Eterno domingo (vigésimo primer capítulo)
ETERNO DOMINGO
Jéssica de la Portilla Montaño.
Domingo 10 de Diciembre de 2006.
No puedo creer lo bien que me fue ayer… No hay palabras…
Lizbeth tuvo un inexplicable ataque de llanto como a las diez de la noche, mamá empezó a desesperarse y que si estaba desvelada (ya te dije que el cuerpo genera tolerancia ante dosis masivas y continuas de rivotril, mamá) y que mañana tengo cosas que hacer (una aburrida clase de manualidades o de tejido o algo así) y papá ni al caso (sin comentarios) y que la niña es mi responsabilidad y que sólo está esperando a que realmente cambie, que si ella esperaba que la niña me hiciera madurar (¡hello!, ¿le exige madurez a una chava que tiene una hija?) y bla, y que o agarro la onda o me voy de la casa (“con o sin niña”, dijo mamá) y no sé qué.
Timbre.
Mónica abre la puerta. Es Arturo. Él sonríe al verme, yo sé que me veo perfectamente bien, más delgada (aunque la panza que me dejó Lizbeth no se me quita) y más blanca y menos pecosa que la última vez que él me vio. Nada que ver con la escuincla mensa que entró con él a Medicina: yo también dejé los anteojos, dos o tres cirugías (no voy a decir cuáles), ya no escucho música en español y sé mucho sobre la vida, el sexo, el amor…
Mamá baja las escaleras con Lizbeth en brazos. La pequeña patalea, Arturo saluda a mi hija y ella se queda en silencio. Arturo la ha hipnotizado de alguna manera desconocida que debería enseñarme. Mamá sonríe. Arturo la toma de la mano y la saluda, su voz es suave y fuerte a la vez, luce mucho más guapo que cuando lo conocí y sé que mamá está por derretirse. Arturo pide permiso para ausentarse un instante y busca su celular. Mamá se acerca con Lizbeth en brazos y me la entrega, me dice que llegue a la hora que quiera pero que llegue, y que me cuide…
-¿Que me cuide?
Ya sé que Lizbeth no quiere hermanitos, no necesita decírmelo porque yo estoy de acuerdo con ella. Luego me dice que me desea suerte e incluso me da la tarjeta y dos billetes de quinientos pesos, uno para que me divierta y el otro por si lo necesito. Le agradezco con un beso en la mejilla. Arturo regresa a la estancia, se acerca a mí con intenciones de besarme y entonces parece recordar que aún no está autorizado a llegar y besarme y ya. Lizbeth le jala la corbata y él dice que la niña tiene buena coordinación motora. Mamá sonríe. Pone cara de enamorada. Arturo me mira, expectante, y yo le pregunto a dónde quiere ir. Mamá toma a la niña en brazos. Arturo contesta que podemos ir al cine para regresar temprano. Mamá sonríe. Digo que está bien. Arturo se despide de mamá, ella debe de estar muy contenta pues lo besa en ambas mejillas, él sonríe, su rostro enrojece sólo un poco, ha aprendido a controlar los nervios pero también me di cuenta de que conmigo se comporta muy distinto que como se comporta con otras personas…
Salimos de casa de mis papás. Abre la puerta del Mini-Cooper, entro al diminuto automóvil (me gusta, pero hay muchas cosas que no podría hacer dentro de dicho vehículo), él enciende el motor y salimos de la privada, toma hacia Xochimilco y me pregunta si quiero ir al cine o a algún otro lugar.
-¿Otro lugar?, ¿cómo qué?
Más vale preguntar. Tenía mucho tiempo sin salir con un chico, y Arturo me gusta un chingo desde hace siglos… Arturo entra al estacionamiento de la plaza comercial de siempre y busca un lugar vacío.
-Tengo ganas de un capuchino helado, con mucha crema batida, con chispas de chocolate y canela en polvo y un poco de edulcorante…
Arturo sonríe. Dice que justo estaba pensando en eso. Sus últimas palabras me recuerdan un poco a Eduardo, pero ignoro el recuerdo y sonrío.
Arturo y yo nos sentamos en una mesa cercana a las taquillas del cine. Yo no quiero ver nada más que esos ojos que tan bien recordó mi mamá. Él tampoco quiere ver películas, dice que prefiere platicar conmigo ya sin el ruido del antro. Él pide un café exprés, lo bebe sin endulzarlo, yo pido un capuchino helado, con crema batida y chispas de chocolate y canela y un sobrecito de Canderel. La mujer que nos atiende anota todo en una libreta, luego desaparece. Arturo sonríe y me pregunta si Teatro me gusta más que Medicina. Me río. Me gusta mucho más, pero extraño la compañía… ¿La compañía? Así es. Todos mis amigos se quedaron en la Facultad. ¿Entonces por qué no vas más seguido a visitarnos? Teatro es muy demandante, tú sabes: hay que hacer ejercicio tres horas al día -mentira-, memorizar al menos una obra a la semana -mentira-, el resto del tiempo cuido a Lizbeth -ja ja-… Arturo me mira con los ojos muy abiertos, sé que está sorprendido con las tonterías que le digo, pero lo peor es que me cree todo. O me cree, o me hace creer eso, da igual. Me hace mil preguntas, le digo cien millones de mentiras, él ríe y me dice que no puede creer lo bien que me ha sentado la maternidad. Sonrío. En realidad estoy pensando en Eduardo, me he terminado el capuchino y comienzo a aburrirme, pienso un poco más deprisa de lo que las personas escuchan, de hecho pienso más rápido de lo que mi boca puede moverse y por eso parece que digo tonterías cuando en realidad deberían de ser frases célebres, una tras otra, una tras otra… Arturo me dice que no ha salido con una chica desde que está en Medicina, le pregunto si es gay o bisexual y él ríe, dice que no y que tampoco, que es hetero y que de hecho quiere saber si me interesa seguir saliendo con él… Sonrío, pero de inmediato me pongo seria y le digo que eso depende de cómo nos llevemos. Qué extraño: un hombre me pide que siga saliendo con él. Arturo siguió hablando, pero no supe de qué, me perdí en su mirada, en su sonrisa, en sus manos de futuro cirujano… Pedí otro capuchino (casi no pude dormir), nos quedamos dos o tres horas sin hacer nada más que platicar de las similitudes entre Teatro y Medicina, yo le dije que no hay ninguna pero él me habló de griegos y romanos y de otras cosas a las que no puse atención.
Llegué a casa temprano. La televisión de mis papás seguía encendida, la luz de la cocina también lo estaba, mamá seguramente estaría feliz por lo bien que me he portado desde hace una semana o dos. Arturo se acerca y me arranca de estos pensamientos insulsos, un beso en los labios, no puedo responderle ni negarme a recibirlo, sonrío, luego finjo estar molesta por haberme besado sin mi consentimiento, él ríe y me agradece por la velada, promete llamarme en la semana para salir alguna tarde y me pide que desde ahora le aparte cada uno de mis sábados. Accedo gustosa.
Me pide le agradezca a mamá, yo le contesto que estará contenta de verme llegar temprano y él dice que ya lo sabe pues tiene una mamá igual, tal vez peor.
Se acerca para besarme. Cierro los ojos. Pienso en Eduardo, pero cierro los ojos para no sentir nada más que los labios de Arturo. Un beso breve, de despedida, una pequeña invitación a soñar con él.
Me encanta perderme en sus ojos de mar inquieto.
Al llegar a casa, mamá me estaba esperando con la niña en brazos para que le platicara todo. Al final aplaude, emocionada, pero me pregunta qué voy a hacer.
No puedes estar saliendo con todos los que conozcas. Ahora está Lizbeth primero.
Le digo que ya lo sé, que comprendo lo que dice, y que por ello mantendré separados ambos aspectos de mi vida. Mamá accede. Dice estar contenta de verme contenta de nuevo, que sabe lo mal que la pasé con el naco de Eduardo (“no entiendo qué hacías con él, tú tan linda”) y que para variar no tuve la culpa (“para variar”, ja), que le da gusto verme animada pero que piense bien las cosas…
Estoy cansada, asiento con la cabeza a todo y le digo a mamá que quiero dormir a Lizbeth. Mamá sonríe y me entrega a la niña. Subo las escaleras con mi hija en brazos, ella recarga la cabeza en mi hombro y se queda dormida. Camino hacia mi recámara y la recuesto en mi cama. He bebido demasiada cafeína. Mamá me pregunta si la niña dormirá en mi recámara y le digo que sí, si es que me da permiso de hacerlo. Mamá sonríe. Yo sonrío. Es la primera vez que mi hija duerme sobre mi almohada favorita.
No soy tan mala para no saber lo que hago. La quiero.
Tal vez algún día pueda darle una nueva familia.
Posted by MyDramaQueen.
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Lee aquí el vigésimo capítulo de Eterno domingo.





Magic Coffee & Show
























wooowww que emocionante, es mejor que chutarse las 5 temporadas de Weeds…en idem