Eterno Domingo (capítulo cuarenta y cinco)

ETERNO DOMINGO

Jéssica de la Portilla Montaño.



Domingo 24 de Diciembre de 2006.

Son las nueve de la noche en punto. A las once tengo una cita para cenar en la mesa del comedor de la FFFS (Feliz Familia Ferrand Samaniego).

Invitados de honor: los IBFG (Inmundos Bastardos Ferrand Gutiérrez).

¿Por qué coño soy la única oveja negra entre tanto esquizofrénico?

La casa ya huele a pavo relleno. En la cocina hay como diez kilos de romeros que doña Carmen limpió con sus manos, aunque dudo mucho que ella los llegue a probar, y a mí tampoco me gustan. Hay mole poblano, traído directamente del barrio mexicano de Los Ángeles, California; bacalao a la vizcaína, receta especial de mi abuela Kriss (almendras, avellanas, aceitunas negras y otras tantas tarugadas); la clásica ensalada de manzana con zanahoria con esas pinches pasitas que parecen moscas muertas y que siempre siempre terminan revolviéndome el estómago.

Claro que me faltó mencionar las botellas de sidra rosa. Ya me robé dos cajas de cerveza para comenzar la celebración… No es mi culpa que hayan comprado tantas cajas para el cumpleaños de mi hija, ¿o sí?

(Si ya ni bebo… Ajá. Ajá. Ésa ni yo me la creí.)

“La navidad es un tiempo de dicha”, decía mi abuela cada vez que comenzaba diciembre. Regalos, arbolito, nacimiento. Regalos, arbolito, nacimiento.

Salud, Eduardo. Mamá compró los juguetes de tu hija putativa y ni los he visto por estar encerrada escribiendo jodideces que nadie más lee, ni siquiera tú; como si joderme las manos sirviera para alcanzar la inmortalidad tan añorada por una suicida frustrada.

Salud, Eduardo.

Salud.

Un brindis especial por Jacqueline, por favor. Me hizo llorar como escuincla con su carta tipo Club de Optimismo. Tiene razón: todos tenemos derecho a réplica. Hasta yo lo he tenido gracias a este blog estúpido. No edité nada de su texto, y eso que le faltó una hache en “Lizbet”… jajajaja. Jacqx critica mis errores garrafales al escribir mientras yo me quedo callada cuando a ella se le quema la comida. Para mí es mejor quedarme callada, ya lo sé, pero todavía no aprendo a hacerlo. A partir de mañana ocuparé mis inútiles horas en algo de provecho como… no sé, ¿cuidar a “la niña”? ¡Claro!, ¿cómo no se me había ocurrido antes???

Bla. Salud por Lizbet sin hache. Salud por “la niña” y por sus juguetes nuevos. Exactamente hace un año, Santa Claus no nos trajo nada que no fuese ropa usada y las sobras de una venta de saldos… Los Reyes Magos ni siquiera aparecieron. Papá los encerró en esta casota que tanto aborrezco, en mi mugroso cuartito de entonces no había chimenea y casi casi ni había ventanas como aquí que tengo vista privilegiada al hermoso y cuidado jardín, tan lleno de bugambilias y de jacarandas. Sólo falta una estatua en honor a papá.

“A su gran ego”, escribiría yo en la placa.

Supongo que debo resignarme a jugar el papel que me corresponde, a por lo menos tratar de cumplir con las expectativas que otros han fabricado para mí: regresar a la escuela…

…pero no a la de Teatro porque tú ni vas a estar, bah, ¿a qué coños vuelvo ahí?

En la noche apenas si pude dormir. Hace rato desperté saboreando tus ojos dentro de mi sueño, no recuerdo cuál fue el argumento esta vez pero ahí estabas tú y yo te mastiqué, tú estabas como antes, como cuando despertaba y estabas a un lado esperando para devorarme con tus labios hambrientos de mí. Acariciaba tu barbilla con la uña de mi dedo índice y te abrazaba bien fuerte, aspiraba tu aroma a suavizante de telas para grabármelo por siempre, en realidad no lo conocía y contigo tiene un nuevo cariz…

Tenía tanto tiempo sin soñar contigo que por un momento creí que tu imagen era real, que no estabas pero sólo porque habías ido al baño o a cualquier parte pero llegarías después, en algunos segundos, en cualquier momento inimaginado para decirme que me tenías un regalo envuelto en papel de china morado con un moño azul turquesa: una muestra de ese infinito amor tuyo.

Bla…

Pero nunca llegaste, carajo. Y yo te esperé, inguamente pero lo hice. Fui a la cocina pero ya no hay Absenta, no sé quién coño se lo bebió todo o si acaso lo usaron en el ponche de futas o qué. Ahora veo que no quería beber más porque sólo cuando estoy ebria surges entre las burbujas de champaña, eres peor que las nueve calorías que tiene cada trago o cada gota, qué sé yo…

Tu recuerdo me abandona cada vez que yo dejo el alcohol. Por eso he evitado beberte, por eso ya no te fumo ni te aspiro ni te inyecto en mis brazos, por Dios, como si fueses necesario.

Más bien debiera drenarte para que desaparezcas…

Pero mañana es navidad. Que sea ésta la última noche del año que pasamos juntos: ú encerrado en una botella etílica como si fueses un genio. Te bebo, te trago con la intención de que te quedes en mis intestinos, que te acumules en mi hígado hasta matarme de cirrosis amorosa…

Con razón nunca releo lo que escribo: me inspiras puras imbeciladas.

Quiero regresar a la universidad. A cualquier universidad de paga donde no esté Arturo, a cualquier institución que mis papás aprueben para estudiar cualquier cosa que ellos consideren conveniente para mí. Jacqueline lo logró: es Licenciada en Administración de Empresas. Algún día tendrá a su cargo los innumerables negocios de papá y todos los fideicomisos (¿qué pedo con esa palabra?, creo que la acabo de inventar jajaja) de toda la bola de vagos. Ahora está estudiando para ser Chef de cinco estrellas, su sueño dorado desde que recuerdo; pero cuántas veces no la escuché lamentarse por los años que se jodió haciendo algo que ella ni quería. Pero las reglas son las reglas, y papá la nombró heredera principal. A mí sólo me dejó una rebanada, apenas si lo necesario de aquí a que “Lizbet” cumpla dieciocho años. “Lizbet” quedó la segunda en la lista, y mamá tercera porque no necesita migajas. Alguna vez rompí todos mis esquemas y, lamentablemente, ahora tengo que pagar las consecuencias. Viví como hippie durante casi dos años, ni siquiera fui feliz pero quedé desterrada del intachable árbol genealógico, perdí todo mi pedigree por haberme cruzado contigo. JA.

Salud.

Lo bueno: mis ahorros de toda la vida siguen intactos. Lo malo: no pude recurrir a ellos cuando había que pagar cosas para mi bebé nuevo porque a mi querido ex novio le emputaba que yo tuviese dinero.

Ya lo sé: dejar la tiranía paterna para que me dominara otro pendejo machista fue lo más estúpido que se me pudo ocurrir, como si yo hubiese nacido para lavar pañales de tela cuando podía pagar una nana que compre cientos de paquetes desechables aunque el planeta se pudra.

Pensé en decirle a mi hermana que me deje vivir en uno de sus deptos mientras ella se queda en Estados Unidos, pero ni siquiera tengo un título profesional y no pienso alimentar a mi hija con más sueños vacíos.

Salud por mis sueños vacíos. Salud por mi garganta sin fondo.

Feliz navidad a todos. Feliz navidad a ti y a tu perra. Malditos…

Yo, tan pinche fantasiosa en mi mundito privado, según quería darle a mi hija el gran ejemplo de ser la nueva Lorelai Gilmore, la ex niña rica que comienza siendo mucama porque mandó a la goma a Emily cuando Rory apareció… Pero Lorelai reaparece rogándole a sus papis ricos que le presten para la escuela nice de su hijita, y qué deprimente que hasta las series televisivas sean tan podridamente parecidas a la vida real, a mi vida real, a esta mierda de la que quiero escapar de cualquier manera como hace años hizo mi prima.

Pero, arg: qué va a decir mi hijita cuando pregunte por qué se mató su mamá.

Ojalá mi hermana estuviera aquí. La última vez no tenía más que ideas depresivas en la cabeza (y hoy ando taaan alegre, JA), leí la carta de Jacqx y luego de ponerme a chillar me tranquilicé, no sé por qué ni para qué.

Sólo por hoy beberé esta última chela, que sea la penúltima porque me pienso poner hasta la madre para aguantar nuestra cena ridícula. Mañana pensaré que todo va a estar bien, que sólo necesito ponerme a trabajar como hace “la gente decente”, que debo encerrarme en una oficina todo el pinche día a hacer cuentas luego de encerrarme durante cuatro o cinco años en una escuela pretenciosa para obtener un título en Actuaría o en Finanzas o en cualquier cosa que en realidad me vale verga, así sea para hacer la finta como todos mis primos que nomás se aparecen a firmar su nómina pero, eso sí: todos son unos pinches matados de mierda. Yo ni eso.

Nada de qué sentirme orgullosa. Ni siquiera escribo bien, lo sé, lo sé.

Purititas deprimideces. Todo el mundo se cree un antecesor de EMO.

Salud. Ésta va por ti, pendejo.

Dije que ya no iba a beber, pero mañana es navidad y mi mamá está triste, mi papá también, no está Jacqueline y la única luz de esta casa se llama Lizbeth, con hache o sin hache, pero podría jurar que pronto brindaré con ella como yo comencé brindando con mi papá. Espuma y más espuma, me encanta agitar las cervezas para beberlas “de hidalgo”, prepararlas con salsa Tabasco, con salsa inglesa, con jugo de carne, limón y chile piquín. Sal, mucha sal, que se quede abajo del tarro sin disolver. Me encantan las bebidas amargas, el chocolate sin azúcar, todo lo que joda el hígado y que provoque úlcera.

Y hoy, hace un año… Una carta…

Te amo, Mónica. Has cambiado mi vida desde que te conocí. Tú y esa niña que quisiera llevara mi sangre. Cómo no pude atraparte antes, Moni. Te habría cuidado tanto, te habría dado el cariño que a mí me faltó. Te habría entregado un beso por cada lágrima, mis escritos que nada valen, como esta carta, Mónica… Ojalá te guste la ropa. Sólo me alcanzó para esto, pero es ropa nueva aunque tenga algunos defectos. Algún día podré pagar todo el lujo al que te acostumbraron, todas las sirvientas que necesitas para escribir tranquilamente; tendremos nuestra casa aparte para que nadie venga a gritarnos ni a decirnos nada que nos estorbe. Sólo seremos tú, la niña, y yo.

Hipócrita… Yo sé que en alguna parte también estás brindando con el hada verde y con tu teibolera (para alcohol y para viejas sí te alcanzaba, cabrón). Pensarás en mí aunque tú no quieras, maldito estúpido, así sea solamente porque no puedes darle vuelta a la hoja, porque no te atreves a sacarme desde adentro como yo te limpio de mis venas, como yo dreno mis neuronas con mi licor sabor a plátano.

Feliz navidad, Mónica. Ésta apenas es la segunda que pasamos juntos.

Hoy, hace un año… Hace un año y doce horas. Despertamos y era un día de asueto, un lindo sábado que hoy es domingo porque hoy sí es domingo, lo juro, lo juro por la niña que no está aquí, seguro mamá está jugando con ella mientras yo me embriago a su salud. Por una niña que será mucho mejor que yo. Y cuando ella tenga problemas yo ya habré dejado atrás todos los míos…

Ya lo sé: patético.

No recuerdo cuándo bebí mi primera cerveza. En la secundaria fui la clásica babosa que se iba de piyamada con sus amigas para volarnos las botellas de la familia en cuestión. Podríamos haber comprado las nuestras, nadie nos la habría hecho de tos, pero el chiste era lo prohibido: robar.

Sobre beber: a mí nunca nadie me dijo que no. Al contrario.

Cada año cambiaba de amigas así como cada directora me obligó a buscar otra escuela porque nadie soportaba al “mal ejemplo” que siempre fui. Decidí estudiar Medicina porque todos estaban locos, y luego me di cuenta de quién era la más enferma que no se alegra ni con diez cuartillas que se aventó mi hermana para motivarme.

En fin. Digamos que es la navidad, que es el Síndrome Pre Mortal que ninguno de mis novios soportó excepto tú, y solamente por dos años.

Debí estudiar para ser teibolera como esa pendeja, debí aprender a quitarme la ropa con movimientos sensuales, cómo abrir las piernas para guardar mejor los billetes del cliente porque escribir no deja nada bueno, puras resacas y deudas y enfermedades psicosociales. Cuánto ganará una puta bonita… Cuánta atención habrá tenido esa perra que juró haber tenido una hija tuya, hasta te tomaste fotos cargando a esa escuincla y la puta de su madre las subió a su Space para que las viera su marido…

Siempre odié la navidad porque los Ferrand Gutiérrez vienen a conbeber con las Ferrand Samaniego. A huevo nos toca sonreírles. Mamá ha de ser taaan feliz conviendo a los hijitos de “la secre”, o sea: ¿qué tienen que hacer en nuestra casa? Y papá se quejaba porque mamá se iba de viaje, que por qué bla bla bla. Este año papá mandó a la perra a Estados Unidos, por fin la mandó por un tubo y que ya no quería verla, así, nada más, ha de tener una nueva…

Y la perra se fue. Un minuto de silencio, jajaja.

Papá no tenía por qué haberse buscado otra mujer, cómo pudo acostarse con una naca que apenas si sabía deletrear su nombre, por Dios, si yo leí las estupideces que le escribía con su ortografía de niña de primaria. ¿Pero qué esperabas, culera?, tu título técnico es cero junto al título nobiliario de mi mamá, aunque en México no tenga validez: para eso están las joyas que mamá ni usa y que algún día me dejará. Jacqueline justificaba a papá diciendo que él estaba acostumbrado a la carne de gata, que era genético y no sé qué tanto, pero yo nunca estuve de acuerdo y hasta tuve ganas de conseguirle a mi jefa un amante musculoso. Cómo me habría reído si mamá hubiese mantenido a un chico lindo con el varo del Arquitecto, ja, por mí hasta les habría prestado mi habitación… Pero mamá me dio una bofetada la única vez que lo dije de broma. “¿Por quién me tomas? Yooo soy una señora, yooo soy la hija de bla bla bla bla”.

Esa pinche asistonta se quejaba porque ya tenía un hijo cuando papá decidió casarse, y se le hizo tan fácil pero taaan fácil tener otros más a ver si así le ganaba a mi madre… Si no era un hipódromo, ¿o sí? ¿Acaso un bebé tuyo y mío te habría retenido?

Lo dudo tanto, cariño. Si no puedo con una niña, hello.

Hoy hace un año me regalaste una carta, me hiciste un poema y me besaste como pocas veces. Comenzaste a brindar a las nueve de la mañana, decidiste que ese sábado querías pasarlo conmigo tirado en la cama y evitando la cruda gracias a mi cuerpo muy cerca del tuyo. Tu nueva manía ridícula era echar una o dos gotas de catsup en el vaso de licor de ajenjo para simular esferas rojas en un árbol líquido.

Esos malparidos pasarán la navidad con nosotros y no quiero verlos, yo debí ser hija única y Jacqueline y yo debimos ser las únicas Ferrand en el mundo. Mañana amaneceré peda o cruda o las dos cosas, no tendré nada nuevo que contar aquí y aprovecharé para compartir “fan mail versus hate mail” que he recibido.

Inauguremos una nueva sexxxión.

Sólo por hoy me pondré hasta la madre. Mañana estaré bien, porque mañana es navidad y es un tiempo de paz y de dicha. Javier está de vacaciones, Arturo es un hijo de puta y acaba de sonar el timbre. Mis “hermanos”.

Una chela más antes de escribir el último párrafo de otro post deprimente de un blog que ojalá alguien borre en mi próxima peda.

Prometo beberme diez litros de Coca-Cola de dieta para jugar con mi hija mañana por la mañana. Sólo por hoy estaré triste. Sólo por hoy. Es la última navidad que papá me obligará a convivir con toda la basura que él ha generado.

Salud a todos.

===

PD: Acabo de ver a Javier el chofer en la sala…

¡MALDITA SEA!!!

Ahora tengo que bañarme. Tengo que arreglarme. Debo fingir que estoy bien. En mis cinco sentidos, dicen por ahí. Carajo, que ni siquiera puedo presionar las teclas adecuadas, trato de hacerme la coherente cuando en realidad algo falla, alguien que me espera en un bar al que nunca llegué, algún amigo de Messenger que sólo buscaba salidas temporales. Me asomé a la sala y ahí estaban mis tres hermanos (Hugo, Paco, Luis) pero sin la tal Daisy, y yo sin saber qué demonios hacer. Estaban ahí los tres, y Javier el chofer, al que no sé quién coño invitó porque obvio que no fui yo. ¿Qué buscará? Una cerveza, cena, brindis… ¿y luego??? Pero cómo me encanta ese cabrón.

No sé. Lo pensaré por algún rato.

Posted by QueenKill33°.



Lee aquí el capítulo cuarenta y cuatro del Eterno domingo.


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