Entre Hitler y Charles Manson: el Anticristo y los Superhombres del Mal (parte 1)

ENTRE HITLER Y CHARLES MANSON:
EL ANTICRISTO Y LOS SUPERHOMBRES DEL MAL

anticristo código de barras 666

Jéssica de la Portilla Montaño.


Mucho se ha dicho sobre el llamado “anticristo”: que si es el hijo del diablo hecho hombre, o sólo un invento para espantar niños; que si el primer anticristo según la Biblia fue el emperador romano Calígula, pero que las famosas Centurias de Nostradamus señalan al también emperador Napoleón Bonaparte, mientras que psicópatas de la talla de Charles Manson se han proclamado a sí mismos como auténticos ángeles exterminadores.

También hay teorías de que el anticristo no es un ser sino un invento de los humanos, y así encontramos que, según los estudiosos, el símbolo de la bestia podría ser Internet, el código de barras, e inclusive la globalización de la economía.

Etimológicamente, el vocablo anticristo significa “contrario a Cristo”; por lo que cualquier persona o institución en contra de su doctrina podría ser calificado como tal. La Real Academia Española lo define como el “ser maligno que, según San Juan, aparecerá antes de la segunda venida de Cristo, para seducir a los cristianos y apartarlos de su fe”, mientras que la palabra cristo se entiende como “el Hijo de Dios, hecho hombre”.

En el Antiguo Testamento jamás se menciona el término cristo, aunque se profetiza la llegada de un Salvador o Mesías. La primera vez que se utliza dicha palabra en la Biblia es en el primer versículo del primer capítulo del primer libro del Nuevo Testamento:

Evangelio según San Mateo, capítulo 1, versículo 1: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”.

Aquí cabe aclarar que Jesús de Nazareth no es el único Cristo que ha pisado esta tierra. Los llamados “seres crísticos” o iluminados son personas que trascienden su condición humana limpiando sus campos energéticos para alcanzar niveles de conciencia superiores. Estos seres se distinguen, entre otras cosas, por su capacidad de llevar a cabo milagros o fenómenos físicamente “imposibles”, como caminar sobre las aguas. La venezolana Connie Méndez, fundadora de la Metafísica Cristiana, afirma que atraemos lo que pensamos. Ella explica que la mente es capaz de controlar la materia así como la fe mueve montañas y el orar de manera correcta cura enfermedades mortales como el cáncer. Metafísica significa “más allá de lo físico”, y así es como los seres crísticos pueden multiplicar panes y peces, levitar a varios centímetros del suelo y estar en varios lugares al mismo tiempo (bilocación). Otro signo de haber alcanzado dicho estado es el presentar espontáneamente llagas sagradas o estigmas, que son las heridas que los clavos dejaron en las manos y en los pies de Jesús en el momento de ser crucificado. Según la religión católica, San Francisco de Asís es el primer estigmatizado, aunque también se han documentado casos de falsos estigmas, como sucedió con Magdalena de la Cruz.

Entre los seres iluminados más conocidos se encuentran Krishna, Quetzalcóatl, el Rey Salomón, Buda, el Conde de Saint Germain y Jesús.

Siddhartha Gautama, o Buda, era un príncipe que renunció a una vida llena de lujos para convertirse en un asceta. Esto explica el que los monjes y otros religiosos nieguen todo lo mundano y desprecien las necesidades fisiológicas del cuerpo, como el hambre y el sueño, con el fin de tener la mente clara tal y como Jesús ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto (Lc. 4: 1-13). Gautama es el creador del Budismo, una religión no-teísta que se basa en tomar conciencia del sufrimiento para liberarse de él y alcanzar el Nirvana por medio del desapego y la meditación.

Otro ejemplo lo encontramos en el misterioso Conde de Saint Germain, figura de culto para estudiosos de las ciencias ocultas. De él se afirma que es inmortal y que se le ha visto en muchísimos países en distintas épocas: desde en la corte del rey francés Luis XV, hasta en la Revolución Rusa del siglo XX.

Así como Jesús no es el único cristo, podemos encontrar a varios anticristos a lo largo de la historia humana. El Apocalipsis, o Libro de las Revelaciones, fue escrito por San Juan cuando el Imperio Romano controlaba el mundo conocido en aquel entonces. Los primeros cristianos debían reunirse en secreto en catacumbas construidas debajo de las ciudades, su religión se consideraba una “secta” y eran perseguidos porque se negaban a adorar a los dioses y a los reyes romanos. Por ello es que los estudiosos aseguran que el Apocalipsis no es un libro profético sino que está escrito en clave pues pretende incitar a los primeros cristianos a tomar las armas y levantarse en contra de sus opresores.

Un dato curioso es que, en todo el Libro Sagrado, la palabra “anticristo” se encuentra cuatro veces en singular y sólo una vez en plural, esto únicamente en las dos primeras Cartas de San Juan:

Primera Carta, capítulo 2, versículo 18: “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo”.

Primera Carta, capítulo 2, versículo 22: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

Primera Carta, capítulo 4, versículo 3: “y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”.

Segunda Carta, capítulo 1, versículo 7: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo”.

Bajo este contexto, se menciona a tres emperadores romanos que bien podrían haber sido el “anticristo” a que se refería San Juan. El primero de ellos es Calígula, quien gobernó del año 37 al 41 del siglo I. Fue el primer gobernante romano que se presentó ante el pueblo como si fuese un dios, aunque acusó a los judíos de negarse a rendirle culto luego de mandar erigir una estatua con su efigie nada menos que en el templo de Jerusalén. Entre sus “hazañas” están el haber convertido el palacio en un prostíbulo donde vendía los favores de sus hermanas y el haber agotado las reservas monetarias del Imperio, provocando una gran hambruna que aprovechó para acusar falsamente a senadores enemigos con el fin de despojarlos de sus pertenencias. Mandó asesinar o forzó a suicidarse a cualquiera que estuviese contra él o de quien sospechara la más mínima deslealtad, además de que hizo ejecutar a muchos romanos sin juzgarlos previamente.

El segundo anticristo según la interpretación de las Sagradas Escrituras es el sanguinario Nerón, famoso por haber ejecutado a su propia madre, Agripilina, con quien mantuvo relaciones incestuosas; y por haber provocado el suicidio del filósofo Séneca, su tutor. Historiadores de distintas épocas concuerdan en que Nerón fue el causante del gran incendio que azotó Roma durante su reinado (54 D. C. – 68 D. C.), ya que pasada la catástrofe mandó erigir su gran palacio: la Domus Aurea. Él culpó del fuego a la “secta” de los seguidores de Jesús el Cristo para alejar las sospechas de su persona, aunque la imagen del emperador que se ha conservado a través de los siglos consiste en Nerón cantando con su lira mientras contempla encantado las llamas que destruyen la ciudad. Megalómano y ególatra, organizó eventos musicales y teatrales en los que actuaba y a los que los ciudadanos eran forzados a asistir.

El tercer y último anticristo de la antigüedad fue Domiciano, quien ejerció el poder del año 81 al año 96 de nuestra era. Era un hombre vanidoso que utilizaba pelucas para ocultar su calvicie. Convenció al marido de Domicia Longina de separarse de ella para poder tomarla en matrimonio; tuvo un  hijo que falleció poco tiempo después y al que le rendía culto como a un dios, motivo por el que mandó acuñar una moneda en su honor. En esos años destruyó el templo de Jerusalén y más de un millón de judíos fueron asesinados durante la Gran Revuelta. Se dice que eliminó a Tito, su hermano mayor, para ser nombrado emperador absoluto. Quitó atributos al Senado ya que pensaba que el poder debía tenerlo una “monarquía divina” dirigida por un “déspota benevolente”.

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3 Responses to “Entre Hitler y Charles Manson: el Anticristo y los Superhombres del Mal (parte 1)”

  1. Arkham says:

    No estoy muy seguro, pero creo que el alfabeto hebreo no sólo servía para formar palabras, sino también para formar números. Y la palabra “Nerón” en hebreo equivalía al número 666.

  2. Un año más de la muerte de John Lennon, condolencias a todos sus fans!

  3. Aimée says:

    Parabéns!! Muito sucesso!…teu blog é muito bom, aliás, já estou seguindo.abração.

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