Eterno domingo (séptimo capítulo)
ETERNO DOMINGO

Jéssica de la Portilla Montaño.
Once de la noche de otro domingo.
Pasamos tantas horas en tu cama, en nuestra cama,sin hacer otra cosa que mirarnos a los ojos y hablar de amor,
de tener otro hijo,
de todas esas mamadas de las que uno habla con los fantasmas
antes de que se desvanezcan en el aire,
y tú me decías pendejada tras pendejada,
puras mentiras que se fueron directo a la goma cuando menos lo esperaba:
Te quiero, Mónica.
No puedo vivir sin ti.
Soñé que dormíamos con nuestras manos y piernas por siempre entrelazadas.
Eres la mujer con la que quiero estar.
Nunca te voy a dejar, Mónica.
Mónica. Mónica. Mónicaaa…
Los domingos eran tan distintos al resto de la semana. Mi vida era tan distinta desde que acepté regresar contigo. Si yo hubiera sabido todo lo que iba a pasar, si nunca nos hubiésemos separado, si Lizbeth no hubiese aparecido, si yo te hubiera necesitado así entonces, cuando nos conocimos, si tu papá no estuviese muerto, si mi papá no me odiara tanto, si, si, si sólo existiésemos tú y yo, si supiese a dónde putas te has largado para tenerme lejos…
Los domingos tardábamos horas en levantarnos de la cama, no había ninguna prisa, me alcanzabas un pantalón cualquiera y luego te desnudabas ante mí para vestirte rápidamente. Nos íbamos corriendo a la calle, tú corrías porque yo ya no podía ni moverme. Lizbeth ya estaba dentro de mí. Regresabas corriendo, me besabas, tomabas mi mano y regresábamos a preparar algo de comer y a encerrarnos de nuevo en tu habitación. Mi suegra adoraba a Lizbeth, prometió decirme si sabe algo de ti pero yo sé que sabe y que dice que no. Lo sé.
El resto de la tarde hacíamos cualquier cosa, leer poemas o tus obras de teatro; pero invariablemente, en cuanto había una oportunidad de tenerte de nuevo, yo ni siquiera lo pensaba. Te deseé tanto durante ese tiempo, tal vez menos de lo que te deseo ahora que no estás (pero no creo).
Me acercaba a ti y nos besábamos otra vez, otra vez, otra, otra…
Luego llegó Lizbeth.
De pronto había una niña con nosotros. Sabía que Lizbeth sería parte ineludible de mi vida, pero jamás pensé que tú compartirías ese momento conmigo. Yo pensé que ya me habías olvidado. Luego no pensé que desaparecerías de nuevo.
Todo comenzó como un juego. Tú y yo jugando a la casita. Yo amamantaba a Lizbeth en la cocina, mientras tú dormías; en la mañana te ibas al despacho mientras mi suegra hacía de comer y yo cambiaba pañales y preparaba mamilas. Tú y yo jugando a ser papás. Qué ternura. Por la tarde te quedabas dormido un rato, luego te ibas a clases o al teatro y regresabas a cantarme canciones de cuna. No sé dónde leí que todo lo que termina siendo importante comienza siempre como un simple juego…
Posted by MyDramaQueen.
1 sugerencias para reescribir este guión.
At Diciembre 2, 2006 2:23 AM, JWON said:
Salgo a Los Ángeles. Pórtate bien, deja de pensar tonterías, tienes
que estar bien por ti y por la niña.
En la noche voy a despedirme de mis papás y de ti.
Lee aquí el sexto capítulo de Eterno domingo.





























