Eterno Domingo (capítulo cincuenta y uno)

ETERNO DOMINGO

Jéssica de la Portilla Montaño.



Requiem Post Mortem.

El año nuevo ha comenzado, señores.

Pero, qué cosa tan extraña: todo sigue tal y como lo dejamos el último día del 2006.

Y Mónica escribe. Como siempre. La mayor parte de su vida permanece encerrada en una habitación que la ha visto morir y renacer cientos de veces. Laptop nueva, teclado ergonómico de colores; el mismo código ASCII para la misma tristeza alfanumérica…

¿será que alguna vez cambiará algo realmente importante???

Ayer no buscaba nada, y sin embargo encontré uno de esos cuadernos viejos en que escribía estupideces cuando según estudiaba en la facultad de Medicina. Mónica y sus poemas baratos que nadie más leyó.

“Con tu mano ensangrentada levantas el cuchillo

y lo vuelves a clavar hasta hacerme picadillo”.

(Pero qué romántico es resistir interminables hogueras de recuerdos estúpidos.)

Con tu mano ensangrentada, cariñito feroz…

Y entre las páginas violetas de rimas asonantes encontré esa rosa blanca. ¿Te acuerdas? Se la robé a Carmina para sumergir tu grandioso regalo en tintura roja. En ese entonces era tan ingenua, grababa tus iniciales en una mitad de hueso de aguacate y luego grababa las mías en la otra mitad para unirlas con un listón rojo. Esas gotas de vainilla se secaron y el pequeño alfiler de cobre no llegó a tatuarnos, pero…

Y entre los pétalos secos de rosa blanca, una foto que atesoré para romperla en uno de tantos momentos de decepción (regresaste, etc, me pediste perdón, etc. Tú y yo y aquella foto: “Para siempre”, decía…).

En ese entonces era tan ingenua que intenté adherirte a mí con un pedacito de diurex.

La última vez bastaron cuarenta y cinco minutos para que valieran madres mi vida, mi familia, mi hígado y mi estómago. Un montón de pastillas azules, no sé cuántas hojas pisoteadas, un monólogo inconcluso y una botella de licor que vacié en el CPU.

Y sí: le prendí fuego a mis archivos de antaño.

Y sí: la Doctora Claudia me encerró en un psiquiátrico.

Al salir libre supe que, oficialmente, pasé el verano en Monte Carlo. JA JA.

¡Que nadie husmee en mis motivaciones! No hay explicación satisfactoria para tantas irracionalidades, mi currículo se compone de un montón de actos incoherentes, el más reciente cotilleo de Internet siempre soy yo.

Juré jamás volver a hacerlo, pero…

…pero eso mismo dije la última vez que lo intenté.

(Nota mental: Procura estar sola cuando intentes suicidarte.)

Mónica siempre ha estado peleada con Dios. Se pregunta si Él la arrullará en Sus infinitos brazos. Necesitamos una audiencia en persona, digo yo. Es cosa de armarse de cobardía o de llenarse de valor (da exactamente lo mismo)…

Ni siquiera recuerdo cómo empezó todo. Esperaba que las dos, cinco, treinta pastillas de benadryl me hicieran dormir por el resto del día, de perdida toda esa semana hasta el siguiente domingo… Pero no. Sucedió exactamente todo lo contrario: nomás a mí se me ocurre intentarlo con pastillas para dormir.

Ahora no puedo despertar ni a madrazos. He perdido para siempre lo más valioso que tenía: mi insomnio. Y no soporto el dolor de estómago. ¿Por qué no tengo otro hígado? Aún no logro destrozarlos de un solo intento, no puedo, si tan sólo tuviese una mísera granada de mano…

(…pues sí. Volví a hacerlo)

(…Y QUÉ…)

(dirás que fue otro berrinche mío si es que llegas a leer esto. Who cares)

“Eres mi ídolo, Mónica Ferrand.

Cuando crezca quiero ser un dramaturgo mediocre como tú.”

Mi corazón latía tan rápido, creí que iba a explotar como pasó con mis ojos esa última vez que te vi. Mónica, apareciste en el Messenger tras una fotografía de tu rostro que ocultaba todo en ti.

Hace mil años ni te conocía.

Hace cinco, tu madre te negaba al teléfono.

Hace apenas diez minutos encontré fotos tuyas en Internet. Coño: mamá llegó corriendo, Mónica vomitaba fotografías y teléfonos inalámbricos, la sirena de la ambulancia no me dejó indexar imágenes nuevas.

Y yo te bloqueé de mi Messenger minutos antes de tragarme esa caja.

Por mí puedes morirte de sobredosis. ¡Ya no me importas, pendeja!!!

Cientos de cajas en el botiquín. Fíjate bien en la fecha de caducidad (qué tal si algo te hace daño). “Exceso de melancolía”… Mónica hacía menos pendejadas antes de que Lizbeth apareciera en su vientre.

Yo ya no busco encontrarme. Tan sólo quiero perderme…

Tal vez habrá alguien que ahora sí se enrede en mis letras. Sólo requiero de un par de ojos anónimos, otro lector asiduo que se obsesione con una nueva fantasía y que me siga a todas partes, alguien que me observe a lo lejos y que dé media vuelta en cuanto permita que me aborde. Tal vez ahora sí logre salir de mí misma, escapar de mis fijaciones idiotas, perderme en el ciberespacio para que una víctima indefensa se contagie un poquito de mí.

Mónica: Siempre puedes subastar tus veinte millones de cuadernos de diario íntimo en E-Bay. ¿Por qué no? Eres un caso clínico; igual y alguna Doctora Claudia se entretenga leyendo cómo sobrevives a tu eterno pesimismo que más bien raya en monotonía existencial.

Posted by QueenKill33°.

 


Lee aquí el capítulo cincuenta del Eterno domingo.


Add to Technorati Favorites Top Blogs web stats

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Comments are closed.