Santa Claus, San Nicolás, el Niño Dios… Gracias por las bendiciones

Santa Claus, una tradición familiar de la Ciudad de México donde los niños reciben regalos según si se portaron bien... y según la economía familiar.

Santa Claus, San Nicolás, el Niño Dios…

No sé quién sea el que me ha visitado cada Navidad desde que era pequeña, pero quiero agradecerle porque él y los Santos Reyes Magos fueron tan generosos conmigo, lo siguen siendo, no sólo por la cantidad de juguetes que tuve sino porque en general me trajeron casi siempre lo que les pedí, así fuera la versión austera del Juego de Química Mi Alegría que usé una vez y abandoné, como abandono todo, porque no me salió el primer experimento (hacer cristales… favor de no confundir con Breaking Bad), o el Bebé Nenuco que hacía babitas y tenía una mamila como único accesorio.

También recuerdo el GiraPintando, los Fluffits para adornar la ropa y que se inflaban al plancharlos, y cómo no, el cochinito Hamton de los Tiny Toons que apareció bajo el árbol de escarcha plateada y que fue conmigo desde a Acapulco hasta a Las Vegas porque jamás lo solté, aunque desapareció misteriosamente como mi Nintendo NES y la mayoría de mis imágenes y textos digitales. En una ocasión mi mamá me castigó regalándole mi Hamton a mi primito Yared, y como me enojé con él poco después me lo regresó para que no dejara de quererlo.

Y cómo olvidar los patines de una y dos líneas y la vez que no encontraba mi regalo hasta que me preguntaron si ya había buscado en la recámara de mi abuela: ahí estaba una enorme, flamante y nueva bicicleta con que me destrocé las rodillas desde el primer día que me llevaron al parque y mi mamá me enseñó a andar en ella. Tenía tanto miedo de caer porque soy de naturaleza torpe y siempre me pego, me corto, me daño, pero mi mamá estuvo conmigo hasta que hallé el equilibrio para controlar al monstruo y poder avanzar yo solita.

Santa Claus, San Nicolás, el Niño Dios y mi mamá me ayudaron. En casa de una madre sola nunca jamás hizo falta nada, ni siquiera unos carísimos brackets que con el alma detesté.

Recuerdo con especial cariño dos Navidades: una en Maeva, Manzanillo, con la que comencé a escribir mi querido diario, y la famosa Nochebuena en Florida, si mal no recuerdo en Orlando, la vez que cenamos sándwiches con ingredientes que compramos en una farmacia porque todo todo todo estaba cerrado.

Esta es la segunda Navidad de mi hija Jéssica Aranza. El año pasado Santa Claus (o San Nicolás, o el Niño Dios) dejó en casa de mi mamá un precioso elefante musical de Fisher-Price para que Aranza aprendiera a caminar.

Y este año que mi mamá y mi abuela vinieron a celebrar el cumpleaños de Héctor, se trajeron cargando desde la Ciudad de México un triciclo (por ahora carreola, porque Arancita aún no alcanza los pedales) de Hello Kitty marca Prinsel, ya armado, que yo con trabajos logro sacar sola a la calle. Sólo una abuela como mi madre es capaz de hacer algo así.

Santa Claus, San Nicolás, el Niño Dios… dejaron en la casa de la abuela en la Ciudad de México una carreola triciclo Prinsel de Hello Kitty para mi princesa Aranza.

Santa Claus, San Nicolás, el Niño Dios… dejaron en la casa de la abuela en la Ciudad de México una carreola triciclo Prinsel de Hello Kitty para mi princesa Aranza.

Es increíble ver cuánto ha crecido mi bebé. A unos días de que Donald Trump llegue a la Casa Blanca y a medio año de que Agustín Carstens abandone el Banco de México a su suerte, estoy considerando seriamente la posibilidad de que Aranza también sea hija única, para que tenga las mejores oportunidades en medio de la crisis mundial que Paul Krugman, Nicholas Kristof, Thomas L. Friedman, Sergio Sarmiento, Jorge Zepeda Patterson y otros conocedores del tema anuncian y que en México ya estamos viendo con el aumento de precios y escasez de gasolinas.

Amor no le ha de faltar, así como a mí no me faltó el cariño de mi abuela que me llevaba a todas partes, de mi mamá que trabajaba como diez horas diarias, de mi tío Chucho (en paz descanse) que me regalaba artesanías que él hacía, de mi tía Teresa que me obligaba a comer sopa de cebolla (chiste local) y mi tío Miguel que fue un padre para mí, de mis primos hermanos Omar, Iram y Yared, y el de todos los Montalvo que me adoptaron como una más de ellos, el de mi Ana Madrina y mis primas Paola, Mariana, Aracely  y Verónica. Y el de muchas otras personas de mi familia materna con quienes ya no tenemos contacto: mi tía la Negra y su casa de ensueño, mi tía Silvia siempre risueña, mi tío Jaime “el Roc Carol”…

Santa Claus tiene su origen en San Nicolás, santo patrono de Turquía de todos los niños y de los niños enfermos. Cuida a mi hija de toda envidia y maldad.

Santa Claus tiene su origen en San Nicolás, santo patrono de Turquía de todos los niños y de los niños enfermos. Cuida a mi hija de toda envidia y maldad.

Cada que veo a mi hija con su cabello chino que no deja que le peinen y su sonrisota de dientitos separados, vestida con ropa navideña de Santa Claus o del Monstruo Comegalletas, me parece increíble que haya personas que golpean, violan, abusan sexualmente o asesinan a sus propios niños (o a los ajenos), cuando lo “mejor” que podrían hacer por ellos y por sí mismos es simplemente abandonarlos con sus madres o en la calle o un orfanato o cortarse los dedos antes que tocarlos para hacerles un daño. Ya no hablemos de quienes impunemente roban, secuestran, torturan, mutilan, cometen negligencia médica, lanzan bombas en escuelas, queman guarderías, hacen explotar hospitales, reclutan infantes como guerrilleros o sicarios, y un larguísimo etcétera.

Gracias a mi hija, a quien amé mucho antes de concebirla y que vivió en mí durante nueve meses, hoy comprendo el gran amor que siempre me ha tenido mi mamá, mismo que sigue demostrando ahora a través del amor que le da a diario a mi hija desde el otro lado de una lejana webcam. Y cuando veo a Héctor jugar con Arancita, arrullarla, hacerle cosquillas, ponerle su árbol de Navidad, me queda en claro que debo seguir luchando para no repetir historias nefastas, como la de John Lennon y su ausente Alfred.

Espero ser tan fuerte como mi madre, una “perfecta cabrona” según el libro de Elizabeth Hilts, para poder darle siempre lo mejor a mi hija: educación privada de calidad, viajes, cada año vacaciones en la playa, conocer el extranjero, juguetes… Y sobre todo apoyarla como yo fui apoyada a pesar de mis malas decisiones, en general hice lo que quise y es una fortuna que los errores laborales, escolares y amorosos me hayan llevado a donde me encuentro hoy: como cabeza de una hermosa familia, super exclusiva que sólo se compone del diario de tres personas (mi esposo, mi hija, y yo), y de una familia de cinco personas donde la abuela y la bisabuela materna tienen todo el derecho del universo, más que ganado por amor y por lo que me proveyeron durante mas de treinta años, de disfrutar de mi única niña. Nadie más que ellas tiene ese derecho.

Santa Claus, una tradición familiar de la Ciudad de México donde los niños reciben regalos según si se portaron bien... y según la economía familiar.

Santa Claus, una tradición familiar de la Ciudad de México donde los niños reciben regalos según si se portaron bien… y según la economía familiar.

Sólo ha habido una persona que no son de mi familia que han estado conmigo: la amiga que conozco desde niña. Sigue aquí, distante pero presente, aunque llevemos años sin vernos, aunque pasemos meses sin escribirnos y aunque no lea mis textos.

A todos quienes compartieron un segundo de su existencia conmigo para hacerme feliz, aunque fuera de forma muy breve y aunque no los recuerde porque yo era pequeña, deseo agradecerles por haber sido un nombre en mi diario o una entrada de blog que terminó en la papelera. Los quise, aunque yo no haya demostrado importancia o se hayan ido pensando que no los valoré, porque para ustedes era mejor así.

De vez en cuando pensaré en ustedes, y puede que hasta les dedique un cuento en el que Santa Claus, San Nicolás o el Niño Dios nos reúna dentro de muchos años en el cielo, si es que existe.

3 Respuestas a “Santa Claus, San Nicolás, el Niño Dios… Gracias por las bendiciones

  1. El amor se gana, no con juguetes ni viajes, sino con atención y cariño, tal vez no fui la excelente madre que debí de haber sido, un poco porque me tuve que enfrentar sola a la maternidad y la responsabilidad que conlleva y después tuve que hacerle de papá para llevar el sustento a casa, pero siempre todo lo que hice, fue tratando de que tuvieras una vida mejor y las oportunidades que a mi me faltaron. Seguimos y seguiremos luchando por ser mejores cada día.

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