Eterno domingo (vigésimo capítulo)

ETERNO DOMINGO

Jéssica de la Portilla Montaño.



No sé qué hora sea…

…Sábado. Medio día. Mónica ayuda a bañar a Lizbeth.Teléfono.Mamá pide a Mónica que conteste.Mónica obedece.

Toma el auricular, presiona el botón de encendido y lleva el aparato cerca de uno de sus oídos. Respira profundamente antes de decir con voz de niña boba:

-¿Bueno?

Mónica tiembla al escuchar que una voz masculina pregunta por ella.

Es Arturo.

Mónica sostiene el auricular con mucha fuerza para que no se le resbale. Su corazón late desbocado. Imagina los ojos aguamarina de Arturo, las negrísimas pestañas que los enmarcan, las cejas inclinadas con suspicacia y una lengua que humedece esos labios que tanto se le antojaban a Mónica durante las clases de Anatomía Comparada… Sí: Lo mejor de Medicina son los compañeros. No: La Medicina no era para Mónica, pero el “hubiera” es su tiempo preferido y ella siempre se preguntó qué habría pasado si…

…el rubio chico alguna vez le hubiese sonreído menos tímido y más coqueto…

…la bata blanca no hubiese ocultado al chico durante las horas de laboratorio…

…las gruesas gafas de armazón negro hubiesen sido sustituidas por lentes de contacto, o si la cirugía láser se hubiese llevado a cabo entonces…

Pero el “hubiera” no existe (es lo que dicen por ahí), y Mónica tuvo que esperar tres años de su corta e inutilísima vida para recordar su gran duda:

-Hola… ¿Arturo?, ¿eres tú?

Respuesta afirmativa. La respiración de Mónica se detiene, el aire en sus pulmones se congela, sus labios intentan esbozar una sonrisa pero tres mariposas en su estómago se lo impiden.

-Bien, gracias, ¿tú qué tal?

Mónica vuelve la cabeza con disimulo. Lizbeth agita los pequeños brazos, su rubio cabello está lleno de espuma. Mamá retrocede uno o dos pasos mientras destapa el frasco de shampoo de manzanilla. Mónica sabe que está siendo observada minuciosamente por dos ojos que mueren por encontrar la más mínima falta para restregarla mil veces contra ella, pero Mónica ha aprendido uno o dos trucos a lo largo de los años de continuas peleas ridículas:

-Más o menos… Con mi mami, bañando a la niña. ¿Tú?

Mónica sonríe al escuchar el suspiro materno.  Un punto más a su favor, sin costo.

-¿Cuándo?, ¿hoy?, ¿a qué hora?

Mónica se muerde los labios.

-No sé, no tengo dinero… Y con quién dejo a la Güera…

Mónica cierra los ojos al escuchar que mamá se ha aclarado la garganta.

-Sí, oye, espérame tantito, no cuelgues –Mónica le habla al auricular muy suavecito, ronronea cerca del oído electrónico, luego presiona algún botón para impedir el paso de cualquier sonido.

Mónica gira sobre sus talones. Asiente con la cabeza y se dispone a superar el inminente cuestionario:

- Arturo. Ajá. De Medicina. Ajá. Sí, el sábado. Sí. Con Michelle.

Mónica asiente con la cabeza.

-Porque se sigue llevando con ellos. Ajá.

Punto para Michelle. Aun si es mala influencia, puedo apelar a su buen gusto.

-No sé… Salir… Sólo me dijo que quería verme.

Mónica asiente con la cabeza.

-Al cine. O al teatro. Algo así.

Mónica niega con la cabeza.

-Más o menos. Ya se me está pasando. Ajá. Que mandó carta desde Estados Unidos. Ajá. Que si vamos el domingo con la niña a comer… Bueno, vamos nosotras. No, está bien, pero también es su abuela.

Mónica niega con la cabeza.

-Temprano. Si quieres; le digo que tienes ganas de saludarlo. Ajá. El de ojos aguamarina…. ¡Ah! el de mirada de mares desbordados.

Mónica sonríe. Ha dado justo en el blanco.

Posted by MyDramaQueen.

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Lee aquí el decimonoveno capítulo de Eterno domingo.


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