de pie, con los brazos abiertos, triste y con el afán enfermizo de volver a tenerlo contigo aunque sea una última vez…
No importa: sobrevivirás, has padecido mil veces esto y más tarda uno en esfumarse que el siguiente en aparecer; nunca hay que olvidar que cuando alguien se va, alguien más llega.
Y todo comienza de nuevo: vuelves a caer con otra sonrisita, con esos ojos desconocidos, otro deseo para las mismas ganas y un cuerpo inexplorado que será tuyo por mucho o por muy poco tiempo…
FUENTES
Paz, Octavio, La llama doble, Barcelona, Seix Barral, 1994.





























