Y te llamabas… Te llamabas… ¿Y tú quién eres, güe???

La Niña TodoMePasa dice: Pero qué lindo es encontrarte con personas conocidas cuando tienes siglos sin verlas, ¿a poco no?

Con mucha más razón si ya ni te acordabas de su miserable existencia…

Un día cualquiera, vas caminando por donde sea (ves que siempre andas por todas partes). De repente escuchas un:

“¿Jéssica?, ¿eres tú?”

Tal vez sí seas esa Jéssica a la que le hablan, pero pues uno nunca sabe (¿qué tal si hay un desfile de Jéssicas pasando por esa calle precisamente al mismo tiempo que tú?). No es que quieras ser grosera, ¿verdad?, pero ni miras a la susodicha nomás porque no le reconoces la voz. ¿Qué tal si es una secuestradora?, ¿o una monjita?, ¿o cualquier cosa peor?

A los pocos segundos, escuchas un:

“Jéssica… ¿En serio ya no te acuerdas de mí?”

…ah, caray. Ni tu conciencia te hace tanta pregunta retórica.

Como probablemente sí seas la misma “Jéssica” a la que le hablan, dejas de hacerte la occisa para gritarle a esa mensa que ahora te tiene que decir “Gina” porque ya no se te da la gana ser “Jéssica” (ash, o sea, ¡tooodo el mundo ya debería saberlo!!!).

Das media vuelta y te encuentras cara a cara con el pequeño distractor: una compañera de la prepa de tu amadísimo “Colegio Simón Bolitas”. Una de tantas “amigas temporales”, ya sabes, de ésas que duran lo mismo que el semestre escolar.

Y tu gran amiga se llama…

Se llamaaa…

Gina aventuras en el Simón Bolitas

¡AY, GÜEY!!! ¡Yo sé que la fulana ésta tiene un  nombre!!!

Y pensar que alguna vez fue tu confidente (snif). Te “juntabas” en recreo con ella porque nadie más las pelaba. Esa niña dulce, a la que le chillabas lo último que sucedió con la telenovela de tu vida, es la misma o-g-t que se cagó de risa a tus espaldas cuando supo que cierto tipo te tronó a los dos días de andar (a ti no te causó nada de gracia luego de dos años que estuviste de rogo… de rogo… de insistente, puesn).

Y mientras ella fingía escuchar tus interminables dramas con toda la atención posible (¿ya viste esa mancha sabor menta?, ¿qué inchi ocioso pega chicles en el techo de nuestro H. salón?), tú aprovechabas para hojear a escondidas su cuaderno. Quién sabe cómo se llama tu amiga, pero qué tal recuerdas los títulos de sus fumadérrimos cuentos:

* “Fulano me declara amor (y yo lo mando por un tubo luego de hacerlo sufrir durante cuatro o cinco años con la horrible duda de mi indecisión)”.

* “Dulce asesinato en mi primera Luna de Miel en Europa (justo antes de quedar embarazada del único heredero de nuestra inexistente fortuna)”.

* “Evitando el divorcio (por eso voy a estudiar Leyes en la mejor escuela de México)”.

* “Aprenda a usar Internet: cómo crear el sitio Autoviuda.com para vivir de la publicidad de Google”.

*  “¿Ya cobró el seguro de vida que le dejó su maridito, seño?”

…¿así o más psicópata? Uy, hasta te extraña no haber visto a tu amiguis pidiendo informes en Sogem, pero bueno. Y tú no sólo le corregías las faltotas de ortografía con tu Esterbrook rojo (el terror de tus compañeritas): una o dos veces hasta la defendiste públicamente de las burlas del salón. ¿Que cómo se llamaba tu amiga??? Pos quién sabe, pero tú también te reías a escondidas de ella porque, ay, imposible olvidar ese apodo tan cageto.

Tu amiguis no ha cambiado nada de nada: el mismo tono de cabello entre rubio de farmacia y zanahoria mal lavada (“es que uso Manzanilla Grisi… güeee”); las mismas mejillas rosadas marca Gerber, hasta la misma estrellita en la frente de cuando esta tipa quería ser la nueva Tatiana. Total que sólo falta colgarle veinte chupones de plástico fosforescente en el cuello. Ella aún conserva esa mochila rosa con la cara tamaño mega de Hello Kitty, y su blusa color rosa pastel con estrellitas doradas dice:

“Spice Baby: Girl Power!”

…¿a poco no dan ganas de golpearla?, ¿aunque sea un poquito???

¿Pero cómo se llama esta vieja?, quién sabe, pero ella te mira con su cara de felicidad de siempre y se acerca para darte un gran abrazo como si en serio en serio llevara mil-8mil años preguntándose cuándo volvería a verte.

Y ahí estás tú, con la misma jetota de resentida con que naciste y que ni con terapias de electrochoque te ha mejorado (¡cómo no quieres que te reconozcan, ka!!!), sólo piensas en esconderte cuando tu amiguis examina minuciosamente tu atuendo Darkie, imposible describir la cara de espanto de tu compañera al leer el “Kill Them All Mothafucka” (o algo así) de tu playera, y ni se diga cuando descubre a Marilyn Manson disfrazado de Darth Vader tatuado en tu brazo…

…¡pero si te ves igualiiita que cuando iban en la prepa de monjas! Uy sí, nomás te falta arrancarte toda la bola de piercings de la boca, ponerte el uniforme tableado color azul marino y medio hacerte dos moñitos rojos en tus trenzotas de Heidi tercermundista.

–¡Qué milagro, Jessy! –dice tu amiga, ya medio arrepentida de haberse encontrado contigo.

(casi le contestas, pero te quedaste sin habla al descubrir que por fin le quitaron los brackets a la dientona ésa)

–¿Por qué no fuiste a la graduación, Jessy?, ¿y al desayuno de ex alumnos? ¡Prometiste ir cada año a la misa de San Francisco de Asís!

(escondes discretamente tu ejemplar de Evangelios Apócrifos)

–¡Y no te he visto en una sola Noche Colonial! ¿Te acuerdas cuando las monjas prohibían la rolita del Short Short Man, Jessy?

(te preguntas por qué dice “Jessy” cada tres minutos)

–Pero cuéntame, Jessy… ¿Qué tanto has hecho en todos estos años???

–Nada, güey –tu reloj se ha detenido inesperadamente–. Me corrieron de la uni por vender falsificantes mal hechos. Llevo siete años buscando chamba, a’i por si sabes de algo legal yo le entro a todo. Dejé el performance sado porque me prohibieron la entrada en El Chopo. Superé mi adicción a las aspirinas y voy a Comedores Compulsivos porque me demandaron los de Neuróticos Anónimos… ¿Cobrarán menos si te madreas psiquiatras que no estén certificados? ¿Y tú qué has hecho, bitch?

–Eh… Tampoco he hecho gran cosa, Jessy… Me gradué con honores hace un mes… Soy educadora… Mi papi me compró un kinder… En mis tiempos libres ando de niñera para practicar… Me caso en un mes, de blanco como soñábamos en la secu, ¿te acuerdas? Ya sabes que estás más que invitada, sólo que –tu tatuaje del Manson parece mostrarles la lengua a ambas–, emh, pues mi boda va a ser en una iglesia muy exclusiva, porfis te arreglas para que te dejen pasar… Oye, ¿y ya no supiste nada del Julanito?

–¿De quién? Ahhh, ese puñete jijo de su… Gracias al amarre de la manzana logré echármelo al plato, pero nos llevamos tan bien que ya nos conocen los del Ministerio Público. ¡De veras, güey!, si hasta nos pusieron “la Rihanna y su Chris Brown”. Valió burguer cuando le contó a todo mundo mis perversiones secretas, y en venganza yo me inventé un embarazo con aborto y cáncer y toda la cosa… Al tipo le valió madres, pero yo ya dejé ese asuntito en manos de mi Santísima Muerte para no guardar resentimientos que envenenen mi alma. ¡Pero qué chido verte otra vez, tú! ¿Quieres ver cicatrices nuevas? Uy, desde que me enseñaste a usar el cutter no sabes cuántas oraciones me he ahorrado. Yo que casi nunca cometo pecados, no no no, pero qué mejor penitencia al salir del confesionario…

–¡Ya llegaron por mí, Jessy!

Ni cuenta te diste de que tu ex amiguis ya está dentro del primer taxi que pasó. Nomás ves cómo te hace adiós por la ventana al tiempo que te grita:

–¡Te llamo mañana, Jessy!

¿Mañana? Sí, ajá, ella te llamará nomás que consiga tu teléfono nuevo.

Lo peor del caso es que jamás recordaste el nombre de esta niña… ¿Pero quién diablos le importa???, ¡no piensas verla por otros mil-8mil años, o sí!!!


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