Eterno domingo (vigésimo noveno capítulo)
ETERNO DOMINGO

Jéssica de la Portilla Montaño.
ME LLEVA LA CH…
Abrí el monólogo de Fausto porque tenía intenciones de ponerme a trabajar, lo juro, pero tuve un extrañísimo presentimiento de que debía conectarme al Messenger y, ta tan, nudo en el estómago: Eduardo. Eduardo estaba conectado. Sí, EDUARDO, ahí estaba, pero de inmediato cerró sesión o me bloqueó, no pasó ni medio minuto. Maldito. No había sabido nada sobre él en un mes, en más de un mes, no sé, gracias a la mota dejé de llevar por un rato mi obsesiva cuenta de los días, de los meses, de cada pinche hora que transcurre sin prisa porque ya estaba harta, ya estoy hartísima. TE ODIO. Ver que estabas conectado me bajoneó lo suficiente para ponerme a chatear con la mensa de Lorena un rato, le conté la historia de mi vida desde que dejé la facultad a la fecha, y yo chillando a mares pero así mal mal maaal pedo hasta que… hasta que la muy estúpida escribió que ¡oh!, escribió que me ha extrañado un buen (o-sea-no-mames-güeyyy-pobrecita-de-ti) y que ¡oh!, que incluso una vez hasta ¡LLORÓ!!! porque nadie en todo el pinche y jodidérrimo mundo sabía nada de nada sobre mí (Lorena tan preocupada, Mónica tan egoísta tratando de rehabilitarse por la Lizbeth que traía en la panza) bla, supongo que todo es culpa de Michelle por negar información mía cuando le preguntaban (JAJAJAJ, y luego ella, la más discreta de la facu), que no había podido buscarme por equis o ye motivo y estaba muy arrepentida y que muchas ganas de conocer a “la niña”, pero que ahora que nos reencontramos y que si necesito de ella siempre (¡¡¡SIEMPREEE!!!) estará ahí, ahora sí habrá quien me consuele en mi próxima depre-post, etc etc etc… ¿ya te haces a la idea, Moni?
Idiota… Yo toda feeling, a punto de limpiar mis navajas oxidadas y cuál, me sacó de mi rollo esta imbécil con sus mamadas de ¡oh!, pero qué felicidad que el destino nos haya juntado oootra vez en un antro donde todos se pusieron hasta el culo excepto Mónica y Arturo, HELLO, como si en serio le hubiese interesado a toda esa bola de cabrones desde que boté Medicina… ¿me explico?
“Amigos de consumo”, decía la doctora Claudia. ¡Doctora Claudia!, no soy una pinche amargada. Eso dicen por ahí, pero… ¿sabe qué? Todo mundo está en mi contra. Sí, todo mundo, empezando por la tal Mónica Ferrand. ¿En serio cree que puedo confiar en usted, doctora?
Me inventé cualquier pretexto para cerrar el programa, me pareció ABSURDO estar chateando con una vieja que ya ni es mi amiga y que nunca lo fue, la neta, y yo aún en shock luego de ver que el hombre que registró a mi hija con su apellido ahora ni siquiera me manda una línea para preguntar cómo está Lizbeth. Mañana es su cumpleaños, maldita sea. Marqué al celular de Michelle, apagado, como siempre, apagadísimo y nadie con quién hablar, con quién desahogarme, dónde estás doctora Claudia, dónde estás mi doctor Fausto, Eduardo, Eduardo ya no estaba conectado, no lloré en ese momento porque no me cayó el veinte y yo creo que aún no me cae completamente, trágate tus palabras, Moni, sólo trágate tus palabras que a nadie le interesa leerlas y mucho menos escucharlas, coño, si tú has visto que ni a él le interesó. Supongo que es lo de siempre: terminas con alguien y éste desaparece y tú no vuelves a preguntarte qué harás cuando lo veas de nuevo porque lo das por descartado, no, jamás volveré a encontrarme con él ni por accidente, no quiero, me niego rotundamente a pensar qué haré para mantener mi dignidad cuando te vea, si sólo pienso en qué putas hacer para sobrevivir ahora que no estás aquí. Demonios. Los granos de arena del reloj siguen cayendo, escurren por el cuello del cristal de la botella de Absenta, tic tac, llegan a un mar de licor de ajenjo que los jala, los jala y después los revienta…
Así es la vida. Eso escuché alguna vez que anduve por quién sabe dónde.
Llevo horas navegando por un montón de páginas intrascendentes porque no tengo ganas de escribir, no tengo ganas de hacer nada, NADA, sólo quiero leer pensamientos tristes de otras personas para olvidar los míos y concentrarme en las letras para no llorar, juro que yo nunca lloro, nada de poesía reconocida internacionalmente porque no, me gustan más los textos nuevos aunque sean anónimos, aunque no tenga idea de quién lo sintió o dónde se encuentra, así es más sencillo imaginar que a mí se me ocurrió pero sólo ese o esa blogger pudo expresar de tan sublime manera. Bla bla.
El mundo exterior es demasiado grande para mí.
No había sabido nada de nadie de “la banda de la facu”, una que otra cadenita ocasional al correo y ya, de ahí en fuera nada. Nada hasta hoy que chateé con Lorena. Me dio gusto verlos en el antro y los habría invitado al cumpleaños de mi hija, pero la verdad es que está fuera de lugar porque ya no tenemos nada en común, únicamente las drogas, supongo yo. Años sin saber de ellos, años sin saber de nadie más en el mundo, sólo Mónica y Mónica y Mónica y yo.
Y Lizbeth, claro.
.
Posted by MyDramaQueen.
3 sugerencias para reescribir este guión.
At Diciembre 19, 2006 9:11 AM, anonymous said:
lalo en tu messenger? no lo creo, TE BLOQUEÓ Y TE BORRÓ…
mónica y mónica y más mónica, tu hija hasta el último, no
cambias, lizbeth al final porque apenas si te acuerdas de ella
At Diciembre 19, 2006 11:25 PM, Lorenita Arreolita said:
This message was deleted by MyDramaQueen
At Diciembre 19, 2006 9:11 AM, FaiRyTales said:
Shiax! Éste (o ésta) cómo sabe lo q’ hace o no hace “Lalo”? En vez d’
estar molestando a Moni deberías decir lo q’ sabes al respecto, x lo
menos dile a “Lalo” q’ es un #$%&=!!!
Lee aquí el vigésimo octavo capítulo de Eterno domingo.





























