Eterno domingo (décimo capítulo)

ETERNO DOMINGO

Jéssica de la Portilla Montaño.



Once de la noche de otro domingo.

Todavía me duele la cabeza. Ya escribí demasiadas tonterías y sigo cruda.

Michelle llegó casi a las doce, yo quería ir al Dada-X pero ella dijo que no y que qué hueva y que quería ir a bailar y no a deprimirse con mis “ondas darketas” e hizo que me cambiara de ropa (¡malditaaa!), nos lanzamos a La Condesa y fue mi regreso triunfal: primero al bar del Mike y unas medias de seda, al lounge que está junto a la iglesia y una copa de Malibú mezclada con piña colada espumosa, de ahí al Psycho, los de Medicina lo eligieron porque iba a mezclar no sé quién…

Llegamos, y ahí estaba Arturo.

Arturo.

El guapísimo Arturo. Sé que él también me estaba esperando a mí.

Lo primero que vi fueron esos ojos color aguamarina, ni azules ni verdes sino aguamarina, que me hipnotizaron tan estúpidamente durante mi único semestre en la Facultad. En cuanto nos vio llegar se puso de pie y acercó una silla para que yo me sentara junto a él… yo y nadie más… Tenía un millón de años sin verlo (bueno, como tres). En la mesa estábamos Arturo, Michelle, Lorena, Javier, Fernando, la novia de Fernando y yo, casi no podíamos hablar porque nos sentamos en la zona de Psy-Trance (cómo odio ese pinche antro) y el ruido de siempre se sumaba a las copas de cristal chocando, salud por la Navidad, salud por otro año, las botellas de vino se despedían de nosotros sin decir palabra y por mientras Arturo me hablaba al oído, quería que le contara todo, todo lo que ha pasado en todo este tiempo, que no podía creer que tuve una niña porque me veo igual que antes, no, dijo que me veo mucho mejor. Lorena sigue con Javier, Michelle se ligó a un tipo y Fernando se la pasó viendo a Michelle, su novia estaba furiosa (lo de siempre). La noche estuvo interesante, demasiada gente para un lugar tan pequeño, mucho calor, mucha música, sólo nicotina y alcohol y Javier armó dos o tres bazucos, lo de siempre, lo de siempre… El Turco ya ni se acordaba de mí jaja, no sé cómo demonios perdí su teléfono, que quién quería un coctel cortesía de la casa por el gusto de volver a vernos, yo dije que no porque estoy fuera de práctica y Arturo dijo que en otra ocasión, todos los demás le entraron y la zorra de Michelle se metió dos de un jalón (pinche enfermita) y luego se fue con el tipo que se ligó, nunca supe cómo se llamaba el fulano. Arturo me trajo a casa en su Mini-Cooper rojo, llegué a las cuatro de la mañana, a las cinco, yo qué sé…

Al salir del antro fuimos a comer tacos de grasa con harina y me jodí porque no había una sola botella de refresco. Maldita sea. Tenías razón: un vaso de Coca-Cola antes de irte a dormir y otro vaso al despertar son infalibles para evitar la cruda. No había refresco, y en la casa tampoco hubo (puras latas de cerveza light). Arturo se estacionó frente a la casa, intentó besarme pero no lo dejé, se puso punk pero le dije que nel, que no quería que “esto” (¿esto?, ¿cuál?) fuese producto del alcohol. Me echó el choro que me había extrañado y etc, etc, que quiere verme en la semana y yo sólo contesté que nos ponemos de acuerdo, sonreí y me despedí con un beso en la mejilla, me persigné antes de bajar de ese automóvil del pecado jaja. Dice Jacqueline que las mujeres más golfas son aquéllas a las que no se les nota, pero yo no estoy de acuerdo con ella ni con nada de lo que ella diga jamás. Como sea, no pienso volver a apendejarme con nadie, y menos con Arturo, el niño bueno de Medicina que apenas si se atrevía a dirigirme la palabra…

Desperté con el rostro amarillo. Me bebí varias tazas de té verde con arroz tostado con un chingo de azúcar, luego salí un rato a la sala. “Vamos a misa”, era el recado de mamá. Encargué dos litros de Coca-Cola e intenté dormir de nuevo, pero la cruda no se me quitaba, no se me quitó.

Luego me habló Michelle, que estaba deprimida y se puso a llorar. Le dije que no se frikeara. Siempre se olvida de la depre-post.

-Te tomaste dos, zorra. Mañana te vas a querer morir…

No vuelvo a beber alcohol. Hoy no hice nada de nada. Mamá me marcó para avisarme que iban a ir al cine, me preguntó si no quería ir y le dije que no, que quería escribir un rato.

Me felicitó por no haber bebido gota de alcohol.

Absinthe con Fausto.

Doctor Fausto.

-Si pudieras hacer un pacto con el diablo, ¿lo harías?

No es necesario, Mónica.

Yo soy el diablo.

Pero tú sí puedes pactar conmigo.

Deja que tu sangre resbale por mi garganta.

Acepté. Era un acuerdo justo.

Posted by MyDramaQueen.

1 sugerencias para reescribir este guión.


At Diciembre 2, 2006 12:15 PM, LightSoundDreams-25 said:

Pero kómo eres shizmoza! Gerardo manejó a mi kaza i zólo me

tomé un koktel (no te dije pero eran lovez azulez! hehe muérete

de la envidiaaa), para la otra io te invito uno (miedosa!).

 


Lee aquí el noveno capítulo de Eterno domingo.


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