Eterno domingo (vigésimo octavo capítulo)

ETERNO DOMINGO

Jéssica de la Portilla Montaño.



Siete de la tarde de ese domingo.

Pinche Michelle. Me caga que te desaparezcas así. Sé que el noventa y nueve por ciento de tu vida la pasas del otro lado de la computadora, aunque te pongas como “fuera de línea” para que no te hablen y aunque no contestes mis correos hasta que te mando por un tubo. En alguna de tus horas de inevitable insomnio vendrás a leerme tal y como hacen mis dizque amigos y mis ex amigos y especialmente mis ex novios, vendrás sin querer y como castigo te quedarás aquí para siempre y para siempre estarás dándole al botón de reload, una vez y otra, reloaded por el resto de tu vida, me leerás como por sobre el hombro y fingiendo no tener ganas ni interés, nada, como que no queriendo encontraste mi página y te quedaste porque no había nada mejor que hacer, ajá, leerme a la fuerza es una maldición para ti (y para mí, también), un embrujo maligno que no puedes ni podrás evitar porque odias lo que digo pero amas mi forma de hacerlo… ¿cierto o no? Me chocas. Me choca que se desaparezca la gente, pero yo soy siempre la primera en hacerlo. Experta en huir sin llamar la atención.

Decidí ponerme a trabajar en mi monólogo en lo que mamá regresaba. Me dio harto gusto evitarme la molestia de andar de tienda en tienda comprando juguetitos y probando dulces, pero tengo muchas ganas de estar con mi hija. Mañana nadie podrá decirme que no la cargue, mañana seremos la familia perfecta por algunas horas, muchos invitados y muchísimas fotos, iré al salón de belleza porque buena falta me hace y estrenaré algún vestido strapless, zapatos de tacón púrpura como dice Guillermo Samperio, no, mejor de color turquesa, turquesa, en la mano un biberón de cristal cortado que no sé quién me regaló, obsequios exclusivos, Lizbeth y su disfraz de flor violeta y unas cinco piñatas con mariachis todo el día, mamá decidió echar la casa por la ventana para celebrar a su nieta y no quiero ni pensar qué fiesta le organizará cuando mi hija cumpla tres años. Mamá jura que apenas si tuvo tiempo de invitar a nadie, estas cosas se planean con antelación y yo no sabía que iban a regresar a la casa de tu padre y de tu madre, Mónica, aprovecha lo que queda de la hacienda que la hija pródiga desperdició en diversiones inútiles.

Bah. A trabajar, dije…

PERO YA. A trabajar, Mónica.

Posted by MyDramaQueen.

1 sugerencias para reescribir este guión.

 


At Diciembre 19, 2006 9:07 AM, anonymous said:

no me digas que neto sigues traumatizada con el mismo monólogo
aburrido que no has podido concluir en n mil años

 



Lee aquí el vigésimo séptimo capítulo de Eterno domingo.


Add to Technorati Favorites Top Blogs web stats Literature blogs Literature blogsBlogalaxia

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

One Response to “Eterno domingo (vigésimo octavo capítulo)”

  1. por fin encontre esto!!
    sigo leyendo … ya casi termino

Leave a Reply