INFANCIA ROTA – Claudia Juárez.
Los niños víctimas de abuso sexual que callan las agresiones sufridas, pueden llegar a ser adultos con dificultades para establecer relaciones interpersonales y potenciar sus habilidades.

La pelota de Blanca rodó por las escaleras. ¡La tengo!, gritó Rodrigo y caminó hacia ella dispuesto a entregarle el juguete. Tengo algo más para ti, ¿quieres ver?, preguntó el muchacho mientras abría una mochila de donde extrajo una revista. Acércate, le dijo. Las páginas contenían fotografías de hombres y mujeres desnudos. Las escenas disgustaron a la niña, quien intentó alejarse, pero Rodrigo la detuvo y comenzó a besarle suavemente las mejillas…
Mostrar material pornográfico a un niño es un acto que se considera abuso sexual infantil; también lo es si un adulto se exhibe desnudo frente a un menor o cuando éste es obligado a ser testigo de relaciones sexuales. Estudios realizados por académicos de la UNAM indican que en México la violencia sexual en la infancia es frecuente y la edad promedio de las víctimas es de seis años.
“Aunque la mayoría de los adultos asocia la gravedad del abuso sexual con las relaciones sexuales forzadas, a lo largo de nuestras investigaciones hemos detectado que, para los niños, lo más doloroso es la ruptura de los lazos de confianza, pues generalmente el agresor es alguien cercano, a quien ama y en quien confía, como el hermano, el padrastro, el tío o el padre”, explica la doctora Ruth González Serratos, profesora de la Facultad de Psicología.
Y agrega que de acuerdo con el enfoque psicodinámico, la violencia sexual implica actos que rompen los límites tanto físicos como mentales de la víctima. “Es decir, si una niña de secundaria se encuentra con un exhibicionista, sufre un trauma, aunque no haya una interacción corporal. En otros casos, el abuso es repetido y sofisticado con el paso del tiempo, o sea, empieza con caricias y puede culminar con una relación sexual forzada”.
La investigadora, quien dirige el Programa de Atención Integral a Víctimas y Sobrevivientes de Agresión Sexual (PAIVSAS) de la Facultad de Psicología de la UNAM, señala que mediante este tipo de abuso contra los niños, el agresor no busca satisfacer sus deseos sexuales.
“En realidad es un ejercicio de poder, una forma de quebrantar a una persona a quien considera inferior. Por eso el mayor número de afectados son pequeños de alrededor de seis años y no adolescentes, quienes ya pueden gritar y confrontar al atacante”.
Un hallazgo que deriva del seguimiento de víctimas mexicanas es la existencia de menores de edad que son abusadores.
“En otros países también lo han documentado y lo que sale a luz es que son niños que fueron violentados sexualmente y como parte del proceso del trauma, repiten el abuso en otros pequeños. Se trata generalmente de menores de 13 años de edad. Pero si hablamos de adultos, sólo entre el 3 y 33 por ciento de los atacantes tienen antecedentes de agresión sexual en la infancia, lo que sugiere que esa vivencia traumática no condiciona a un niño a ser abusador en la edad adulta. Si fuera así la mayoría de los victimarios serían mujeres, ya que el 80 por ciento de los casos de abuso sexual infantil ocurre en niñas”.
Algunos estudios apuntan que 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 10 hombres sufrieron abusos sexuales en la niñez, sin embargo, la especialista reconoce que existe una cifra negra, principalmente debido a que el atacante suele ser una persona que convive con la víctima en el hogar. Además cuando un menor denuncia la agresión, no es raro que los adultos decidan mantener la situación en la intimidad de la familia.
“En los últimos 50 años, la atención hacia los pequeños ha cobrado relevancia. Surgió la pediatría y la psicología infantil, aunque todavía hay muchas tareas pendientes para combatir el abuso y la explotación que durante siglos ha sufrido este sector de la población”, concluye la académica universitaria.
GRAVES SECUELAS
Los menores abusados sexualmente presentan un síndrome de estrés postraumático que se manifiesta con alteraciones en el rendimiento escolar, en el sueño, miedo a salir e incluso resistencia a jugar con otros niños. Por eso, uno de los objetivos del Programa de Atención Integral a Víctimas y Sobrevivientes de Agresión Sexual (PAIVSAS) de la UNAM es la creación de modelos para tratar las secuelas de dicha experiencia dramática.
“El trastorno postraumático modifica la vida del pequeño a corto y largo plazo. Sabemos que quienes no reciben tratamiento, en la edad adulta pueden tener dificultades para establecer relaciones interpersonales, baja autoestima y pensamientos negativos hacia su cuerpo y la sexualidad”, comenta Ruth González Serratos.
Uno de los modelos de atención propuestos por la psiquiatra universitaria y sus colaboradores está basado en a aplicación de técnicas que alientan la autoconfianza, inducen el juego, la relajación y el aprecio por el cuerpo maltratado. Otra propuesta de tratamiento está dirigida a fomentar la comunicación familiar, a que el pequeño reconozca que la sexualidad es un acto creativo y placentero.
“Cada persona sufre el abuso de manera brutal, tenga o no complicaciones como lesiones físicas graves o embarazo, pero es necesario romper con el estado de víctima, entender que la vida no termina ahí y que hay posibilidades de reestructurarla”.
Texto: Claudia Juárez.
Diseño de cartel: Adolfo González.
Reproducido con autorización expresa de UNAMirada a la Ciencia, edición mensual, Año III, Número 48. www.cic-ctic.unam.mx/unamirada
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Director General: Dr. René Drucker Colín.
Coordinador de Medios: Ángel Figueroa.
Edición: Juan Tonda.
Asistente: Mariana Fuentes.
Investigación: Xavier Criou.
Soporte Web: Aram Pichardo.





























Well hace poco tuve la oportunidad de estar con la madre de una victima de violación y es espantoso el trauma que pueden sufrir los familiares, es realmente duro este tipo de situaciones porque generalmente producen vergüenza para las personas abusadas, o violadas. Después te pasaré links para que puedas conocer más acerca de este caso tan sonado en mi estado, porque fue en uno de los colegios de mayor prestigio donde fue agredido el menor, lo peor de todo es que la gente trataba de justificar al atacante diciendo que la madre era una mujer sin moral, es ahí donde yo me pregunto ¿a caso los hijos de personas faltas de moral no tenemos derecho a nuestra libertad sexual? ¿debemos ser agredidos?, es una pena que una VICTIMA, se convierta en VICTIMARIO, sobre todo cuando se trata de un niño. Googléa.. caso valdés martell
BESOS