Interminable confesión de una satanista reconvertida al catolicismo
“Uhhh, si yo les contara nomás no termino. Ya no sé si realmente nací “oveja negra” o si me volvieron una de tanto decírmelo, porque con cada vergüenza que me hicieron pasar ciertas profesoras y compañeritas, no no no. Pero cómo olvidar a Oralia, la gordis de sin-cuenta mil kilogramos que se veía muy tierna con sus dos coletas a la Candy Candy, pero que gozaba como nadie a la hora de humillar a sus amadas alumnas; ya mejor me ponía de pie yo solita y caminaba hasta atrás del salón con la espalda bien pegadita a la pared y la arrepentida frente apuntando hacia el piso cada que surgía la terrible pregunta: ¿Quién no trajo su Biblia hoy? Y pues no, en ese entonces no había Internet y no había Biblia en ésta la casa de ustedes, seguramente porque el sueldo de secretaria de mi madre apenas si daba para pagar la colegiatura más la renta más el gas más la comida de cuatro personas.
Y ¡ay de ti! si no te formabas luego luego a la hora de la comulgar. Chismorreo del salón entero, uuuy, quién sabe qué tanto habrá hecho la maldita blasfema de siete, ocho años de edad si no puede ver al sacerdote a los ojos. ¡Agarren su piedra, chamacas, que hay que lanzársela a cualquier niña que no sea como nosotras! Y luego entre pura mocosa que se creía fresa porque nadie más del exclusivísimo barrio sin pavimentar hablaba inglés, o seaaa: hello.
Todo un caso, ¿verdad?”
Lee más de “Albedrío Cautivo“, primera entrega de mi nueva columna “Interminable confesión de una satanista reconvertida al catolicismo” en exclusiva para www.mejico.com.mx (Igualanet).
¿Eres escritor? ¡Participa! Igualanet busca nuevos talentos en cuento, poesía, ensayo y artículos para la sección de Cultura, que será editada por tu servidora. Envía tus textos a ginahalliwell@hotmail.com































