Eterno Domingo (capítulo cincuenta)
ETERNO DOMINGO

Jéssica de la Portilla Montaño.
Viernes 5 de Enero.
Pero qué rápido se nos va el tiempo. Parece que ayer regresé a esta casa y que a las pocas semanas me dio por hablar del cumpleaños de mi niña. En Navidad vino Santa Claus, no hace más de unos días comenzamos el año en curso…
Cuando me dé cuenta será San Valentín y añoraré un novio que me envíe dulces. Poco después será primavera, habrá insectos por todas partes y mi hija se vestirá con su disfraz de flor. Para el treinta de abril compraré un millón de juguetes y un pastel para celebrar la niñez. En mayo recibiré regalos caros de parte de Lizbeth. Luego celebraremos a papá, y así: cada mes tendrá algo especial, muchos o pocos pretextos para reunirnos con la familia y comer mucho pastel de tres leches. Cuando me dé cuenta será día de la Independencia y todos nos iremos a Cuernavaca por el puente. Dos de octubre no se olvida, día de muertos y Halloween y de nuevo vendrá diciembre con el cumpleaños de Lizbeth, Navidad y Papá Noel y año nuevo y nochevieja. En menos de trescientos sesenta y cinco días me encontraré escribiendo otra entrada de blog parecida a ésta, donde hable de que ya vienen los días de fiesta y me acordé de Fulano y Mengano, cómo quisiera estar con esa amiga Zutana que no vive aquí y ver a mis tíos, ésos que ya ni me recuerdan…
Hace unos quince o diecisiete años le pregunté a Jacqueline cómo detener las horas para recrear el instante más perfecto y repetirlo mil veces. Mi hermana contestó que no fuese tan infantil, que ya no viera tanta televisión y que los personajes de caricatura no eran señores con traje.
Mi última vez en la playa el agua se infiltró en mi piel, el cielo pintado de azul y un montón de gaviotas a lo lejos, sólo pensé: quiero vivir por siempre así.
¡Por siempre!
Mañana es día de reyes. Le compré a Lizbeth una laptop de juguete, un Ferrari color rosa con motor ecológico y una cocina mágica para que le haga pasteles a sus muñecas. La señora Carmen trajo una docena de globos de colores, la caja de crayolas y las hojas albanene están listas para calcar dibujitos; en un rato más sentaré a mi hija a la mesa y con mi mano moveré la de ella para que escriba su carta a los reyes magos.
Hace trescientos sesenta y cinco días le preguntaba a mi ex suegra para qué tomarse la molestia si en unos años Lizbeth no recordará que mamá Mónica y papá Eduardo la sentaron a la mesa para que le escribiera a Melchor, Gaspar y Baltazar…
…y mi suegra contestó que para eso sirven las fotos.
¡Eureka!
Pero Eduardo era taaan pobre (y tan pendejo) que ni a cámara llegábamos. Bu. Y el celular de cinco megapixeles fue empeñado en alguna ocasión que la niña se enfermó de “viruela loca” (ja ja).
Ni una sola fotografía conservo de entonces. Horror. Ni una sola pude tomar.
Tenía unos siete años cuando hice un berrinche porque mamá no me quiso llevar a España con ella; tomé el baúl donde guarda fotografías y elegí precisamente una donde estoy con los tres reyes. Me recorté de encima del elefante grisáceo. Tomé más y más imágenes y me desaparecí de todas ellas como si fuese urgente. A Santa Claus lo hice cachitos, a mis tres medios hermanos les intercambié la cabeza y a Jacqueline la desorejé. Me divertí tanto ese día que valió la pena la posterior golpiza.
Hace un rato ayudé a la señora Carmen a preparar champurrado y atole de arroz con piña. Papá dijo que traería la rosca para partirla en la cena, a ver a quién le salía el muñequito para que comprara tamales y bla, pero le dije que eso es mañana y que si no sabe en qué país vive. Mamá sigue en cama, creo que ya se alivió pero no ha querido levantarse; yo me la he pasado cuidando a mi hija y apenas si he pensado en cierto número de celular que sigue esperando mi llamada.
He deshojado al menos diez margaritas sin encontrar una respuesta que me satisfaga: me quiere, no me quiere. Rompí la alcancía de McMug y McDull que Alice me trajo de China, veinte monedas al aire: llamaré a Javier si me sale águila. En las últimas diez rondas únicamente obtuve sol.
Me quiere. No me quiere.
Me quiere, y no me quiere también…
Posted by QueenKill33°.
Lee aquí el capítulo cuarenta y nueve del Eterno domingo.





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