La abuela de Aranza



Cada año en estas fechas escribo un texto en honor a la mujer que me trajo a este mundo: hablo de su fortaleza, del esfuerzo que le significó sacar adelante ella sola a una hija, a una madre y hasta a dos tíos; del infinito apoyo que me ha brindado aun cuando haya estado en desacuerdo con alguna decisión.

Pero hoy no quiero hablar de la mamá de Jéssica, sino de la persona que conocí hace ya seis meses y que mañana 3 de octubre (“3 de octubre no se olvida”) celebrará con nosotros un año más en esta Tierra:

La abuela de Aranza se tomó trece días de vacaciones para estar en el nacimiento de mi niña. Me enseñó a cambiar pañales, cargó a mi hija para arrullarla y me ofreció ambos brazos para apoyarme cuando yo no podía ponerme en pie sin ayuda. No hubiera sobrevivido a la postcesárea sin ella sentada junto a mi cama durante dos noches seguidas.

La abuela de Aranza ha estado al pendiente de cada cuestión que involucra a mi nena. Me da consejos, escribe correos y reenvía mensajes que pudieran sacarme de dudas. Con gusto pasa horas observando a mi baby dormir o lanzar grititos gracias a la magia de las videoconferencias.

La abuela de Aranza organizó nuestro baby shower. Trajo recuerditos para los juegos que organizó. A partir del nacimiento ha venido a León casi cada tres semanas, a veces sola y otras cuidando de Doña Lupe. 

Este será el primer cumpleaños que celebre con su ‘Godzuki’. En estos momentos ya llegó su transporte del DF, y no me queda más que apurarme con la edición del periódico para ir volando a casa y decirle:

Gracias por ser parte de la familia que siempre, siempre deseé.
 ¡FELICIDADES!!!

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