Los esclavos, de Alberto Chimal
El viernes llegué a las 6:45 de la tarde al Hotel Virreyes. Por el bullicio del bar, ya había un montón de gente esperando. En el lobby, Alberto Chimal platicaba con dos personas; me acerqué para desearle éxito, pero estuve a punto de tirar un micrófono al dar media vuelta.
Mamá llegó poco antes de las siete; dijo que esperaba a alguien mucho mayor cuando le señalé al autor… Si Carlos Fuentes tiene ochenta años, ¿cómo alguien que aún no cumple los cuarenta participa en los concursos pero como juez?
Pablito Mata apareció justo a tiempo para escuchar a Bernardo Fernández y a J. M. Servín presentar formalmente la primera novela del escritor: cuatro historias donde la crueldad consentida se entrelaza con la sumisión.
“Es un libro que comenzó como un experimento para escribir algo distinto de lo que había escrito hasta entonces –para no estancarme en lo que me era cómodo–, pero fue mucho más allá y creo que es de lo mejor que he llegado a hacer jamás“, escribió Alberto Chimal en su blog, Las Historias, cuando Los esclavos salió de la imprenta.
Luego de la presentación y de las respuestas al público, ¡una fiesta! Pablito me presentó a Ira Franco, conocí en persona a Anuar y a Lulífera, Andrei me dio la primicia del nuevo final de Los elefantes del Kilimanjaro, Alberto firmaba libros y libros y libros…
Me leí unos seis capítulos de la novela nomás en un ratito que acompañamos a mi mamá por su carro, y qué puedo decir: un tema fuerte, no apto para niños, pero abordado con un lenguaje riquísimo y muy rítmico, totalmente musical.
“El único video espontáneo de Britney, y tengo mis dudas, es cuando se peló“, dijo el escritor cuando se le cuestionaba sobre cochinadas no profesionales que luego uno encuentra en la Red.
Hace ya cuatro años, más o menos por estas fechas, tomé mis primeras clases en la Escuela de Escritores de SOGEM, Coyoacán: “Teoría y práctica del cuento“. En ese entonces no sabía quién era Alberto Chimal, pero él me enseñó todo sobre Edgar Allan Poe y la teoría del final sorpresivo. Además, fue el primero en felicitarme cuando me aceptaron en el Diplomado en Creación Literaria…

¿Alguna vez te he dicho: GRACIAS, profesor?





























