Santo milagroso, ex novio imbécil, Don Pedro, y yo – Kassandra Hakluyt

Santo milagroso, ex novio imbécil, Don Pedro, y yo - Kassandra Hakluyt

Santo milagroso, ex novio imbécil, Don Pedro, y yo

Texto e ilustración: Kassandra Hakluyt

(Kassandra BloodKiss)

 

Lee la primera parte aquí:

Sobre el ex novio imbécil.

El problema de poner tu correo electrónico en una página de internet, por muy pocas visitas que creas tener o que indiquen las supuestas estadísticas, es que no te escribe ningún cliente ni posibles patrocinadores, nadie que quiera contratarte o becarte o regalarte dinero a cambio de nada: sólo se pondrán en contacto contigo ciertos entes jodones que por algo no tienen tu WhatsApp. Por eso borré mi primer blog, que ni siquiera era mío porque era un subdominio de esta misma página de todomepasa, y también por eso ya no uso Facebook ni Twitter ni nada de eso.

El primer ente jodón que me escribió ni siquiera llegó a la categoría de ex novio imbécil: fue otro ruquillo que también me llevaba como veinte mil años y que me empezó a hablar en la universidad del DF para —anoten por favor esta técnica inusitada para conquistar estudiantes— darme una estampita de un santo milagroso del catolicismo un día que me vio llorando. ¡Alabado sea el Señor! (El Señor Dios, no este ruquillo conquista chavitas.) ¡Pero cuánta bondad había en su corazón!

Supuestamente intentó conseguirme trabajo en su área, y yo pensando tan idiotamente que lo hacía de forma desinteresada porque me vio un gran futuro como burócrata académica. En una ocasión me invitó a desayunar para según celebrar el único reconocimiento escolar que he recibido… y, en lugar de eso, el muy marrano me besó en la boca sin mayor aviso y en un lugar público mientras decía, como en una plegaria que sólo se escucha en el idioma de los santos infieles, que, ¡oh!, que en doce años de sacrosanto matrimonio eclesiástico jamás se había enamorado de alguien que no fuera la señora a la que llevó de blanco al altar.

Vaya suerte la mía: bien pero bien pinche. ¿Por qué no se enamora de mí un Carlos Slim, más joven y de paso menos feo? (Lo feo se perdona; pero lo imbécil y raboverde, no.) ¿Un Mr. Universo, un actor televisivo, Brad Pitt hace trece años y antes de sus seis hijos? ¿Acaso es mucho pedir que me corteje un hombre decente, sin compromisos previos, que no pretenda verme la cara de idiota con mentiras y embustes como esa de ligar con chavitas gracias a una estampita de un santo milagroso católico? ¿Por qué mi mal karma? ¿Por qué, siendo razonablemente bonita según yo?

Hasta eso, hay que reconocerle la originalidad: muchos intentan ligar en el antro… pero ninguno lo hará en la iglesia, en plena misa, al tiempo que lee la oración de la estampita de su santo milagroso. Ya me imagino al tipo guiñando el ojito mientras su sacrosanta esposa se persigna para que todos la vean.

Corté de tajo la “amistad” porque el ruquillo no era nada agraciado, y su insistencia en “contratarme” para que le diera “clases privadas de idiomas” y “ayudarme monetariamente” me sonaba a vil prostitución.

Si un hombre casado te avienta los perros y está guapo o tiene alguna gracia, pues uno ya piensa qué hacer, sopesa los pros y contras y decide si vale la pena arriesgarse a una relación que de entrada tiene mucho pasado y cero futuro.

Pero algo tan forzado como que te besen sin aviso luego de fingirse tus amigos que te regalan estampitas de un santo milagroso y bulas papales porque, oh, esos señores son tan religiosos como sicarios y narcos, y te recitan de memoria el Concilio de Trento —juro por su Dios y el mío que en una ocasión me habló de las diferencias entre el Concilio de Trento y el Concilio de yo no sé dónde— y te culpan de ser el demonio tentador que se interpuso entre su abnegada esposa y él.

¡Pobrecitos casados cuaren-cincuentones! Ni las chavitas ni las rucas de su rodada los comprenden.

En pocas palabras: no mamar.

Pues sí, ese mismo me escribió hace unos tres años que encontró mi correo electrónico en mi ex blog de internet. Los saludos obligatorios, hola hola bla bla. El siguiente mensaje fue tipo “Oh, iba yo paseando por la ciudad cuando vi tal restaurante, a que no sabes a quién me recuerda por no sé qué hecho desagradable”. Sobra decir que ya no le contesté.

Y si llegas a leer esto porque me sigues fisgoneando, he aquí lo que realmente pienso de ti: espero te haya satisfecho lo poco que lograste a la fuerza, pero para la otra que quieras conquistar a una chica no católica primero mírate en un espejo, luego esconde tu anillo de casado y por último compra “Cicatricure crema rosita” (o una plancha) para tus arrugas.

Continuará.

Santo milagroso, ex novio imbécil, Don Pedro, y yo - Kassandra Hakluyt

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